La larga noche del 11 de octubre

La opinión del Abogado y Embajador de Panamá ante la OEA…

GUILLERMO  COCHEZ

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La larga noche del 11 de octubre

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El ’68 fue un año de escarnio para la clase política panameña. Difícilmente en nuestra historia encontraremos campaña más sucia y corrupta que ésa. No se respetaba nada; todo se basó en insultos, calumnias, ataques de todo tipo.  Compra de votos, violencia, heridos, vandalismo, abuso de los recursos del Estado, caracterizaron la última batalla de los grupos liberales frente a las huestes que apoyaban a Arnulfo Arias Madrid.  Fui candidato por el Distrito Capital a concejal (hoy representante de corregimiento) por el PDC, así que fui testigo primario desde que violentaron el orden constitucional y me opuse a ellos desde el primer día.   Muchos lo hicieron después luego de sacarle mucho provecho a sus relaciones con los milicos.

Los golpistas esgrimieron para justificar su acción el desorden de los partidos y el caudillismo con que se manejaba la política, cuyo único norte era repartirse el pastel del Estado; decían querer adecentar la política y que los asuntos públicos fuesen manejados con transparencia.   Pretendían aislar a los grupos oligárquicos que desde la independencia patria se habían repartido el gobierno.

En los 21 años que duraron hicieron todo lo contrario: asesinar adversarios; cerrar diarios; robar como ningún gobierno lo había hecho antes; exilar a opositores como nunca se había hecho; ganar elecciones a punta de coacción y abuso de los recursos públicos y, sobre todo, fundamentar toda su accionar en un caudillo: Omar Torrijos, asesinado en el ‘81, y que reemplazado por Noriega en el ’84, llevaron el estandarte del régimen apoyados por su “ brazo político ”, el PRD, fundado en 1978 con fondos públicos, donde se obligó a los funcionarios públicos a inscribirse en él so pena de destitución.   Por muchos años las clases pudientes fueron el principal soporte de los militares.

Tanto Noriega como Torrijos dirigieron un gobierno despótico, basado en la fuerza y el abuso y financiando sus actividades con turbias actividades, como el lavado de dinero, el tráfico de drogas y seres humanos, lo cual sirvió para aceitar la maquinaria todopoderosa que se creyó era el PRD. Aunque algunos han querido diferenciar un militar del otro, la historia nos confirma que ambos estuvieron cortados con la misma tijera.   Lo única diferencia, quizás, fue que uno tenía mejor apariencia que el otro.

A 41 años de tan nefasto suceso nacional debemos preguntarnos ¿si los que lo apoyaron y lucraron de él, aprendieron la lección de que los asuntos públicos no se deben confundir con los privados y que la Patria está primero que cualquier otro interés? Mi rápida respuesta es un rotundo no.   Cada vez que han tenido la oportunidad de gobernar no han reflejado otra cosa que el seguir el proceso de enriquecimiento personal ilícito que caracterizó a los jefes de la Fuerza Pública y que parece ha sido la marca de fábrica de los jerarcas del PRD y de los que en el camino se les han unido.

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Publicado el 7 de octubre de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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