Asunto de prioridades

La opinión de….


Maritza Lowinger

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Asunto de prioridades

Desde que uno es pequeño, le están inculcando el asunto este de las prioridades. A los tres años, tienes que escoger entre jugar o comer. ¡Jugar! ¡Jugar! Pero la madre abnegada te enseña que es más importante comer que jugar. Después de todo, si no comes y te alimentas bien no tienes las fuerzas para ir a jugar.

En la edad escolar, tienes que escoger entre jugar o estudiar. ¡Jugar! ¡Jugar! Pero la madre preocupada por tu futuro te convence de que primero debes estudiar y luego jugar.  Después de todo, si quieres tener un futuro en la vida, tienes que estudiar mucho y aprender muchas cosas nuevas para que te conviertas en una persona educada y culta.

Luego, al entrar al campo laboral vuelven a aparecer las prioridades. O trabajas o juegas. ¡Jugar! ¡Jugar! A menos que tu trabajo sí sea jugar (béisbol, fútbol, etc. lo que te da mucha plata si eres excelente en tu campo), lo único que te queda por hacer para sobrevivir honradamente es conseguir un buen trabajo.

Como no sólo de pan vive el hombre, y hay que conservar tu puesto, te esmeras en escoger bien tus prioridades.   Muchas veces encuentras tu escritorio lleno de “cosas por hacer”.  ¿Por cuál empezar?  Dilema, dilema.   Finalmente, gracias a la educación paterna y escolar, y de la vida que recibiste previamente, cuidadosamente analizas y ¡eureka! las reconoces con facilidad. El jefe te felicita y tú te sientes orgulloso de haber sabido escoger tus prioridades exitosamente.

Pero, cuando se entra en el mundo de la política, parece que la situación no es tan fácil y ¿qué pasa?  Se trastornan las prioridades.  Están el montón de cosas por hacer y ¿por cuál empezar?  Hay muchas maneras de saberlo: 1. Hacer tin marín de dos pingüé;   2. Preguntarle al jefe y desligar responsabilidades;    3. Tomar tu propia decisión.

Felicito muy efusivamente al nuevo gobierno porque desde que tomó posesión ha implementado programas de gran impacto y beneficio para el pueblo panameño.

Su interés en mejorar ciertas áreas como salud, educación, bienestar social y economía, entre otros, ha sido bien recibida por todos. Pero, les recuerdo que siempre tienen que pensar en las prioridades; o sea, “la anterioridad o precedencia de algo respecto de otra cosa que depende o procede de ello” (definición de la RAE).

¿Ejemplos? Para muestra, un botón. ¿Qué es más importante, darles libros escolares gratis a los niños que tienen que ir a una escuela sin baño, sin bancas, sin techo, sin maestras o arreglar las escuelas y conseguirles maestras para que puedan usar los libros escolares que le regalan?

Otro ejemplo: ¿Qué es primordial, darle 100 dólares a los mayores de 70 años que tienen que gastar su dinero en medicinas necesarias para sobrevivir porque en la Caja de Seguro Social brillan por su ausencia o abastecer al Seguro Social de estas medicinas tan necesarias y tan caras, para que los mayores de 70 años puedan gozar de un paseíto o de una salida a cenar con sus 100 dólares que reciben. !Prioridades!, señores gobernantes, ¡prioridades! Empiecen por escoger bien sus prioridades porque el pueblo los está mirando (cliché aburrido).

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Publicado el 27 de septiembre de 2009 en el diario LA PRENSA a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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