Relaciones Públicas, ¿profesión etérea?

La opinión de la periodista y relacionista pública….

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EVA E. MONTILLA

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Relaciones Públicas, ¿profesión etérea?


Durante los años que llevo en el ejercicio de las Relaciones Públicas, han sido innumerables las ocasiones en que me ha surgido la interrogante: “¿esta profesión es realmente un concepto etéreo?”.   Mi apreciación se basa en el poco sentido, en la licencia característica del mundo laboral en cuanto al uso de este nombre para designar cualquier actividad en la que exista un interminable nexo entre los diversos públicos, pero, especialmente, de las fórmulas utilizadas para seleccionar a quienes ejercen la actividad, conozcan o no de su implicancia.

Las Relaciones Públicas representan el mecanismo para que propios y extraños relacionen a la institución, empresa, persona u organización, con la esencia correcta, desvinculada de cualquier estilo propagandístico que lleve a la opinión pública a aceptar algo, pese a no ser verdadero, o sea, una especie de dosis de maquillaje sobre la acción. Luego de estas consideraciones muy particulares, aterrizo en la interrogante y la traslado a la objetividad del mercado panameño, con sus oportunidades, y en el fundamento histórico que data de 1970, el inicio de la preparación de profesionales de las Relaciones Públicas en la Universidad de Panamá.   A pesar de, es notable la existencia de una distorsión para identificar al auténtico o auténtica conocedora de esta disciplina, por lo tanto, es fácil observar a la audacia personificada que ejerce sin siquiera saber el significado de la labor a su cargo.

El propósito de estas reflexiones no es la búsqueda o el desenmascaramiento de intrusos o intrusas, es únicamente valorar la profesión y contribuir a elevarla al sitial al cual está destinada, su razón de ser: asesorar a las altas esferas de la empresa, institución, organización y/o persona, en lo relativo a la comunicación interna y externa, con énfasis en el factor comprensión, por parte de esas instancias, para que sepan cuándo y en qué forma se transmite un mensaje, de tal manera de mantener el más alto grado de confianza de los diferentes públicos.

No podemos olvidar que el ejercicio de las Relaciones Públicas requiere de la actualización constante, la competitividad, de una mente dispuesta a evolucionar y a enfrentar los retos, singularmente con una profunda convicción de la ética. El profesional no debe anteponer los fines de la empresa, institución, organización y/o persona a los valores y a las normas morales.   El recorrido a veces está plagado de los antivalores, de allí que la capacidad para discernir es una de las grandes virtudes de un o una relacionista pública.

La modernidad nos ha arrastrado a escenarios fabulosos, como lo es el uso de la tecnología como la herramienta ideal para una efectiva práctica de esta profesión, aún así es imprescindible conservar la claridad en las acciones y tener presente que ese trabajo lleva implícito el hecho de contribuir en la transformación social, por tanto es una responsabilidad de proyección inconmensurable.   Los retos van implícitos en la formación de la gente de comunicación social, y se les considera como una magnífica motivación para no quedar en el rezago.

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Publicado el 11 de septiembre de 2009 en el diario La Estrella de Panamá; a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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