La máquina del robo

La opinión de….

Carlos Guevara Mann

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La máquina del robo

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Dijo Ricardo Martinelli que la administración anterior, encabezada por el hijo del tirano, “era una máquina para hacer robos, de hacer atracos y sinvergüenzuras. Allí se han llevado todo. No se llevaron las garzas porque había unas que eran chillonas” (La Prensa, 29 de agosto).

La metáfora del Presidente ilustra a la perfección la naturaleza del PRD y trae a la memoria el análisis de la corrupción que, hace algunos años, hizo Ricardo Arias Calderón.

En aquel momento, Arias Calderón advirtió que sin los adecuados controles la corrupción de tipo “artesanal” que practicaban algunos integrantes del gobierno de la época podía elevarse a niveles “industriales”, como ocurrió durante la narcodictadura (Crítica Libre, 3 de agosto de 2000).

La corrupción industrial requiere de una maquinaria para el robo que es la que proporciona el PRD.

El mayor logro del “proceso” fue realizar en Panamá una revolución industrial, en lo que a corrupción respecta.  De la corrupción artesanal imperante en el antiguo régimen se pasó, en poco tiempo, a la corrupción industrial de Torrijos, Paredes y Noriega.

Ellos y sus adláteres diseñaron un sistema para el latrocinio y lo implementaron a gran escala.   Productos inolvidables que emanaron de aquella máquina del robo incluyen el escándalo del puente “Van Dam” sobre el Canal, de cuya fábrica no existió jamás el mínimo vestigio; el desfalco multimillonario de la Corporación Financiera Nacional (Cofina), que permitió a honorables empresarios amigos del tirano multiplicar sus fortunas; y –la joya de la corona– el atraco al Programa Colectivo de Viviendas, en que los cerebros del PRD despojaron a la Caja de Seguro Social de 100 millones de balboas.

En el camino, por supuesto, desviaron algunos cientos de miles hacia las arcas del PRD (porque además de “industriales” son “institucionales”: se preocupan por el mantenimiento y desarrollo del partido).   Aunque así lo denunció el entonces fiscal Carlos Cuestas, las investigaciones del Ministerio Público no condujeron a nada significativo.   Nadie resarció a la Caja de semejante despojo que operó directamente en contra del bienestar de los asegurados.

Por todo eso y mucho más son asombrosas las declaraciones de un ex presidente de la dictadura, quien habló en nombre del Centro Nacional de Competitividad.   Sentenció en días pasados el sujeto de marras que el esfuerzo para reducir o eliminar la corrupción debe ser “una prioridad”, por cuanto “la corrupción es el factor más problemático para hacer negocios en Panamá”, según el Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial (La Prensa, 9 de septiembre).

Ninguna credibilidad tendrán las gestiones del Centro Nacional de Competitividad para mejorar la transparencia en el país mientras siga dirigido por un individuo que aportó a la creación de la máquina del robo y la industrialización de la corrupción durante la narcodictadura de los militares y el PRD y –además– fue beneficiario del fraude electoral más escandaloso que registran los anales de la historia nacional.

Los aprendizajes delictivos adquiridos durante los 21 años de narcodictadura se aplicaron, posteriormente y a la perfección, durante la “torodictadura” y la “mogodictadura”.   Ya ha visto usted, en estos días, alarmantes noticias sobre el negociado de las tragamonedas y el sinfín de bellaquerías, en todas las dependencias del Estado, que se fraguaron durante el quinquenio del muñeco que pasea.

Hay que destruir la máquina del robo. Necesitamos para ello un Ministerio Público y un Órgano Judicial que funcionen adecuadamente.   Necesitamos jueces como los que hay en Costa Rica y Taiwan, a los que no les tiembla la mano para firmar sentencias condenatorias de ex jefes de Estado y su nefasta garulilla.

Necesitamos aumentar las penas por corrupción, hasta alcanzar, como en Taiwan, la cadena perpetua. Y necesitamos cárceles para recluir a los corruptos –sean del tipo artesanal o industrial– para que su reclusión sirva de escarmiento o, como les encanta decir a los economistas, “desincentivo” a la corrupción. De lo contrario, Panamá no avanzará. Que lo tengan muy claro el presidente Martinelli y sus colaboradores.

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Publicado el 16 de septiembre de  2009 en el diario La Prensa; a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.


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