Defender derechos y libertades

Defender derechos y libertades


La opinión de…

NILS CASTRO


Mientras han sido gobierno, las oligarquías nunca han concedido espontáneamente derechos democráticos ni sociales. Ni siquiera en los tiempos en que un pasado liberalismo progresista llegó a gobernar.
Tanto en Europa como en América, a lo largo de los siglos XIX y XX, las conquistas sociales como el derecho de asociación, la jornada de ocho horas y los demás derechos laborales, los derechos de seguridad social, la eliminación del trabajo infantil, la libertad de palabra, las restricciones a la detención temporal, el Habeas Corpus y el derecho al debido proceso, el derecho de los trabajadores a votar y a tener candidatos, el voto femenino, el derecho a la privacidad, etc., siempre han sido el resultado de duras luchas del movimiento popular y las clases medias.

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Invariablemente, las oligarquías han disfrutado de mayores oportunidades de dominación social y política, y de prosperidad económica, mientras esos derechos sociales han podido negarse o restringirse.

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Asimismo, mientras las creencias y opiniones de los ciudadanos han podido ser formadas y dirigidas por los medios de comunicación social (y los comunicadores) que sirven a las oligarquías, para que la opinión pública y los comportamientos sociales sean más dóciles ante las decisiones oligárquicas.

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Por consiguiente, la oligarquía siempre se desenvolverá más a gusto cuando hay oportunidad para que esos derechos y libertades puedan ser limitados y revertidos. Este es su modo natural de existir y prosperar.

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Solamente el sostenido esfuerzo del movimiento popular y de las clases medias hace posible que esas conquistas no sean recortadas o suprimidas. A esa experiencia, tan reiterada a lo largo de los tiempos, se debió la conocida frase del general Omar Torrijos Herrera, señalándole al movimiento popular que “bien pendejos serán” si se dejan quitar los derechos ya obtenidos.

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Por eso tales derechos y libertades sociales nunca deberán tomarse ingenuamente como “clavo pasado” , o cosa lograda de una vez por todas.
La oligarquía, sobre todo cuando recobra la iniciativa y se siente “pechona” , siempre buscará cómo limitarlos y revertirlos. Solo una sostenida presión popular los puede mantener, consolidar y ampliar.

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Por consiguiente, la democratización política, social y económica nunca dependerá solo de la organización territorial y la capacidad electoral de los partidos populares, sino especialmente de la consistencia de su organización sectorial.

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Esto es, de su capacidad para organizar, alertar y movilizar a los sectores populares, a fin de defender y ampliar sus derechos y libertades democráticas.

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Publicado el 20 de agosto de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde

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