Fantasmas de la justicia

La opinión del Abogado Laboralista….

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CARLOS AYALA M.

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Fantasmas de la justicia

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Desde hace ya varias décadas, el país viene reclamando a la administración de justicia agilidad, trasparencia y objetividad, para que la percepción de una justicia tardía, inadecuada y con sesgos de parcialidad a favor del poder (político o económico), se termine.

Hay que reconocer, sin embargo, que se han producido esfuerzos en los últimos diez años por modernizar con tecnología de punta la administración de justicia y últimamente se ha empezado a tocar (materialmente) el tema de la corrupción en el Órgano Judicial, todo ello en aras de mejorar la administración de justicia.    Sin embargo, la percepción ciudadana ha variado muy poco y en consecuencia, la mayoría de los gobernantes de los últimos 20 años no se ha preocupado por mejorar profunda y seriamente la administración de justicia.   Incluso los esfuerzos de organizaciones de la sociedad civil se han quedado en el seguimiento a la selección y nombramiento de los magistrados de la Corte, lo que es importante, pero no exclusivo en esta materia.

Cuarenta y siete juzgados, tribunales superiores o incluso salas de la Corte han sido creados mediante leyes que se encuentran vigentes, todos ellos con el ánimo de descargar la llamada mora judicial.   Entre esos tribunales podemos destacar la sala de casación laboral (Ley 49 del 2001); juzgados de libre competencia (Ley 29 de 1996); juzgados municipales, seccionales y Tribunal Superior de familia (Ley 3 de 1994); juzgados de circuito, de tierras (Ley 41 de 1998); juzgados penales y de cumplimiento de adolescentes (Ley 40 de 1999); juzgados laboral marítimos (Decreto Ejecutivo No. 8 de 1998); defensorías de oficio (Ley 31 de 1998); juzgados y defensorías de oficio de la comarca Ngöbe Bugle (Decreto Ejecutivo 194 de 1999), además de 28 juzgados creados mediante acuerdos del Pleno de la Corte en las jurisdicciones civil, penal, de familia y adolescentes, en las provincias de Panamá, Colón, Chiriquí, Bocas del Toro, Herrera y Veraguas.

Pero, ninguno de estos tribunales ha sido constituido materialmente, debido a la falta de presupuesto del Órgano Judicial, lo que no se justifica por falta de ingresos fiscales, sino por la ausencia de una verdadera voluntad de enseriar la justicia. Para los gobernantes es mejor tener un órgano judicial secuestrado en la cárcel de un presupuesto exiguo que garantizar su independencia.   De allí que el Pacto de Estado por la Justicia, ratificado por los acuerdos de Concertación Nacional para el Desarrollo,  sean letra muerta hasta la fecha.   El presupuesto del Órgano Judicial actual no llega ni al 1% del Presupuesto de la Nación, por lo que los esfuerzos por mejorarlo encuentran grandes limitaciones.


Hace falta que la sociedad se involucre en la obtención de una verdadera independencia judicial, garantizándole al Órgano Judicial autonomía presupuestaria, con vigilancia ciudadana y así dejar de aprobar leyes que solo prohíjan fantasmagóricos espectros de independencia judicial.

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Publicado el 15 de septiembre de 2009 en el diario La Estrella de Panamá; a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Dónde quedó el cambio?

La opinión del Ingeniero y analista político….

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MARIO A. ROGNONI

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¿Dónde quedó el cambio?

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Por un momento todos creímos realmente que había ganado el cambio. Los discursos de Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela en campaña, los eslóganes de campaña, la insistencia en promover que no habría más de lo mismo, aunque en el fondo veíamos las mismas caras de los veinte años de gobierno desde la invasión, se oía un discurso diferente.  Y si ganó el cambio, esperábamos el cambio.

.Pero el cambio duró muy poco, casi solo el período de transición hasta el 1 de julio, porque al iniciar el gobierno su gestión empezamos a ver los mismos síntomas y hechos.   El ministro de Gobierno y Justicia tiene la cuñada en la Subdirección de Aeronáutica,   un hermano embajador en Costa Rica, otros familiares nombrados y ya compró dos autos nuevos.   La ministra de Trabajo y Desarrollo Laboral tiene un hermano nombrado, un cuñado nombrado, otros familiares.   Y así otros ministros y directores. Dos ministros tienen hijos cónsules, otros hermanas y hermanos.

Mientras muchos esperaban ver un estudio y áudito de los contratos de Odebrecht, cuestionada la empresa por meses en campaña, el nuevo gobierno le firma una adenda al contrato de la cuestionada cinta costera para su extensión (sin licitación) y le refrenda un nuevo contrato por el saneamiento de la bahía. ¿Cambio?

Por otro lado, tras decir que se vendería el avión presidencial en campaña, advirtiendo que no necesitaría avión presidencial por tener uno propio, efectivamente ya en ejercicio se anuncia la venta del avión presidencial, pero para comprar uno nuevo y más caro. ¿Cambio?

Se adujo en campaña que el gobierno de Martín Torrijos Espino tenía excesiva planilla, contratos, botellas, que se haría un recorte significativo de gastos innecesarios para dedicar los fondos a obras sociales.   El nuevo presupuesto muestra, en cambio, más de 200 millones de balboas en aumento en gastos de funcionamiento. Cierto que se aumenta la inversión, pero el gobierno nos costará más operarlo.

La canasta básica iba a bajar, solo que 70 días después de instalado el nuevo gobierno, tanto el pollo, como los huevos y otros productos han subido, poco se ha visto en el marco de la rebaja esperada.

Por no decir nada de la seguridad, donde hemos visto un homicidio cada 12 horas, aumento en la violencia e inseguridad.   El cambio inclusive no ha tocado el tema de los viajes presidenciales, en solo 70 días el presidente ha viajado ya 4 veces al exterior y si de delegaciones hablamos el último incluyó una comitiva de 37 personas,  lo haya pagado quien haya sido.

El cambio también trajo un nuevo alcalde a la ciudad capital, alcalde que busca bajo el supuesto manto de conspiraciones del PRD contra él, disfrazar sus metidas de patas.   Pero el pueblo está claro en la diferencia entre su incompetencia hasta ahora y el profesionalismo que mostró siempre Juan Carlos Navarro.

El pueblo esperaba cambios, no nepotismo, no contrataciones directas, no licitaciones por mayor valor, no dilatación en corregir los males de inseguridad, costo de vida, más empleos.   Se esperaba una reforma fiscal que pusiera el “ flat tax ” y eliminara el CAIR, no una reforma inicial para poner más impuestos a la Zona Libre de Colón, Casinos, cigarrillos e inmuebles.

El cambio no era, cambiar nombres y números de cédula, era simplemente cumplir las promesas de campaña.

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Publicado el 15 de septiembre de 2009 en el diario La Estrella de Panamá; a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Panamá: un país de superhumanos

La opinión de la Estudiante de Periodismo y Poetisa…
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Paola Brugiatti Goyez

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Panamá: un país de superhumanos

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Si hay algo que pocos panameños notamos de nuestra sociedad es su increíble capacidad de supervivencia.   Parece ser que la necesidad es la madre de todas nuestras actitudes, tanto así que aceptamos el mal por bien y el bien por caridad.

Es totalmente normal levantarse muy temprano, cuando la madrugada todavía es negra, caminar por algún sendero inhóspito, exponerse a todo tipo de amenazas, sólo para pagar por un transporte incómodo, sucio, insalubre, caracterizado por la enorme cordialidad y cuidado.   Oiga, ¡no sea ridículo!   ¿Qué pretende si esto es normal?   Ni hablar sobre el regreso a casa.   No les diga a sus hijos que lo espere.   Usted está destinado a permanecer en un bus por más de dos horas, vulnerable a tantos peligros. ¿Cuántas horas de su vida está perdiendo?   ¿Cuántas horas de su vida está deteriorando  ? “Y en cualquier momento, el bus puede incendiarse…”, es el pensamiento que podría pasar por su mente mientras viaja.

Hablemos de la salud de los panameños, porque si científicos hicieran un estudio de nuestra fortaleza física y mental; definitivamente, daríamos un gran aporte al mundo.   De aquí, podría ser posible exportar vacunas y la cura a muchísimas enfermedades.   Somos superhumanos: la gente enferma hace filas desde las cuatro de la mañana para ser atendidos.   ¿Se imagina usted con una terrible fatiga, fiebre y dolor, de pie en una aglomeración de personas en iguales o peores condiciones? ¡Pero si siempre ha sido así!, contestan muchos panameños.   Para colmo, “el remedio es peor que la enfermedad”.   Sobrevivimos a atentados contra la salud pública, como el suministro de medicamentos con componentes mortales, como el dietilenglicol.   Y aun observando el sufrimiento de víctimas, aceptamos el deber de las autoridades de dar una explicación, como una “ayuda”.

¿Qué nos han enseñado en la escuela?   A pensar que los gobiernos son asociaciones benéficas.   Parece ser que nuestra educación está hecha para hacernos creer que “las cosas son como son y qué más da”.   Si un día nos ponen a elegir entre caballos, cerdos y periquitos durante una campaña electoral, nuestra idiosincrasia nos obligaría votar por nuestro animal favorito, porque “no hay de otra”.

Panameño y panameña, no es un privilegio, ni un don, ni mucho menos una cualidad ser un superconformista. ¿Dónde está la calidad de vida que cada persona merece? ¿Acaso es “caridad”, el deber del Estado de cumplir con las necesidades de todo individuo?

A pesar de estas calumnias según las cuales cada día actuamos y vivimos, es posible enaltecer a los verdaderos superhumanos: aquellos panameños que, pese a todas las inclemencias y obstáculos a los que debe adaptarse, logran pasar tiempo con sus hijos; los panameños que te reciben con una sonrisa; aquellos que se destacan por su eficacia y puntualidad. Panameños que con valor intentan y nunca dejan de intentar superarse.

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Publicado el 15 de septiembre de 2009 en el diario El PanamáAmérica; a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Ignorancia municipal

La opinión del Abogado….

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Luis Carlos Guerra.

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Ignorancia municipal

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El disentir con respecto a las apreciaciones, razones, juicios de valor, ideas, formas y modos de conducción, no implica algún tipo de animadversión hacia quien sustente con firmeza su pensamiento o acción.

Más allá de los principios formales de la democracia, un elemento consustancial al modo de vivirla es la tolerancia, que se traduce en el debido respeto hacia las opiniones o prácticas de los demás, y a su vez en el derecho que se tiene a disentir de las mismas cuando no se está de acuerdo con ellas.

El actual alcalde capitalino Bosco Vallarino pareciera no tolerar las críticas, razonables, que se le hacen en atención a la pobre gestión que realiza, caracterizada por la improvisación, la mediocre argumentación de su regente para justificar el desconocimiento, y por su fuera poco, las ridículas adecuaciones en cada una de sus actuaciones públicas, donde al parecer todo lo que presume investigar o lo que le pasa es culpa del PRD.

Es lamentable que una comuna capitalina, antecedida por administraciones, que con sus aciertos y carencias, proyectaron una institucionalidad de autoridad y respeto, sea desacreditada por la imagen bochornosa, leguleya, de quien prometió en su campaña tener la mejor opción o venderse como la mejor propuesta administrativa para dicha entidad.


Resulta vergonzoso presumir que el señor Bosco adolece de una lógica de sentido común, y ello a sus continuas declaraciones y actuaciones desde la campaña política, para excusar la probada improcedencia legal de su candidatura, para argüir acusaciones dudosas contra las demás opciones y evidenciar una carencia general de ciencia y cultura política al no visualizar el impacto de sus expresiones como sujeto público.

Todavía restan días de mandato municipal, razone y administre con precaución, los simples errores se convierten en desaciertos dolosos, que son examinados por un jurado de conciencia político y social, que no tiene a su favor ni en su alianza.

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Publicado el 15 de septiembre de 2009 en el diario El PanamáAmérica; a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El PRD

La opinión del político y empresario….

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Samuel Lewis Galindo

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El PRD

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El Partido Revolucionario Democrático (PRD), con más de medio millón de adherentes y que en las pasadas elecciones obtuvo otros tantos de miles de votos, tiene todo el derecho y más la obligación de activarse con fuerza en la vida política del país.   Debemos recordar que los partidos políticos constituyen la esencia del sistema democrático de Panamá o de cualquiera otra nación.

Con motivos de sus luchas internas, producto de distintas razones, este partido que debía ser un factor de balance frente al Gobierno, no está haciendo eso.   El interés de algunos de “lavar los platos en casa” no ha tenido éxito, pues la disputa interna ha traspasado a la opinión pública.

El equilibrio, en un país que cree en el sistema político democrático, requiere de una oposición seria y responsable, lamentablemente esto no sucede.

Este es un país increíble, ningún funcionario público, en muchos años, aquellos que el léxico popular llama “cocotudo”, han cometido un delito. Esto constituye un récord mundial.   Esa impunidad existente colmó la paciencia del pueblo que, con sus votos y presiones, ha llevado al gobierno nacional a iniciar investigaciones para determinar los delitos que se hayan podido cometer.   Por supuesto, que no debe tratarse de una “cacería de brujas”, sino actos de clara corrupción y que se den a todos los sindicados plenas garantías de un proceso judicial justo.   No debe quedar la menor duda, en esas acusaciones, de que se trata de una persecución política, sino de un combate directo a la corrupción.   Nada indica hasta ahora que ese sea el caso.   La separación de los poderes se ha respetado.   Las informaciones periodísticas sobre algunos escándalos no pueden, ni deben interpretarse como acciones del gobierno.   Aquí, afortunadamente, tenemos plena libertad de expresión y estamos seguros ningún medio serio permitirá intervenciones en sus políticas.

No se puede, en el caso específico del PRD, culpar a ese partido, como institución, de los actos indebidos que pudiera cometer algunos de sus miembros abusando de la confianza y oportunidad que el partido les dio para trabajar por el país y no para delinquir.   En el PRD hay muchos miembros honorables y dignos del respeto colectivo; por supuesto que también las hay “ovejas negras” y no son pocas.   Es saludable que el PRD supere sus profundas diferencias internas y pueda jugar el papel que le corresponde en una sociedad con profundas convicciones democráticas.

El país y el propio gobierno ganarían mucho si existe una oposición que controle cualquier exceso que él cometa ahora y en el futuro cualquier otro gobierno.

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Publicado el 15 de septiembre de 2009 en el diario El PanamáAmérica; a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Gobernabilidad e institucionalidad

La opinión del político independiente…. .

Juan Manuel Castulovich

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Gobernabilidad e institucionalidad

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Para la mayoría de nuestros políticos, la gobernabilidad es sinónimo de control, desde la presidencia de la República, de los otros órganos del Estado. Y si así la entienden, no debe sorprender que la ciudadanía piense de igual manera. Esa es una prueba patente de la falta de liderazgos políticos competentes que padecemos. Los partidos políticos panameños, poco o nada hacen para cumplir su obligación, impuesta por mandato constitucional, de ser “instrumentos fundamentales para la participación política”. Tampoco, como les impone la Constitución, “concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular”.

Que los partidos políticos son, precisamente la antípoda de lo que prescribe la Constitución es más que evidente; lo grave es que a pesar de su pobrísima contribución a la creación de una verdadera cultura democrática, se les siga privilegiando con ventajas y prebendas como los insultantes y multimillonarios subsidios electorales, que son una burla a la miseria que padecen centenares de miles de nuestros compatriotas.

La distorsión y peor entendimiento de lo que es la gobernabilidad comienza por el papel que a los partidos les corresponde desempeñar. Para quienes los constituyen y controlan, ellos son, primordialmente, instrumentos para alcanzar el poder y repartirlo entre quienes los dirigen. Y por actuar motivados por esa mentalidad, su visión del país, de su futuro y de las instituciones públicas, es igualmente limitada.

Para abonar a mi argumento, basta el caso de la Asamblea Nacional. De allí están supuestas a salir las leyes, estudiadas y bien pensadas que contribuyan al fortalecimiento de la institucionalidad democrática y a la buena marcha del país. Pero lo que hemos vivido desde el retorno formal, que no real, a la democracia es, precisamente, lo contrario. Y por las primeras actuaciones de la nueva asamblea, hay pocas esperanzas de que allí llegue el prometido cambio.

El país, para superar el subdesarrollo, requiere de profundos cambios institucionales.   Pero éstos no parecen estar en los planes de los nuevos gobernantes.   La administración pública, limitándola para estos efectos a los ministerios y las entidades autónomas, debe ser objeto de un serio estudio para evaluar su funcionamiento y reformarla.   En vez de contraerla, que sería lo recomendable, la administración crece como un frondoso árbol y no para buscar más eficiencia sino para darle cupo a los integrantes del bando ganador.

La Asamblea Nacional, tiene dos funciones fundamentales: crear las leyes que necesita el país y ser el contrapeso político del Órgano Ejecutivo, mediante el ejercicio de la función fiscalizadora.   Pero en lugar de cumplirlas, ni avanza en las reformas que rumbosamente prometió su presidente y sigue empantanada en rumbos erráticos y en disputas pedestres, que desdicen de sus funciones y de la misión superior que debe cumplir.

Gobernar no es solamente anunciar o tomar medidas que en un momento puedan incrementar la popularidad de los gobernantes; también es reformar, crear o eliminar las instituciones, para que mejor sirvan a los intereses del país.   De lo primero, ya hemos visto ejemplos; de lo segundo, muy poco o nada.   La gobernabilidad se consigue cuando las instituciones de un país, cada una en el ámbito de su competencia, cumple con eficacia sus funciones.   Entenderlo de otra manera no es consistente con la democracia.

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Publicado el 15 de septiembre de 2009 en el diario El PanamáAmérica; a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Los primeros cinco asaltos del alcalde

La opinión de….

Luis Roberto Pinedo

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Los primeros cinco asaltos del alcalde
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Todos los panameños estamos bien claritos en lo que quiso decir nuestro Presidente de la República, cuando en su campaña política hizo el comentario de que su equipo de trabajo podía equivocarse al tomar una decisión, pero que no toleraría que se cometieran actos de corrupción.

Sin embargo, creo que el alcalde Bosco Ricardo Vallarino se tomó muy en serio estas palabras y en estos 50 días de su gestión, al frente de la Alcaldía, está contra las cuerdas en los primeros cinco asaltos de este combate. Veamos asalto por asalto.

El primer asalto lo perdió cuando negó su nacionalidad estadounidense.

En el segundo, se le convirtieron la piernas de trapo cuando manifestó que los carnavales podían celebrarse en la cinta costera y, de paso, colocar una enorme pantalla gigante en dicho lugar.

En el tercer asalto le dio la “tirinana” cuando invitó a nuestro Presidente para que fuera testigo de un allanamiento en un burdel en el corregimiento de San Francisco.

En el cuarto asalto casi se cae cuando ordenó y firmó el cheque por 4 mil dólares para que su esposa se fuera de viaje a Taiwan, como si fuera funcionaria pública.   La Contraloría General lo salvó de que no fuera noqueado.

En el quinto asalto se fue contra las cuerdas cuando declaró que las FARC tienen sus manos metidas en Panamá.

Todas estas situaciones nos hacen pensar si elegimos bien al alcalde para que, en este quinquenio, se ocupe a tiempo completo de los innumerables problemas que existen en la capital y que están ahí pendiente por resolver.

Está el problema de la basura, de las vallas publicitarias que afean toda la ciudad, de la falta de estacionamientos públicos, el mantenimiento de los parques, la falta de planificación urbanística, los excesivos ruidos urbanos, etc., etc. Estoy convencido de que todos estos problemas no se resuelven “bailando alrededor del ring”, sino enfrentándolos.

La gobernadora, como jefa del alcalde, debe jugar un papel importante en este combate que se está iniciando; tiene la experiencia necesaria para convencerlo de que se está equivocando en el patrón de pelea.   Todos los boxeadores cogen un segundo aire y van cambiando la apreciación de los jueces (el pueblo) cuando siguen los consejos de sus esquinas (asesores) y le ganan la pelea a los problemas.  Al final, el vicepresidente (su apoderado) se lo agradecerá.

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Publicado el 15 de septiembre de 2009 en el diario La Prensa; a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.