A mi tío Ricardo…

A MI TIO RICARDO

Ricardo A. Morales


Por: Juan Ramón Morales

Ha trascendido la dimensión terrena,

El espíritu jovial de un hombre bueno,

De un hombre cuya lucha en la colmena,

Ha dejado un camino de bondades lleno.

Ese camino que recorrió grandilocuente,

Con ejemplos de estoicismo singular,

La parca lo  ha arrancado y hoy doliente,

Nos deja el corazón para llorar.

Y ese llanto de tristeza y de congoja,

Que nos tiene el corazón contrito,

Es porque la vida se  deshoja,

Y quiero escribirlo en el  granito.

Cuan quisiera poder alcanzar,

Las tantas cosas hermosas y bellas,

Y que para poderlo encontrar,

Sigamos con placer tus huellas.

Yo se que te fuiste con dolor,

Porque amabas la vida y con razón.

Cada una de tus hijas, una flor,

Y tu nieta sin duda, tu pasión.

Motivo suficiente y  poderoso,

Para amar la vida y aferrarte a ella,

Pero, tu vuelo final, algo glorioso,

Te llevará a ser su  nueva estrella.

Y cuando salgamos por la noche,

Miraremos al cielo para  buscarte en él,

la más reluciente, como un derroche

de luz infinita, diremos el tío, es aquel.

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Enviado directamente por el autor, a quien reconocemos todos los derechos que le corresponden.

Al terminar el día

Al terminar el día…

Las opinión del Empresario….

Juan Ramón Morales

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Cuando finalizó el día electoral del 3 de mayo, invadieron mi mente recuerdos históricos leídos del siglo XIX, en donde los odios se enraizaron en las conciencias de los hombres. Bastaba ser liberal o conservador para que surgiera una muralla imperdonable entre familias. Ese odio trascendió los límites del siglo XIX e invadió con igual ferocidad al menos los primeros 40 años del siglo XX.

No fue hasta cuando apareció en Colombia aquel gran repúblico, el Dr. Alberto Lleras Camargo, quien propusiera con visión de águila un programa de 16 años de alternancia en el poder, con gobiernos coaligados para hacer desaparecer aquella aberración odiosa que llevaba inmerso el pueblo colombiano en su fuero interno.   El plan dio resultado, los colombianos después de esa tregua visionaria han dejado los odios, viviendo hermanados con una nueva visión de seres que abandonaron el camino de la animalidad, renaciendo en ellos sentimientos de verdaderos hombres inspirados en la doctrina de Cristo.  Por desventura aquel esfuerzo se perdió debido a otros apátridas sentimientos, las narcoguerrillas.

La pasada campaña electoral puso de manifiesto que los panameños estamos a un paso de esa animalidad que lleva latente en su interior el hombre. Dos procesos, el del Dr. Ernesto Pérez Balladares y el de Martín Torrijos Espino, transcurrieron con relativa normalidad en razón de que ninguno de los dos despertó situaciones de rechazo ni de recuerdos profundos por los daños y estragos ocasionados por la dictadura, u otros personeros en particular.

Ernesto Pérez Balladares fue cuidadoso al momento de nombrar su gabinete, por lo que no trajo a la memoria de los panameños los aciagos momentos de la dictadura.

Martín Torrijos Espino, por el contrario, fue torpe, pensó que al haber obtenido un buen respaldo en las urnas, recibía con ello poder suficiente para nombrar en su gabinete figuras de la dictadura con escabroso pasado: Balbina Herrera, Daniel Delgado Diamante, Benjamín Colamarco entre otros.

Tres figuras implicadas en acciones y hechos punibles durante la dictadura. Finalmente, la última torpeza de Martín Torrijos Espino alcanzó extremos de brutalidad política al aupar la candidatura de una de las figuras más reprochables de la dictadura.

