Panamá: un país de superhumanos

La opinión de la Estudiante de Periodismo y Poetisa…
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Paola Brugiatti Goyez

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Panamá: un país de superhumanos

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Si hay algo que pocos panameños notamos de nuestra sociedad es su increíble capacidad de supervivencia.   Parece ser que la necesidad es la madre de todas nuestras actitudes, tanto así que aceptamos el mal por bien y el bien por caridad.

Es totalmente normal levantarse muy temprano, cuando la madrugada todavía es negra, caminar por algún sendero inhóspito, exponerse a todo tipo de amenazas, sólo para pagar por un transporte incómodo, sucio, insalubre, caracterizado por la enorme cordialidad y cuidado.   Oiga, ¡no sea ridículo!   ¿Qué pretende si esto es normal?   Ni hablar sobre el regreso a casa.   No les diga a sus hijos que lo espere.   Usted está destinado a permanecer en un bus por más de dos horas, vulnerable a tantos peligros. ¿Cuántas horas de su vida está perdiendo?   ¿Cuántas horas de su vida está deteriorando  ? “Y en cualquier momento, el bus puede incendiarse…”, es el pensamiento que podría pasar por su mente mientras viaja.

Hablemos de la salud de los panameños, porque si científicos hicieran un estudio de nuestra fortaleza física y mental; definitivamente, daríamos un gran aporte al mundo.   De aquí, podría ser posible exportar vacunas y la cura a muchísimas enfermedades.   Somos superhumanos: la gente enferma hace filas desde las cuatro de la mañana para ser atendidos.   ¿Se imagina usted con una terrible fatiga, fiebre y dolor, de pie en una aglomeración de personas en iguales o peores condiciones? ¡Pero si siempre ha sido así!, contestan muchos panameños.   Para colmo, “el remedio es peor que la enfermedad”.   Sobrevivimos a atentados contra la salud pública, como el suministro de medicamentos con componentes mortales, como el dietilenglicol.   Y aun observando el sufrimiento de víctimas, aceptamos el deber de las autoridades de dar una explicación, como una “ayuda”.

¿Qué nos han enseñado en la escuela?   A pensar que los gobiernos son asociaciones benéficas.   Parece ser que nuestra educación está hecha para hacernos creer que “las cosas son como son y qué más da”.   Si un día nos ponen a elegir entre caballos, cerdos y periquitos durante una campaña electoral, nuestra idiosincrasia nos obligaría votar por nuestro animal favorito, porque “no hay de otra”.

Panameño y panameña, no es un privilegio, ni un don, ni mucho menos una cualidad ser un superconformista. ¿Dónde está la calidad de vida que cada persona merece? ¿Acaso es “caridad”, el deber del Estado de cumplir con las necesidades de todo individuo?

A pesar de estas calumnias según las cuales cada día actuamos y vivimos, es posible enaltecer a los verdaderos superhumanos: aquellos panameños que, pese a todas las inclemencias y obstáculos a los que debe adaptarse, logran pasar tiempo con sus hijos; los panameños que te reciben con una sonrisa; aquellos que se destacan por su eficacia y puntualidad. Panameños que con valor intentan y nunca dejan de intentar superarse.

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Publicado el 15 de septiembre de 2009 en el diario El PanamáAmérica; a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
http://www.pa-digital.com.pa

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