Achaques políticos

La opinión de

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Mario Velásquez Chizmar

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Achaques políticos
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Un pueblo con tantas necesidades, que recientemente se dejó seducir por cantos de sirena, en un ambiente de fiesta y libertad, como fue la campaña electoral, hoy no es permeable a denuncias de persecución política.   Menos cuando las víctimas tienen los rostros que nos llevaron a la derrota. Dicen apoyar cualquier investigación, y cuando son ellos los investigados, entonces lo que hay es persecución política. Este pueblo está harto de este discurso. Hay más de 600 mil almas dentro del PRD, que anhelamos retornar al poder en 2014, por lo que estamos muy interesados en que no nos confundan.

Cierto,  Martinelli quiere destruir al PRD.  ¿Debe sorprendernos?  ¡No! Sería otro error identificar las consecuencias de obrar irresponsablemente, con la notoria política gubernamental de hacer del PRD una oposición inofensiva.   Desde el poder, no pensaron en el futuro de los demás perredistas que defendemos la plena vigencia del estado de derecho y repudiamos los abusos y cualquier forma de corrupción, ya sea que se pueda probar o no. ¿Acaso el alcalde es políticamente inocente en el caso del cheque a su esposa, porque no se puede probar delito alguno?

Saquemos ventaja que el PRD fue el partido más votado (553 mil 974 votos, contra 509 mil 986 de CD y 293 mil 554 del panameñista), con mayoría de alcaldes (40 de 75) y representantes (324 de 621) y con la mayor cantidad de adherentes (621 mil 46 al 31/7/09 contra 245 mil 835 del panameñista y 126 mil 489 del CD).   Un partido con estas características no puede hundirse por unos cuantos dirigentes. En la actual coyuntura, mezclar ambas cosas constituiría una traición a este pueblo.

Esta Nación completó su soberanía gracias a la política que distingue al PRD.   Panamá creció, ingresó al concurso de naciones y nuestro pueblo empezó a saborear los beneficios del desarrollo, por la misma razón.   Los principios que guían al PRD lograron arrancarle el control gubernamental a los poderosos, pero los actuales timoneles del PRD no pudieron contener el retorno al poder de tales sectores.    Por eso su renovación, total y verdadera, tiene carácter histórico y reflejará si comprendimos o no que el torrijismo cambió; tal como se reconoció en el congreso extraordinario de 2001.

Desconcierta ver que los adalides del capitalismo salvaje encabecen la lucha porque la mayor carga impositiva la tengan quienes más ganan o que sean ellos los que impulsen hoy la negociación de tratados de doble tributación para combatir la fuga de capitales.   El PRD tiene la base, la práctica, los antecedentes y la infraestructura para materializar las aspiraciones populares del siglo XXI, pero con líderes renovados capaces de convencer al pueblo de que tenemos herramientas nuevas para una sociedad nueva.

Debemos preocuparnos más por armonizar nuestro discurso con los sentimientos y necesidades populares, que defender lo indefendible.   La unidad del PRD está en función de su renovación y no de un cese al fuego pactado entre quienes tienen las manos manchadas. No a los achaques políticos. A ejercitar nuestra masa muscular partidaria.

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Publicado el 19 de septiembre de 2009 en el diario La Prensa; a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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