Lecciones escondidas en Cabo Verde

Lecciones escondidas en Cabo Verde

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La opinión del periodista…

ALEXIS CHARRIS P.

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Las murallas del “Coloso de Cabo Verde” nos hablan del Panamá que alguien soñó una vez.  Era la época del repunte modernista. Fuerzas hegemónicas, para entonces envueltas en el preámbulo de un enfrentamiento entre sí, buscaban en la arquitectura una forma de expresión ideológica.

Esos eran los días en los que se construyó el primer Estadio Nacional que tuvo nuestra ciudad.   Se escogieron unos terrenos fuera de la ciudad de aquel entonces.  Al límite de la Zona del Canal. El país apenas tenía unos 20 años, se escogió para inaugurarlo la celebración de los IV Juegos Centroamericanos y del Caribe en 1938.

La idea seguramente era poner a la joven nación istmeña en el panorama regional.  El presidente de la República era Juan Demóstenes Arosemena, un notable servidor público, incluido en la breve lista de estadistas ilustres que han llegado a nuestro solio presidencial.

Así en febrero del 38 arrancó su reinado el que fuera el emperador de los parques deportivos por 60 años.  Un año después con la muerte del presidente Arosemena, el estadio adquirió su nombre.   Sin embargo, la sabiduría popular y suspicaz ingenio de la cultura criolla le bautizó como “el Coloso de Cabo Verde”.

Ahí comenzó la era del “ Juandemóstenes ”, un concepto nuevo.  Con el paso del tiempo el estadio adquirió identidad propia y su nombre mutó en una sola palabra que hablaba de las ventana principal para el deporte.

La época de oro del béisbol profesional entre 1946 y 1970, se vio en el estadio, los héroes del torneo aficionado creado por los militares tenían su arena en ese parque.   Incluso Ismael Laguna, el primero de nuestros gladiadores contemporáneos, conquistó allí un título mundial de boxeo.

El “ Juandemóstenes ”, cubrió de gloria ese rincón de Cabo Verde y a su alrededor la incapacidad de nuestra sociedad de brindar a los más necesitados una oportunidad y hacer valer la equidad, se encargó de rodearlo de miseria.

En el corazón de Curundú estaba el estadio, le circundaron bolsones de pobreza y con ellos el área se tornó “ zona roja ”, aún así Cabo Verde era escenas de una cita obligada con el béisbol nacional cada año hasta hace una década.

Pariente cercano del gran Estadio Olímpico de Berlín que acogió las olimpiadas de 1936,  el Estadio Nacional Juan Demóstenes Arosemena, a diferencia de estructuras de su misma edad, sucumbió ante el paso del tiempo.  Pero más que eso, ante el ataque de la desidia, el acoso de la marginalidad y de la violencia.

En 2004 la Asamblea Nacional lo declaró patrimonio histórico, aunque el esfuerzo quedó en una suerte de limbo, sus estructuras aún de pie son un monumento a nuestra incapacidad de preservar la historia y lo fácil que dejamos escapar nuestra identidad.

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Publicado el 2 de septiembre de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde .

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