La candidatura de Balbina Herrera al traer episodios de violencia, atropellos, saqueos, retrotrajo a la memoria de los panameños hechos que nos demuestran que si el PRD no impone los correctivos necesarios para bien de la sociedad panameña, llegaremos a extremos de odios como los vividos en Colombia citados en este artículo, que urge erradicar.

Por el bien de los panameños, por el futuro de nuestra patria herida,  por el bien de ese partido, es imperioso que erradiquen el cáncer que carcome los cimientos de ese colectivo político.

Panamá no puede sumirse en el odio que produce la presencia de muchas de esas figuras vinculadas a hechos deplorables, de odios, atropellos y corrupción, que permanecen inmersos en sus conciencias, hechos de los que no se desprenderán jamás porque forma parte de ellos mismos.

Esas figuras nefastas deben ser aisladas, sin más oportunidades electorales o Panamá se verá llena de odios profundos jamás existidos en más de una centuria de vida republicana. Así son las cosas.

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Publicado el 4 de septiembre de  2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde

Apuesta por la cultura de la legalidad

Apuesta por la cultura de la legalidad

La opinión de…

Severino Mejía

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Panamá es un país con muchas leyes, sin embargo hay una costumbre generalizada de evadirlas o incumplirlas.  El ejemplo más palpable lo vemos en el Reglamento de Tránsito.  A diario se viola, no importa si son peatones, conductores particulares o del transporte público.

La cultura de la legalidad es la aceptación jurídica y moral de las leyes, previamente escritas y aceptadas, por la sociedad en un documento oficial. Al no existir una cultura de la legalidad, entonces, es fácil deducir que las acciones criminales serían una constante, donde el imperio de la ley estaría ausente.

Si queremos combatir el crimen, debemos empezar a fortalecer la cultura de la legalidad, empezando desde la edad más temprana. La educación sería el facilitador para ir fomentando el respeto a las leyes de tal forma que los operadores de justicia y las autoridades no se vean forzados a reprimir para exigir el cumplimiento de la misma. En la medida que inculquemos a nuestros jóvenes el significado de un estado de derecho, que lo diferencia de un gobierno autoritario, crearemos personas respetuosas de las leyes. Si bien es cierto que la lucha contra el incremento de la criminalidad en Panamá lo lleva como punta de lanza las acciones de la Policía Nacional, debemos también fortalecer los aspectos regulatorios, la impartición de justicia y la educación.

Panamá debe aprender de experiencias de otros países para aplicarlas en nuestra sociedad, con la participación ciudadana que es parte fundamental. Si los enfoques regulatorios van acompañados de una cultura o política que apoye el estado de derecho, sería un golpe de timón con resultados visibles. El que violenta la ley no solo sería señalado por las normas regulatorias sino también por la sociedad.

En nuestro país se ha empezado con la fuerza pública, que como autoridad de cumplimiento de la Ley debe seguir a cabalidad con el mandato constitucional de proteger la vida, bienes y honra de todos los asociados. Pero esto no basta. Todos, sin excepción, debemos ser parte de esta transformación. Una sociedad bien preparada sobre la cultura de la legalidad llevará a un Estado a reducir costos en la inversión de sistemas penitenciarios o sistema masivos de impartición de justicia o penal.

Ahora, ¿es posible cambiar nuestra cultura? Claro que sí, ha funcionado en regiones tan disímiles que no veo por qué no pueda funcionar en Panamá. Sí, puede ser posible y quizás en un periodo de tiempo corto. Lo importante es arrancar.

La idea no es que el Gobierno imponga la ley sino que la sociedad simpatice con la observancia de la ley, más cuando ella participa en la elaboración e implementación de la misma. En la medida que la cultura de la legalidad se afinque en la mente del panameño, así mismo también vamos fortaleciendo el Estado de derecho.

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Publicado el 4 de septiembre de  2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde

El derecho de los fundadores

El derecho de los fundadores

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La opinión del Ingeniero…

Carlos Eduardo Galán Ponce

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Ese pedazo de mi provincia llamado Boquete, es producto del tesón y el esfuerzo de hombres y mujeres de diferentes culturas que vinieron hace más de cien años, de todos los confines del universo.

