El mosquito y sus aliados

La opinión de….

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Emmanuel García Moreno

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El mosquito y sus aliados
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En los tiempos del canal Francés, el mosquito fue victorioso provocando la retirada de los franceses, que pretendían construir la anhelada vía interoceánica. Llegaron los gringos y combatieron al mosquito bajo la conducción del comandante Gorgas, utilizando todas las tácticas de combate efectivo: fumigación agresiva, uso masivo de mosquiteros y promoción de la salud a la población. El mosquito zumbador y asesino tuvo que batirse en retirada. Se fue el mosquito; quedó el Canal de Panamá.

Los norteños mantuvieron su plan de erradicación del mosquito todo el tiempo que ocuparon la antigua Zona del Canal, realizando fumigaciones periódicas y costosas.   Los panameños aprendimos a lidiar con este molesto insecto volador y también mantuvimos la fumigación de este lado del Canal. Se fueron los gringos; se acortaron los presupuestos nacionalistas para la fumigación. Regresó el mosquito.

Desde hace casi 20 años vengo escuchando que la responsabilidad de acabar con la proliferación del mosquito es de la población.   Pero el Ministerio de Salud no ha invertido lo suficiente en promoción de la salud, para concienciar a esa población, hoy, llamada irresponsable. También vengo escuchando a las máximas autoridades de Salud, en todo este tiempo transcurrido desde la vuelta del mosquito, que la fumigación no es efectiva porque solo mata al mosquito adulto y no a las larvas. El mosquito ha logrado sumar dos grandes aliados: la población indolente y al Ministerio de Salud.

En la semana epidemiológica 36, llevamos mil 190 casos de dengue comprobados, y un sinnúmero de casos no captados ni reportados; siete casos de dengue hemorrágico con cuatro tristes defunciones para un 58% de mortalidad, lo cual nos indica la alta letalidad de esta enfermedad. Todo parece indicar que estamos a las puertas de una terrible epidemia de dengue hemorrágico con consecuencias inimaginables en lo social y económico.

El mosquito irreverente ahuyentará las inversiones extranjeras, pondrá a los turistas en polvorosa, provocará viudas y huérfanos a montón, y hará de esta tierra istmeña el reino invencible del mosquito.   Y todo esto porque queremos ahorrarnos unos cuantos dólares en fumigación.

Dicen los entendidos que la fumigación solo mata al mosquito adulto y no a las larvas.  Bien.  Pero pienso: ¿las larvas no las ponen los adultos; no se transforman en mosquitos?  ¿Si mato a los adultos; no acabo con las larvas?  Si el mosquito tiene una vida de 30 días la hembra y 10 días el macho; en una fumigación sostenida: ¿no acabo en 10 días con el consorte masculino y disminuyo la fiesta conyugal?  ¿no produzco de inmediato una viudez generalizada de mosquitas?  Y posteriormente ¿no arraso sin contemplación con las viudas desconsoladas?  Sin mosquitos lujuriosos no hay larvas.

Hago un llamado al Ministerio de Salud para que desarrolle una campaña agresiva de promoción de la salud y de fumigación sostenida por 60 días; hagamos retroceder al mosquito envalentonado y protejamos nuestro patrimonio nacional más preciado: el ser humano. Será costoso, pero efectivo. Se irá el mosquito; quedará el país.

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Publicado el 5 de octubre de 2009 en el diario La Prensa a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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