Cuando oras trasciendes todo ( II)

Cuando oras trasciendes todo ( II)


Rómulo Emiliani, cmf. -Monseñor

Nuestro Dios está siempre presente en nuestras vidas y por Él somos, nos movemos y existimos (Hech 17,28) y al orar tomamos conciencia de tan grande presencia y podemos crecer en la intimidad con quien todo lo puede y quiere lo mejor para nosotros. “El corazón de ustedes es pequeño, pero la oración lo agranda y lo hace capaz de amar a Dios. La oración es una degustación anticipada del cielo […]. Jamás nos deja sin alguna dulzura. Es una miel que desciende sobre el alma y lo endulza todo. Las penas se deshacen ante una oración bien hecha, como la nieve ante el sol” nos dice el Cura de Ars.

Nosotros estamos combatiendo el mal que se nos manifiesta como tentación, división, traición, violencia, indiferencia ante el amor, egoísmo, rencor y nos dice Pío XII: “Oren, oren, oren; la oración es la llave de los tesoros de Dios; es el arma del combate y de la victoria en toda lucha por el bien y contra el mal. ¿Qué no puede la oración, adorando, propiciando, suplicando, dando gracias?”

No es fácil orar. Es cuestión de apartarse, buscar el silencio, ponerse en una postura cómoda con la espalda recta y leer algún texto que nos agrade espiritualmente y comenzar a respirar de manera honda y pausada. Luego dejar que el alma contemple la presencia de Dios que puede aparecer en su mente como un Cristo Resucitado o como Jesús predicando el sermón del monte, o simplemente ver un paisaje agradable con la imaginación. Entonces hay que alabar al Señor con sus propias palabras, empezar a darle gracias por la vida, el perdón de los pecados, la familia, el cielo prometido o cualquier otro bien que Dios le ha dado. Qué bueno es interceder por otras personas o pedir gracias personales. Hay que hacerlo con fe e intensidad.

Por otro lado, esto debe acompañarse perteneciendo a alguna pequeña comunidad, movimiento de Iglesia o grupo de oración con el cual tenga afinidad. Hay que instruir la mente con los misterios de Dios y afinar el corazón para captar la belleza del Dios Amor. Toda auténtica oración llevará a la acción solidaria con aquellos que más sufren y el Espíritu Santo nos impulsará a inmiscuirnos en el mundo de los clavados en cruces por la marginación, la enfermedad y el pecado. No es fácil orar, ya que es un arte, donde las distracciones y la falta de perseverancia lo querrán arrancar de esa noble acción espiritual. Es cuestión de habituarse teniendo lugar y hora adecuada a usted y poco a poco concentrarse en su interior. Repito, no es camino fácil, pero sí imprescindible si quiere crecer como cristiano. Y no se olvide que con Dios todo se puede porque con Él somos invencibles.

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Publicado el 8 de agosto de 2009 en el diario El Panamá América, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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