Rescatemos al Instituto Nacional

La opinión de….

.

Gilberto A. Pérez T.
.

Rescatemos al Instituto Nacional

.

“Los que construyen sobre ideas, construyen para la eternidad”, Emerson. Así sentencia el bronce del vestíbulo del otrora Nido de las Águilas y es que allí, hace muchos años nos educábamos, razonábamos y construíamos ideas, porque teníamos principios y valores,aspirábamos a tener un mejor país, por ello, nos esforzábamos en aprender para construir.

Mónica Brown pasó por esos salones, y pregunten en la Facultad de Medicina quién fue ella y cuánto y de qué calidad fue su aporte. A mediados de la década de 1960, cuando se necesitó que cinco estudiantes becados fueran a la Universidad de Monterrey a estudiar ingeniería eléctrica, porque no había quién enseñara esa materia en la Universidad de Panamá (entonces no existía la Universidad Tecnológica), pregunten quiénes se ganaron esas cinco becas.

No era un accidente que el mejor colegio secundario de la República de Panamá fuese el Instituto Nacional, es que entonces en la gran mayoría de los hogares panameños, aunque fueran muy humildes, había respeto y disciplina, y nuestros padres tenían sentido de responsabilidad, nuestros profesores eran verdaderos baluartes de las ciencias pedagógicas y el respeto y el aprecio que les teníamos se lo habían ganado por su solvencia moral y su entrega en las artes de la enseñanza. A nuestra alma máter iban de todos los estratos, de todos los niveles y de todas las provincias; allí íbamos los que queríamos empinarnos sobre la mediocridad y la ignorancia, los que teníamos sueños y queríamos surgir.

Cuando salíamos en manifestación, lo hacíamos por razones que tenían peso de problemas de Estado.   No nos cubríamos la cara –no teníamos vocación de delincuentes ni de terroristas–, mostrábamos el rostro y poníamos el pecho, porque salíamos en manifestación pacífica y porque cuando se tiene la razón, las piedras no son necesarias, si no pregúntenselo a Gandhi y a Luther King.   Caminábamos armados con la única roca que derriba cualquiera injusticia: el pabellón nacional, puesto que sentíamos los verdaderos problemas de la Nación y éramos sus principales defensores. El 9 de enero de 1964, es una prueba de ello.

Analicemos lo de ahora, puesto que lo que vimos en las noticias de la televisión no solo es aberrante sino que constituye la prueba fehaciente de que lo que era, ya no es y desde hace mucho tiempo. El otrora Nido de las Águilas se convirtió en guarida de talingos o gallinazos. Encapuchados, con máscaras de terror, al peor estilo delincuencial, hacían gala de lo único, que pareciera que saben hacer, lanzar piedras, cerrar la Avenida de los Mártires y destruir los salones, los laboratorios y todo lo que encuentran a su paso.

Todas las generaciones de los que por allí pasamos, con nuestra inercia y nuestro silencio, somos cómplices de la destrucción de la tradición y el orgullo institutor. Es hora de que acudamos al rescate de la casa que nos educó y nos permitió crecer.

El proceso de reingeniería tiene que ser total y estructural, desde la a hasta z y sin contemplaciones, porque grandes males ameritan soluciones drásticas. Si hay que cerrarlo por el resto del año, que así sea, porque ya se han dado situaciones similares en que los paliativos introducidos lo que han dado por resultado es aumentar el problema y acrecentar el caos y la mediocridad existentes. Si hay que trasladar a los que sí tienen deseos de graduarse y estudiar, el Ministerio de Educación tendrá que hacer la evaluación correspondiente, estudiante por estudiante y ofrecerles una alternativa viable de acuerdo a sus circunstancias particulares.

La educación de cada estudiante es sumamente onerosa para todos los que pagamos impuestos. Da la casualidad de que los que más hemos estudiado y más pagamos impuestos no mandamos a nuestros hijos a las escuelas públicas.   Realmente duele ver cómo se tira a la basura lo que aportamos, para que todos tengan la oportunidad de estudiar y surgir; no la aprovechan, por el contrario, se esmeran en no salir del círculo vicioso de la pobreza y la sinrazón. Cada día que se pierde al cometer actos como el que nos ocupa, no se recupera más. Lo que se deja de aprender en un día, que es la principal razón de cada estudiante, es una valiosa oportunidad desaprovechada.

Rescatar a la juventud y a los estudiantes es la responsabilidad y la labor del Gobierno y sus instituciones especializadas, pero rescatar al Instituto Nacional debe, en gran parte, ser la responsabilidad y la loable labor de todos los que allí aprendimos a soñar, a construir ideas y a dejar un legado para la posteridad, conjuntamente con el Ministerio de Educación.

En otros países los egresados donan edificios, laboratorios, equipos u otras cosas que benefician a los que vienen detrás de ellos.   Si tan solo recuperáramos para la educación nacional y para las generaciones futuras, el prestigio, la dignidad, la excelencia académica y la tradición de procurar ser el mejor plantel educativo secundario de Panamá, realmente estaríamos honrando el mensaje de Emerson y de las enseñanzas que recibimos de los profesores, que por seis años nos dieron generosamente gran parte de lo somos hoy.

.

<>
Publicado el 10 de octubre de 2009 en el diario La Prensa de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: