El último de los hermanos Kennedy

El último de los hermanos Kennedy


La opinión de ….

Betty Brannan Jaén

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La muerte de Edward Ted Kennedy me ha entristecido más de lo que hubiera podido anticipar, y no soy la única que ha reaccionado así. Todo Boston y el resto de Massachusetts está de luto por la perdida de su “león” en el Senado, y gran parte del resto de país también. Me siento parte bostoniana porque nací allí, y allí hice todos mis estudios de universidad y posgrado, pero eso no es lo que ha motivado la tristeza que siento. No se trata de un compartir geográfico sino de un compartir ideológico, porque Ted Kennedy fue por décadas el más elocuente y comprometido defensor de los ideales liberales que admiro, como sus hermanos John (JFK) y Robert (Bobby) lo fueron en su momento.

Ya sé que muchos me hablarán de su conducta indefendible en el escándalo de Chappaquidick, de como lo expulsaron de Harvard por hacer trampa en un examen, y otros episodios sórdidos en la vida de Ted Kennedy. Todo eso es cierto. Pero cada año adicional de vida –ya llevo 61– me está reafirmando la lección de que uno tiene que distinguir entre la vida personal de un político y su vida pública. Si tengo que escoger entre flaquencias, prefiero la dupleta de “santo en lo público en lo privado” a lo inverso.

Además, tengo muy presente que la familia Kennedy sufrió tragedias inimaginables, que Ted cargó sobre sus hombros por décadas y que toda la familia afrontó con una elegancia estoica. Admiro eso muchísimo.

De allí en adelante, como todos los noticieros internacionales han enfatizado, Ted se convirtió en defensor incansable de los humildes. Admiré su cualidad de noblesse oblige (nobleza obliga) y admiré también su elocuente oposición a la guerra en Irak.

Pero los noticieros extranjeros no han señalado que Ted Kennedy también fue buen amigo de Panamá. El viernes contacté a Juan Sosa, embajador en Washington durante la lucha contra el noriegato, para preguntarle del tema. “Definitivamente Ted Kennedy se merece todas las alabanzas. Además de su gran influencia en el Senado y sobre todas las administraciones de su tiempo, siempre actuó de una forma ecuánime y con don de gente. Él y su staff, incluyendo a Greg Craig, no solamente apoyaron la causa de la democracia de Panamá sino que demostraron ese fervor a través de toda Latinoamérica, sobre todo en la época de gobiernos militares”, dijo Sosa. (El Craig a quien Sosa se refiere fue luego cabildero por Panamá y abogado de Ernesto Pérez Balladares y Pedro Miguel González; ahora es asesor del presidente Barack Obama). Ted se había hecho amigo de Gabriel Lewis Galindo cuando éste fue negociador de los tratados canaleros y embajador en Washington. María Mercedes de la G. de Corró, quien acaba de escribir una biografía de Lewis Galindo titulada Hasta la última gota, me confirmó que la ratificación de los Tratados Torrijos–Carter “contó con el apoyo decidido de Ted Kennedy”.

La amistad se reanudó cuando Lewis Galindo regresó a Washington en 1987, como “adalid de la lucha contra el régimen de Manuel Antonio Noriega”, señaló De Corró.  Kennedy y el senador ultraderechista Jesse Helms –quienes se detestaban al punto que “no podían estar juntos en la misma habitación”, según una fuente en la obra– trabajaron juntos para que el Senado emitiera una resolución exigiendo que Noriega dejara el poder.

Los cables de la época agregan que cuando otro senador opinó que la resolución no debería mencionar por nombre a Noriega, Kennedy respondió que hablar de Panamá sin mencionar a Noriega “sería como hablar del Polo Norte sin mencionar el hielo y la nieve”.

Así era Ted Kennedy. La resolución –aprobada 84 a 2– fue el principio del fin para Noriega. Éste intentó reunir material para chantajear a Ted, pero no tuvo éxito con esa táctica. De sus imperfecciones ya no había más nada que decir.
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Publicado el 30 de agosto de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde

Una burla al pueblo y al Estado panameño

Una burla al pueblo y al Estado panameño

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La opinión de…

Eduardo Esquivel R.

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El cuento chino de que “la empresa no ha tenido utilidades”, que muchas empresas privatizadas y concesiones estatales alegan para no pagar los dividendos correspondientes o no cumplir con lo establecido en los contratos, lo vemos con frecuencia. Y es que hay en juego tantos cientos de millones de dólares, que se utilizan a funcionarios corruptos para permitir y aceptar tecnicismos y maniobras truculentas, con el fin de no pagar lo que se debe.

Vemos que las empresas concesionarias de los “corredores” alegan que están ganando muy poco o hasta que tienen pérdidas; cosa extraña por ser uno de los peajes más altos de la región. Las auditorías hechas por ellos mismos y aceptadas por la Contraloría indican esto. Y por eso, se tienen que quedar por varias décadas más, sin pagar un centavo al Estado.

Me han causado bastante indignación las declaraciones del gerente general de la Panamá Ports Co., alegando que la empresa que opera los puertos de Balboa y Cristóbal desde 1997, no ha pagado al Estado las utilidades correspondientes al 10% de las acciones que este posee, porque en 12 años de operar “la empresa no ha obtenido dividendos”. Estas cínicas declaraciones no las ha creído nadie.

¿Cómo es posible que una empresa portuaria que tiene 12 años de estar moviendo carga, en forma casi monopólica, diga que no tiene ganancias? Si es así, ¿por qué no se declara en quiebra? ¿Quién es el representante del Estado en la junta directiva de PPC? El problema es que las autoridades, en este caso la AMP, encargadas de auditar y fiscalizar estas empresas, misteriosamente hacen auditos que siempre están de acuerdo con lo que dice la empresa, cosa que huele muy mal.El Estado debe arreglar este asunto de evidente corrupción y malos manejos, hacer auditorías independientes, con auditores profesionales y honestos, y hacer que estas empresas paguen lo que corresponde por ley. Nadie va a creer que estas empresas y concesionarias están trabajando hace décadas en Panamá ad honórem, sin tener ganancias.

A los funcionarios que se prestan para permitir estas componendas se les debe aplicar la ley.
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Publicado el 30 de agosto de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde

Se llevaron el mar…

Se llevaron el mar…

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La opinión del médico…

Daniel R Pichel

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Hace un par de años, desde el balcón de mi casa se veía el mar. Si bien no era como en Copacabana, era un detalle simpático poder asomarse al balcón y ver en el horizonte la bahía de Panamá.  Desgraciadamente, por codicia, falta de planificación urbana y “decisiones ministeriales” lo único que puedo ver ahora es una colección de moles de concreto multicolores.

En Panamá a quienes defienden el medio ambiente se les considera “estorbos al desarrollo”, mientras que se dan permisos a diestro y siniestro para llenar áreas residenciales de adefesios de concreto y vidrio que tienen, como único objetivo, sacar más dinero en menos metros.

Me gustaría saber qué harán ahora que la CSJ declaró ilegal la medida que permitió construir edificios de más de 15 pisos en San Francisco.  El gran problema es que las consecuencias de semejante decisión son muy difíciles de corregir una vez los proyectos han sido ocupados.  Si se quieren evitar estos abusos, es imprescindible buscar soluciones ejemplares para que, en el futuro, los dueños de estos proyectos piensen mejor antes de modificar una norma para su beneficio. Se me ocurre que a las empresas que desarrollaron proyectos “ilegales” se les obligue a reducir el número de pisos “en exceso” en otros proyectos que estén desarrollando, así, 20 pisos más en San Francisco, significarían 20 pisos menos en Costa del Este.

Además, tendrían que devolver el dinero a quienes hayan comprado los pisos. A los corredores de bienes raíces que hayan vendido propiedades ilegales deberían ponerles multas acordes al valor de la propiedad que vendieron.  Esto, obligaría a todos los actores del “sector de los bienes raíces”, a tener cuidado de qué hacen y qué venden.

Aclaro… antes que algún leguleyo salga a patalear por el párrafo anterior, estoy consciente que estas cosas no se podrán implementar basado en quien sabe cuántos artículos de quien sabe cuántas leyes creadas para proteger a quien sabe cuántos sinvergüenzas. Pero, mientras no se tomen medidas drásticas, seguirán destruyendo la ciudad.

Nuestro país tiene que hacer algo para solucionar sus problemas urbanos, respetando la naturaleza. Esta semana, estuve en una “consulta popular” sobre un proyecto que busca remozar la Vía Argentina. Fue una presentación bien preparada y muy profesional donde nos expusieron problemas y potenciales soluciones. En primera instancia, parece bueno (aunque me hubiera gustado escuchar más detalles sobre cómo resolver los problemas de alcantarillado y acueducto). Ahora, siendo Panamá un país tan surrealista, las suspicacias son inevitables. No me convenció la “razón” de hacer ese pedacito de proyecto (que sería el inicio de un plan maestro de modificación vial y de infraestructura), porque “se cuentan con fondos del Prodec” que, en resumen, hay que gastárselos… Se pretenden adoquinar las aceras y parte de las isletas centrales (las que hoy se usan de estacionamiento para bares y restaurantes). En ese espacio, se podrían instalar quioscos (para venta de periódicos, etc.) negociando algunos centímetros cuadrados que hoy representan una “pérdida de recursos” para el corregimiento. Espero no pretendan que esas nuevas “instalaciones comerciales” requieran permisos aprobados por nuestro representante de corregimiento (por quien, de paso, voté el 3 de mayo). Habrá que estar pendientes en qué queda todo esto… no vaya a ser que una propuesta que en principio parece sonar bien termine siendo una fuente de negociados.

Lo otro, es que los panameños tenemos una obsesión con los puestos ambulantes. Me comentaron (yo no lo he visto) que en la cinta costera ya proliferan ventas de artesanías, frituras, refrescos, raspaos y carne en palito… Solo falta una sucursal del Pub Herrerano y que permitan poner publicidad.   Si fuera ese el caso, imagínense lo que será ese lugar para las próximas elecciones con fotografías de cuanto desconocido pretenda llegar a un cargo de elección para que también les toque “su pedazo de pastel”… En fin, ¡un desastre! …
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Publicado el 30 de agosto de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde

Desatino fusionar cultura y turismo

Desatino fusionar cultura y turismo

La opinión del laureado escritor…

Enrique Jaramillo Levi

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En un programa televisivo, el 20 de junio pasado, el entonces presidente electo Ricardo Martinelli –a pregunta del profesor Edwin Cabrera sobre el apoyo que se daría a la cultura– dijo por primera vez, y como de paso –sin que ninguno de sus interlocutores le pidiera sustentar el tema ni lo objetara como algo alarmante, ya que de inmediato pasaron a otro asunto– que pensaba fusionar al Inac con la Autoridad Nacional de Turismo. Ese rumor ya circulaba, pero hasta entonces nadie parecía “pararle bola”. Gravísimo error.

Lo es, tanto el hecho en sí como el no darle la debida importancia a este gran desatino en ciernes.  Lo sabemos todas las personas en Panamá que desde hace muchos años nos dedicamos de una u otra forma a ejercer, profesional o empíricamente, alguna de las muchas y variadas manifestaciones de la cultura, o a la difícil labor de promocionarla en un país anclado en el comercio y los servicios, con un Estado tradicionalmente indiferente a la cultura y al arte.

Si en un artículo anterior, publicado en La Prensa en tiempos de la campaña política, propuse la necesidad de crear un Ministerio de Cultura, ahora que se ha confirmado la intención de llevar a cabo esta idea tan dañina para el desarrollo de la cultura en nuestro país he quedado, además de angustiado, preocupadísimo.

Es evidente que los que abogan por la idea de fusionar al Inac con la Autoridad Nacional de Turismo piensan que la cultura es básicamente espectáculo, y una serie de monumentos históricos, museos, y folclore y, por tanto, buscan la manera de añadir nuevos itinerarios de interés a la curiosidad de los turistas.   Lograr que éstos se interesen en realizar tales visitas adicionales a lugares de esa índole estaría muy bien, por supuesto.

Pero ni la cultura es solo la suma de esos aspectos puntuales, ni se requiere para ofrecérselos a los turistas empobrecer más aún los escuálidos dineros asignados al Inac, complicar su burocracia y, obviamente, castrar administrativamente su capacidad de iniciativa y operatividad eficaz al volverse subsidiaria de una instancia de mayor interés gubernamental: el desarrollo del turismo.

Porque eso es exactamente lo que ocurrirá. La cultura se volverá totalmente dependiente del turismo, en lugar de ser una actividad autónoma, pro-activa e independiente, dotada de los fondos necesarios para un desarrollo óptimo, como solo ocurriría mediante la creación de un auténtico Ministerio de Cultura, como existe en casi cualquier otro país que se respete, hasta en los más pobres.

A principios de los 70 del siglo pasado, se realizó un experimento similar, de ingrato recuerdo por sus magros frutos culturales. Un buen día –mal día, en realidad- se fusionó cultura con deportes en un adefesio que llamaron Incude.

En la práctica, deportes se tragó casi por completo a cultura, en todo sentido: en lo administrativo, en el apoyo económico y en la imagen promocional que se proyectaba ante la ciudadanía. Y por supuesto, en todos los órdenes de su actividad creativa los artistas –pintores, teatristas, músicos, escritores, bailarines, cantantes, fotógrafos, así como historiadores, antropólogos e investigadores en todas las ramas de la cultura y el arte– salieron seriamente disminuidos de esa infausta experiencia.

Intentar ahora mezclar de otra manera peras con manzanas, no producirá más que híbridos inoperantes para el desarrollo cultural de la nación.

El turismo, además de promover y dar a conocer ampliamente a nuestro país dejando ganancias importantes a muchos sectores de la economía nacional, es una actividad que no requiere muletas para desarrollarse más y subsistir: se basta a sí mismo si está bien organizado.

La cultura también debe permanecer autónoma y reforzarse con inteligencia y buenos administradores y gestores: para ello requiere respirar sola, sin aditamentos postizos, generada desde las entrañas mismas de la sociedad, pero canalizada por el intelecto y el talento creativo.

Invito a mis colegas escritores, a los demás artistas, a los promotores culturales, y en general a todas las personas comprometidas con las actividades del intelecto y el espíritu, para que aunemos filas en contra de esta medida inconsulta.

Fusionar cultura con turismo es una nefasta espada de Damocles que se cierne sobre el desarrollo integral de la cultura, y de paso sobre el país todo, cuya implementación no hará más que disminuirnos y mimetizarnos con la dañina imagen de un Panamá siempre mercantilizado, utilitario, negativamente pragmático, sumiéndonos en un creciente ostracismo cultural propio de épocas culturalmente mucho menos avanzadas que la que permite y merece el momento actual y el futuro de la nación.

Lo que debe hacerse es fortalecer generosamente desde el actual Inac todos los aspectos teóricos y operativos de la creatividad, así como los mecanismos más idóneos de su promoción, con miras a la fundación, a mediano plazo, de un ente que tenga voz y voto en el Gabinete, y que por supuesto cuente con fondos adecuados para poder funcionar más allá del simple pago de sueldos y el mantenimiento de monumentos y museos, como hasta ahora ha sido.

Llámese Autoridad Nacional de Cultura o algo similar, con miras a un futuro Ministerio de Cultura (hasta países pobrísimos como Haití tienen un ministerio de esta jerarquía), tal entidad debe contribuir a preservar, fortalecer y desarrollar decididamente la identidad nacional, la cultura popular y las artes en todas sus manifestaciones para bien de la Nación panameña.

Y los artistas y promotores culturales debemos unirnos decididamente para defender esta posición, que no puede ser negociable, como no podría serlo jamás la existencia y defensa de nuestras raíces y proyección espiritual e intelectual como nación.

Y la actual directora del Inac, una reconocida artista, debe ser la primera en defender valiente y decididamente esta causa, sin eufemismos de ningún tipo.

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Publicado el 29 de agosto de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde

¿Transformación curricular o mental?

¿Transformación curricular o mental?


La opinión de….

Manuel Gaspar Vega Zúñiga

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En los últimos meses se ha hablado mucho de la transformación curricular, como fórmula para mejorar la educación. Se plantea ampliar las horas de clases a 50 minutos y reforzar la enseñanza de la matemática y el español. Otro ingrediente de esta fórmula transformadora es la reducción de asignaturas y la eliminación de una gran cantidad de bachilleratos. Sin embargo, el problema educativo es mucho más complejo que extender horarios o reducir asignaturas, pues dentro de la comunidad educativa debe existir un cambio de actitud, en el cual todos los sectores se incluyan en el mejoramiento de la educación. La mayoría delestudiantado tiene apatía por la enseñanza y muchos sólo estudian para pasar no para aprender, esto se debe al gran número de elementos de distracción en nuestra sociedad.

Cuando digo que todos los sectores se deben inmiscuir en el problema, incluyo a los medios de comunicación televisivos y escritos, puesto que son los más críticos y es poco lo que hacen para que haya un cambio de actitud en la juventud; ya que su programación se enmarca en la presentación de telenovelas, programas que incitan a la violencia y, en algunos casos, a la pornografía. Asimismo, los medios escritos están más preocupados por titulares que exalten la violencia o lapolitiquería.

Es injusto comparar la educación oficial con la privada, porque la segunda cuenta con todos los medios: infraestructura apropiada, mobiliario escolar, acondicionadores de aire, y la mayoría de los padres tienen los recursos para dotar a sus hijos con útiles escolares requeridos; mientras que la oficial en muchos casos cuenta con aulas inadecuadas, con altas temperaturas y grupos de 35 y hasta 40 estudiantes.

La transformación que debe darse en nuestra educación es mental y eso no sólo se logra con cambios curriculares, para ello hay que mejorar las condiciones de vida de los sectores marginales y de la urbe, reducir la violencia intrafamiliar, así como los problemas de drogas que aquejan a nuestra juventud.

En esta crisis ético-social, el problema educativo no sólo debe enmarcarse en tener como producto final un ser listo para insertarse en el mercado laboral o con grandes conocimientos científicos, también debemos luchar para lograr un joven con una sólida formación humanista, respetuoso de las leyes y valores morales que tanta falta hacen en nuestra sociedad.
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Publicado el 29 de agosto de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde

Nuevo sistema acusatorio en el limbo

Nuevo sistema acusatorio en el limbo

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La opinión de…

Damarys Itzel Caballero de Almengor

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La implementación del sistema acusatorio garantista se ha visto nuevamente amenazada. Y es que ya no solo se quiere introducir en algunas partes del territorio nacional, (aplicándolo gradualmente, solo en determinados distritos judiciales, práctica ya caída en desuso), sino que ahora se pretende prorrogar su entrada en vigencia.El Código Procesal Penal panameño realizó los cambios de manera escalonada y por fases, para implementar el sistema acusatorio desde el mes de septiembre de 2009, con base en el sistema de gradualidad, argumentando la falta de recursos presupuestarios para ponerlo en marcha en todo el país.

Ahora se ha presentado a la Asamblea Nacional un Proyecto de Ley que pretende implementarlo en 2012 y así progresivamente, hasta 2014, lo que representa el problema de añadir por todo ese largo tiempo, un desconocimiento de las garantías procesales fundamentales y de contar con decisiones imparciales y probas de un juez de garantías imparcial, amén de que puede ocurrir que en 2014, nos ofrezcan otro proyecto de ley para que siga en el limbo jurídico.

La demora de la entrada en vigencia del sistema acusatorio adecuadamente planificado y para el cual ya se ha dictado la correspondiente capacitación, frena el avance de los cambios y trae delicadas complicaciones prácticas, que en definitiva degeneran en un peligroso hacinamiento carcelario y en el desconocimiento de importantes garantías procesales.  En ese error, superado con el paso del tiempo, incurrieron otros países de la región latinoamericana, que ya han visto cumplidos los términos fijados para aplicar su sistema acusatorio.

El aplazamiento de la implementación de las nuevas disposiciones normativas garantistas del proceso penal, producirá una aplicación de la ley penal, diferente de las que doctrinalmente se establecen, y provocará que siga rigiendo el procedimiento penal de corte inquisitivo y mixto, desfasado, contenido en el Libro III del Código Judicial.  De nada servirá que tengamos nuevo Código Penal si se retrasa la entrada en vigencia del Código Procesal Penal ya aprobado.

La implementación progresiva y ahora tardía, del Sistema Acusatorio, rompe con la aplicación uniforme de las reglas del nuevo proceso penal acusatorio moderno y con algunas de sus funciones y le niega al país el derecho a la aplicación de la nueva codificación garantista, creando confusiones.

El Código Procesal Penal debe ser implementado poniendo a funcionar el sistema acusatorio en septiembre de este año. Si hay algo que reformar, sería el permitir que entre a regir en todos los distritos judiciales del país; solo así se podrá establecer en el contexto histórico y ante la realidad de la consolidación de la democracia en América Latina, que hemos impulsado la reforma al sistema con el diseño adecuado, diferente al inquisitivo y basado en el nuevo paradigma acusatorio, humanitario y garantista que velará por la igualdad, el respeto a los derechos humanos y de la dignidad de las personas, sean estas imputados o víctimas.

Si hemos de afrontar responsablemente la implementación de un programa de reforma, debemos tener en cuenta que este no puede fijarse para cuando se considere que haya un presupuesto suficiente, pues tal y como se vislumbran las finanzas nunca lo habrá, porque ocurre que a ese problema presupuestario no se le da la debida prioridad o prelación, en base a lo que representa (justicia adecuada, garantista y expedita) como sí se hace con los otros problemas sociales.

Para un verdadero cambio se requiere vocación, intención y fuerza para reformar integralmente el sistema, planificar con sentido de responsabilidad y como tema de Estado, los costos y la inversión presupuestaria que estas reformas implican, para poder producir un curso histórico distinto y diferente al que se había venido dando hasta ahora para el sistema de justicia penal, si es que verdaderamente el objetivo es mejorar y modernizar la administración de justicia penal, hasta ahora tan descuidada.

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Publicado el 29 de agosto de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde

¿Ataque o alabanza de El Toro?

¿Ataque o alabanza de El Toro?
La opinión del Abogado…

Kevin Arjona-Moncada

Recientemente, el ex presidente Ernesto Pérez Balladares insinuó que Ricardo Martinelli es socio del grupo Thunderbird (que opera los Fiesta Casinos), y que, con la revocación hecha por este Gobierno a las concesiones de salas de juegos otorgadas directamente por él [Ernesto P.] bajo su administración, a Lucky Games, S.A., Competiciones Deportivas, S.A., y demás; el actual Presidente busca “hacerle daño en este caso a la competencia”. Así lo declaró Pérez Balladares a una entrevista concedida a El Panamá América. También señaló, en alusión a las actuaciones de Martinelli al respecto, que “no son motivos supuestamente altruistas… esa es una posición entendible de parte de él, si no fuera socio de casinos como en efecto lo es”. Ahora, aduce que Martinelli, como socio de Thunderbird, busca beneficiarse atacando a la competencia.

Para constatar la veracidad de tan grave acusación, es menester recurrir a la otra cara de la moneda.   Judy Meana, portavoz del Presidente, aseguró que “la participación de Martinelli en Thunderbird Resort es de menos del 1%”.   Sin embargo, dos días después, Thunderbird Gaming (Panamá) Corp. emitió un comunicado mediante el cual informaba a la ciudadanía que Martinelli no era accionista de esa compañía.  En esta línea, suponiendo que el Sr. Martinelli fuese socio de casinos, ¿pretendía hacerle daño a la competencia en ese negocio?

Para contestar esta interrogante solo hay que examinar las acciones que ha tomado este Gobierno en torno a este gran escándalo con hedores a corrupción.   Fuera de la revocación de las concesiones a las empresas que El Toro otorgó en forma directa, el Ejecutivo adoptó otra medida más: el anteproyecto que busca modificar el Decreto-Ley No. 2 de 1998. El anteproyecto está orientado, primordialmente, a aumentar al doble el monto de lo que el Tesoro Nacional debe percibir sobre los ingresos brutos generados en cada una de las salas de juego del país. Recordemos que esta medida abarca a todos los casinos y salas de juego;  no exclusivamente a las que Pérez Balladares. negoció ¡digo!, “otorgó” concesión directa.

En ese orden de ideas, nos percatamos de que las acusaciones del ex mandatario carecen de base, pues, en el supuesto de que Martinelli fuese socio de casinos, el anteproyecto que él propulsa afectaría también a sus empresas.  Ante esto, nos preguntamos: ¿se atacó o se alabó a Martinelli?

De ser cierto lo vertido por El Toro, entonces deberíamos regocijarnos toda vez que ello demostraría que Martinelli no busca satisfacer sus intereses haciendo uso de su cargo.  Empero, recalco que Thunderbird ya manifestó que Martinelli no es accionista de la corporación. Por ende, no queda más que recomendarle al “Sr. Toro” dos cosas: que no mienta, y menos si sus embustes pueden ser desmenuzados al día siguiente; y que aprenda a atacar.

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Publicado el 28 de agosto de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde