Jet presidencial, ¿quo vadis Sr. Martinelli?

La opinión de….

Desmond Harrington Shelton

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Jet presidencial, ¿quo vadis Sr. Martinelli?

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Por años, debido a la proximidad de mi petisa finca al Matadero Super 99 (La Soledad -Carretera Sur- Veraguas),  todo mi ganado se lo vendía al hoy Sr. Presidente y a su hermano menor Mario Martinelli.   Lo que más me impresionaba de este dúo no era el emporio que en corto tiempo montaron cuando solo era una sólida y rentable sedería, sino que era el buen equipo de trabajo que los rodeaba que lograba preservar aquel leviatán comercial de pie, mientras sus propietarios continuaban abriendo trocha para la empresa proseguir evolucionando.

Lamentablemente para el país,  veo que su “dream team” laboral no acompañará a don Ricardo a la Presidencia estos próximos cinco años.   De lo contrario ya le hubiesen dicho a lo mero macho que la tendencia mundial no es comprar jets privados sino compartirlo a lo “time share” vía empresas como NetJets.com que cuenta con un 80% del mercado (propiedad del evidentemente alquimista, archibillonario y mega filántropo, Warren Buffett).

Además, su “dream team” le hubiese recordado la trapeada que el Congreso de EE.UU. le dio ante la TV mundial a la Detroit automotriz en noviembre pasado, cuando su elite fue a mendigar subsidios federales. Los CEOs de Chrysler, Ford y GM arribaron la primera vez en flamantes jets privados a la capital norteamericana; la siguiente vez lo hicieron literalmente en “car pool” acompañados de sólidas propuestas de trabajo para merecerse el “toallón” solicitado.   El grueso de las corporaciones en el Primer Mundo están liquidando sus aereoflotas para entonces ir en esta dirección ya que a la larga  los costos fijos, variables y de mantenimiento, terminan eclipsando el precio original de la nave.

No hay que ser griego para entender el viejo adagio “barco en muelle no cobra flete”.   Todo propietario de avión te certificará que la mayoría del tiempo vida del activo el avión se la pasa en el hangar o en el taller mientras los costos fijos continúan avanzando fielmente como las manecillas de un buen reloj.   De estar el dinero rebasando el tope de nuestra cornucopia nacional, no cometamos el error como Nación que están cometiendo muchos de los países andinos, derrochando su transitorio superávit comprando activos inútiles tal como son los submarinos, jets, tanques, y fusiles, en vez de cumplir con sus promesas electorales eliminado la pobreza.

En fin, el Ricardo Martinelli que yo conocí años atrás en Soná, no necesita un avión de $15 millones para mejorar sus promesas electorales; con contadas excepciones (ejemplo: nombramientos diplomáticos y mazazos selectivos) su gestión no va mal para sus primeros 75 días desde que llegó al supuestamente saqueado Palacio de las Garzas.    Que permita a su “dream team” hacer los números sobre el propuesto jet y se lo demuestre, ya que evidentemente sus homólogos en el Gabinete actual no se atrevieron en el debido momento antes de madrugarnos la noticia de la posible e innecesaria compra.

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Publicado el 24 de septiembre de 2009 en el diario El Panamá América, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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