Llegaron atraídos por el clima placentero de la región, su tranquilidad, su exuberante vegetación, sus montañas y paisajes, las cristalinas aguas de sus ríos, la fertilidad de unos suelos que esperaban ansiosos la mano que los hiciera producir.

Fueron cautivados por sus bellezas naturales y el amistoso recibimiento de aquellos que los habían precedido y que por los escasos medios de comunicación de la época, habían llevado lentamente al mundo la grata noticia de la existencia de este paraíso.

Y hubo un denominador común que los caracterizó a todos; vinieron a trabajar, a formar una familia, a utilizar su ingenio para hacer la vida más llevadera y más factible el procesamiento de los productos de la tierra. Especialmente el beneficio de los granos de café.

Domaron las laderas, construyeron caminos rudimentarios, cultivaron la tierra, talaron los árboles necesarios para construir viviendas y almacenes y encauzaron las corrientes de agua para obtener de ellas la energía para cubrir las necesidades del entorno, guardando el debido respeto por todos los recursos naturales de la región. Trajeron y plantaron árboles de especies exóticas que hoy se yerguen centenarios en mayor número de los que derribaron para subsistir. Aquí habían encontrado su hogar y llevados por ese cariño que el ser humano consciente brinda a su entorno, conservaron el encanto que los había atraído y que los hizo quedarse aquí para siempre.

Sería interminable tratar de hacer mención de los apellidos de aquellos pioneros y siempre quedarían faltando demasiados. Para saber de ellos, tendríamos que referirnos la excelente obra de Milagros Sánchez Pinzón, Boquete, Rasgos de su Historia.

Pero como hoy parece que el oro se ha convertido en el Dios que priva sobre todos los demás valores, este hermoso lugar no ha escapado a los efectos de ese materialismo insensible. Al contrario. Fue descubierto por “inversionistas”, como sitio fácil de trastornar, con regulaciones benévolas, diseñadas por foráneos y poco preparadas para lidiar con invasiones masivas. Y habitantes sencillos a quienes les fue fácil seducir para que entregaran sus tierras a cambio de monedas en cantidades que fueron una tentación irresistible, pero que cada día que pasa representan menos.

Ya a muchos no les quedan ni tierras ni monedas. Los pobladores originales, muchos de una vida modesta y una formación sencilla, que con orgullo traspasaron por generaciones sus tierras a sus descendientes para verlos seguir viviendo en el sitio que cuidaron y que los vio crecer, hoy las ven convertidas en un frío objeto de subasta internacional, muy lejos del alcance de los suyos. Las manos curtidas por la intemperie de aquellos colonizadores han sido desplazadas por otras especializadas en contar dinero.

Y además, rostros totalmente ajenos al área, aprovechan sus facilidades de comunicación para, en un monólogo distorsionado, despreciar y lanzar términos ofensivos contra aquellos que salen a defender, por considerarlo correcto y sin ningún interés oscuro ni comercial, los recursos naturales que Dios tuvo a bien plantar en esta provincia.

Hay que haber vivido aquí para conocer los orígenes autóctonos de las personas que con grandes sacrificios lideran actualmente los movimientos ecologistas de esta provincia. Verdaderos y verdaderas chiricanas, nacidos en esta tierra, producto de hogares de pioneros de esta hermosa región, a quienes nadie les puede disputar su derecho de opinar sobre el tema. Cualquiera puede discrepar, emitir conceptos diferentes, aunque errados, pero se debe tener la suficiente educación para hacerlo sin recurrir a la ofensa personal.

Es más fácil decir “sí” que decir “no”.  En lo alto de una montaña en la antigua Yugoslavia, hay pintado un enorme “no”, que lo renuevan constantemente.   Es el recuerdo eterno a toda una población que durante la II Guerra Mundial, supo decirle “no” al invasor, a pesar de todos los sufrimientos a que fueron sometidos.

No sé qué sería del planeta si bajo una interpretación caprichosa del término “desarrollo”, se permitiera a empresarios insaciables, para quienes todo el dinero del mundo no les sería suficiente, disponer de los recursos naturales como su botín particular, especialmente en países más débiles, sin que los pobladores originales, salieran a defenderlos.

Especialmente de extraños, que, con una golosa complicidad local, vienen a llevarse todo lo que vale algo, dejando atrás sus residuos tóxicos y la devastación de una tierra y de ríos por los que no sienten el menor apego, porque sencillamente, no los une a ellos ningún sentimiento humano.

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Publicado el 4 de septiembre de  2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde

¿Delincuencia juvenil o infanto juvenil?

¿Delincuencia juvenil o infanto juvenil?

La opinión de….

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Carmen Antony


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Frente al nuevo proyecto de modificación para rebajar la edad de la responsabilidad penal de los menores infractores debiéramos, como ciudadanos responsables, detenernos a reflexionar sobre las aristas que tiene esta situación en la sociedad actual.

Hace 10 años que viene modificando progresivamente la Ley 40, so pretexto de disminuir la llamada delincuencia juvenil aumentando las penas para estas personas, dejando a un lado un enfoque integral de este problema. Innumerables preguntas sobre el particular nos nacen alrededor de la propuesta última (¿será la última o terminaremos fijando la edad de responsabilidad penal a los 10 años?).

Primero: nos gustaría informarnos sobre las estadísticas que avalan estas proposiciones represivas, porque según las estadísticas recogidas sólo 0.05% de este tramo de edad ha incurrido en estas conductas. Entonces ¿se justifica dicho proyecto?

Segundo: ¿Se ha tomado en cuenta la capacidad física, psicológica, social cultural de estas personas menores de edad? ¿Cuáles son los estudios que avalan esta propuesta? ¿Se han analizado los factores criminógenos de este tipo de delincuencia? Nos referimos a aquellos que provienen del entorno familiar y microsocial, a la situación de marginalidad urbana, al hacinamiento y promiscuidad en que viven, al abuso físico, sexual, económico que han sufrido por la negligencia parental, al mundo delincuencial del entorno (alcoholismo, drogas, prostitución), a la pérdida de los valores morales y religiosos. ¿Qué hace el Estado al respecto? ¿Qué política integral se tiene frente a tan doloroso problema? ¿Es acaso el internamiento la respuesta? ¿Encerrar a estos menores es una medida que signifique eliminar las causas del problema y no el síntoma del mismo?

El proyecto en referencia se distancia, además, de los principios de proporcionalidad, culpabilidad y de igualdad, conforme a los cuales la respuesta al delito debe ser proporcional a la lesividad de la conducta y a la culpabilidad del autor por el hecho, debiendo ser la misma para diversos autores con igual grado de culpabilidad por el mismo injusto penal, con independencia de las cualidades adscritas a los sujetos (situación socioeconómica y supuesta peligrosidad, etc.).

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Publicado el 4 de septiembre de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde

Se abren las cloacas del poder

Se abren las cloacas del poder

La opinión de I. Roberto Eisenmann, Jr.

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Leer los diarios con detenimiento en los últimos dos meses realmente va impactando cuando se ve cómo se va forzando la apertura de las tapas de hierro de las cloacas del poder.

La Corte Suprema de Justicia había cerrado (sí, cerrado) el caso insigne de la corrupción donde estaban involucrados el partido de gobierno de ese entonces (Panameñista) y el partido de supuesta oposición (PRD), empresarios importantes, el Órgano Legislativo (casi en su totalidad), el Órgano Ejecutivo y el Órgano Judicial.

Entra el nuevo gobierno Martinelli y, con un recorderis de que tiene 40 de los 42 votos necesarios (los otros dos se lograrán ligerito) para juzgar a magistrados en la Asamblea,  la Corte se reversa y abre el CEMIS … sólo para demorar ahora el método de la investigación; o se investigan ellos mismos o lo hace la Procuradora (quien en cinco años no lleva ni un condenado de leva, y parece estar desaprovechando la oportunidad de oro que se le presenta para salvar su gestión).   Lo cierto es que ya todo el país sabe que la repartidera vulgar de billetes incluye a un ex Presidente de la República, a una ex candidata a la Presidencia de la República y a toda la cúpula de un partido que el período pasado conquistó el poder con su eslogan “Cero Corrupción”.

Luego, por razones de lucha intestina, otro ex Presidente (“el Pueblo al Poder”) envía a la procuradora cintas magnetofónicas y videos que ha tenido guardados desde hace siete años … ¿por qué? … sólo Dios sabe.   La Estrella de Panamá publicó las transcripciones (lectura obligada), lo que nos permite conocer de primera mano las cloacas del poder.   El idioma soez es tan solo para enmarcar el entorno de la cloaca.   La pelea por presidencias de comisiones, no por los formales sobresueldos, sino por “los mameyes” que producen para empujar y aprobar proyectos del interés de algún otro miembro (público o privado) de su cloaca hedionda, donde todo se vende y todos tienen su precio.

Entonces La Prensa publica los resultados de una larga investigación y nos enteramos cómo otros dos ex Presidentes y algunos de sus ministros se auto asignaron unas concesiones de salas de juego sin pagar ni un centavo al Estado, y sin licitación.  Al salir la primera publicación se dio la corredera: el ex ministro primero dijo “yo no tengo nada que ver con eso” y, al día siguiente, “sólo yo y el yerno somos los accionistas”… y entonces, ante la prueba de que los dineros producto del “negocio” iban a cuentas de sociedades controladas por el ex Presidente, reitera la mentira de que eso era de su amigo y su yerno, que era un mal negocio, y que el hecho de que los dineros fueran a una cuenta donde sólo él y su secretaria firmaban y que su avión y su yate fueran favorecidos, no probaba que el asunto era de él … y luego –para multiplicar sus errores– envía a La Prensa una amenaza: “me cobraré por el daño que me han hecho”.

¿En qué quedamos? … si no es suyo, ¿cómo le hizo daño?  La matemática es así: si el negocio de uno de los ex Presidentes producía $19 millones al año y los españoles se llevaban 75% (o $14.250 millones), la utilidad del combo de ese ex Presidente era de cerca de casi cinco millones, o sea $400,000 al mes (¡sí, $400,000 al mes!).   Dicho en otra forma, los pobres de Panamá (porque todas las salas de juego están en sectores populares) contribuían con un “ex” y su combo, con cerca de medio millón de dólares … ¡mensuales! … Se destapa otra de las hediondas cloacas del poder.  Hoy los contrincantes (entre sí) del PRD, todos habitantes de la hedionda cloaca, se pelean entre ellos mismos, acusándose mutuamente de que uno robó más que el otro.

Como lo escribió Mario Vargas Llosa, pareciera que para estas personas “la idea del poder es como una fuente natural del mal”.

Esto, como ha repetido una y otra vez el nuevo presidente, Martinelli, “no puede ser”. Ya en este país la justicia tiene que freír a un pez grande para que de verdad se produzca el anhelado cambio por el que votó el 60% de la población. Hay que limpiar las vulgarmente millonarias cloacas del poder. Se tiene que acabar el “y aquí no pasa nada”; o actúan con firmeza la Procuradora, la Corte y el Ejecutivo, o enfrentarán la indignación y la ira ciudadanas. Parece que el presidente Martinelli y su ministro de Economía, Alberto Vallarino, conectaron con la ciudadanía, lo tienen claro … y están cumpliendo con firmeza con lo prometido al electorado.

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Publicado el 4 de septiembre de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde