Los neofariseos del ambientalismo II

La opinión de…


Carlos E. Salazar M.
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Los neofariseos del ambientalismo II

Panamá es un país bendecido, tenemos, por encima de todas las cosas un excelente recurso humano, claro que siempre existen excepciones a la regla. Pero entre nuestra situación geográfica, nuestra historia, corta pero rica, desde la Castilla del Oro hasta la convivencia con los hermanos colombianos y luego la presencia de los norteamericanos, sazonados con la sabiduría china, india, indígena, hebrea, árabe, italiana, griega, en fin, construimos un gran país.

Seguimos construyéndolo, con un desarrollo integral, en el que no se puede desperdiciar nada de nuestros recursos, grandes, aunque en un limitado territorio.   Por esto crecemos hacia arriba, así, vemos cada vez más rascacielos, también construirán un metro, completamente divorciado de las inseguridades de los precios del petróleo, por eso pugnamos por una rebaja en los productos de la canasta básica, para lo cual, deberemos ahorrar en costos de energía, con el uso de nuestro recurso hídrico, el mismo que nos permite tener por casi un siglo de funcionamiento, nada menos que un canal de agua, que consume agua.

Todo este auge, que nos convierte en un país de verdad, con mejoramiento de la calidad de vida para todos los panameños y decimos para todos, porque no le podemos negar el derecho a recibir educación a aquellos niños que por la providencia, nacen en áreas de difícil acceso y por eso no tienen escuelas, por aquellos panameños que por vivir en áreas montañosas, no cuentan con servicios elementales de salud, siendo que solamente los visitan para adoctrinarlos ideológica o religiosamente, para sumirlos más y más en la pobreza y la ignorancia(los dos principales problemas ambientales de Panamá), porque en Panamá el que no tiene carreteras ni caminos de penetración, a muy poco podrá aspirar para sí mismo y para sus generaciones futuras; pero nadie se acuerda de ellos para implementar programas ni proyectos de desarrollo, de producción de transición hacia una mejor calidad de vida.

Si seguimos prestándole atención a estos neofariseos del ambientalismo, o como los denominó el veterano periodista Juan Carlos Tapia, falsos ecologistas, apoyados por algunos “periodistas ignorantes”, la frase también es del señor Tapia, continuaremos registrando un producto interno bruto, sin la capacidad de afrontar todas las necesidades, por la necedad de sabotear cuanto proyecto desarrollista se proponga; ahora resulta que pagan en cadenas de los Estados Unidos para que les transmitan cómicos documentales en donde hacen extensa gala de su ignorancia en temas, que por más que se les haya explicado, se niegan a escuchar y por ende a comprender en su justa magnitud, pero tratar con fanáticos es una tarea titánica.

Salen diciendo en arengas de tipo universitaria sobre miles y millones de hectáreas otorgadas en concesiones, sin aclarar la diferencia Exploración y Explotación mineral.  Una plastiquita gritando a los canadienses, que se vayan a construir minas a Canadá, asegurando que aquí en Panamá ya se han contaminado los ríos y la fauna y la flora.   Sí, los ríos se han contaminado, pero ni uno solo es por consecuencia de la industria minera, sino, recorran todos los ríos de las ciudades de Panamá, Colón y David, y ya no solamente estas principales ciudades del país, hoy se le suman hasta las más pequeñas poblaciones, como consecuencia principalmente del avance de la frontera agrícola y el desmedido uso de productos agroquímicos, de libre venta en Panamá.

Grita un calvito en el infame documental, que hemos deforestado y contaminado los ríos, allí están todos los análisis de agua de la ANAM, el MICI y el laboratorio Industrial, S.A., que constantemente monitorean las fuentes de agua de los alrededores de los proyectos, dando siempre como resultados, cifras que están muy por debajo, de los límites permisibles, por eso es que en sus argumentos especulativos, nunca citan ni muestran datos comprobables, datos científicos y no esotéricos, ni santeros, ni “palomayomberos”, Datos Científicos, Comprobables.

Por último se afirma que en efecto existe un contrato ley, una ley de la república y que la Corte Suprema de Justicia ha sido consecuente, al decir que hay que cumplir la normativa ambiental, “Bravo”, si la normativa ambiental, está claramente expresada en la misma ley que constituye el contrato ley. El Estado de Derecho se impone y los mamotretos y los documentales baratos que insisten en compararnos con La Oroya (entre a La Oroya en Google), cuando a nosotros no nos interesan los concentrados sucios de metales pesados, La Oroya es una Planta Metalúrgica y no una mina de oro ni de ninguna otra clase, es una fundición.

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Publicado el 9 de septiembre de  2009 en el diario El Panamá América ; a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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