ELOCUENCIA -Oro y fantasía en el discurso

ELOCUENCIA -Oro y fantasía en el discurso

La opinión del Abogado y Docente Universitario, el Doctor..

Silvio Guerra Morales


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“No todo lo que brilla es oro” reza el viejo aforismo popular. Época hubo en que nadie quería saber nada de las prendas calificadas como “pura fantasía”. O era oro o simplemente no se quería lucir algo de lo cual se sabía era otro material. En todas las civilizaciones el oro, como metal precioso, ha sido admirado, deificado, perseguido por buenos y malos y apetecido por ricos y pobres. Sin embargo, esto es lo que decimos del metal precioso. Queremos ahora hablar de las palabras que brillan como el oro y las que lucen tan solo como meras fantasías.

He venido observando que no pocos de los interlocutores del discurso en Panamá, sea éste político, jurídico, social, en fin, cuando opinan suelen hacerlo acomodando sus opiniones a distintas posiciones de conveniencia o de claros intereses que podemos calificar como “mediáticos”. Es decir, condicionan la palabra al mayor o menor grado de afectación o potencial daño que les pueda causar y de este modo sacrifican valiosos criterios, más que el valor del oro, que si se hubieran emitido habrían generado tanto bien a muchos o tal vez a la sociedad en general.

Me causa tristeza este tipo de personas. Algunas veces los escuchamos pronunciándose a favor o en contra de tal o cual situación, institución, idea, problema, etc., y no transcurren mucho tiempo cuando vuelven a aparecer en la palestra pública emitiendo juicios contrarios a los que ya habían sostenido.

No niego el hecho que, de pronto, estemos equivocados y que posteriormente corrijamos una idea o pensamiento. No se trata de eso. Lo que planteo es que la falta de seriedad científica –entiéndase por científico lo metódico, sistemático, coordinado, elaborado- produce en el seno social incoordinación, desorientación, máxime cuando en ella muchos ciudadanos suelen creer en quienes orientan a la opinión pública y hasta hacen de ellos sus lideres de opinión o persona a admirar.

No podemos caer en el discurso de la conveniencia. Ese discurso es penoso, lamentable, y como tal está plagado de mojigatería, de maledicencia y termina dando al traste con la credibilidad social.

Invito a mis lectores a que seamos circunspectos, hombres y mujeres de una sola materia, sin temor a que nos doblegue la amenaza, el miedo, o tal vez, a lo que podamos perder o dejar de ganar si emitimos nuestras opiniones.

Invito también a que sepamos diferenciar la palabra que brilla por ser “puro oro” de aquella que brilla con engaños y que nunca dejará de ser “pura fantasía”.

No puede ser cierto que en medio de una sociedad que demanda el nacimiento o el fortalecimiento de verdaderos líderes, el miedo a lo que pueda acontecer o suceder por lo que se diga, melle o aniquile la verdad.

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Publicado el 21 de agosto de 2009 en el diario El Panama America Digital, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde

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