‘Ahora le toca al pueblo’

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‘Ahora le toca al pueblo’

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Pedro Ernesto Vargas
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¡Cómo le molesta a algunos, la siembra de esta frase! Les molesta que haya sido generada en la ideología de un empresario que cree en el libre mercado, pero quien, además, cree en la justa distribución de los bienes, de deberes y obligaciones. Quizás les molesta que con ella se desnude la opción de ellos por la miseria, en lugar de por la riqueza. Quizás les molesta que cuando se advierte a cada uno su papel responsable en la sociedad, se le serrucha el piso a la corrupción.

Creo que Ricardo Martinelli, con aquella primera diáfana visita al lugar de las concesiones no tan diáfanas, y con aquel primer golpe de mazo, dijo “ahora le toca al pueblo”, porque ya yo empecé a cumplir. Y sus ministros, como los directores de las instituciones del Estado y todo servidor público, que significa, servidor de la cosa pública, de la cosa de las gentes y los pueblos, entendieron el eco de ese golpe, la fuerza de ese mazo. Espero que sea así.

Particularmente preocupados y molestos con el estilo y el convencimiento del señor Presidente deben estar algunos grupos gremialistas sindicados y por sindicalizarse bajo ignominiosos intereses, porque se les acaba la gasolina para incendiar barrios y gentes, muy vulnerables al rencor y al odio, sentimientos fáciles de incrustarles como estaca diabólica en el corazón, debido a los fracasos, debilidades, vicios y contradicciones de los hombres en las democracias. Para las izquierdas de oscuras albas, los zurdos por forfait, los escaladores de ocasión y para los mentirosos de profesión, solucionar y dar soluciones es perder la oportunidad de mantener el descontento y desasosiego, de “pescar en río revuelto”.

Ha dicho Jorge Castañeda que las izquierdas en Latinoamérica no han desaparecido, a pesar de haberse demolido el Muro de Berlín, de haberse congelado la guerra fría, de haber ganado el comunismo su lugar utópico, sencillamente porque las razones por las cuales surgieron, en este continente: la pobreza, las horribles diferencias sociales y la violencia cotidiana, todavía persisten. No podemos registrar ignorancia de esto. Pero aquellas izquierdas de las que habló Castañeda no son las izquierdas que hoy pululan en busca de bolívares o dólares, para perpetuarse en el poder con constituciones a su medida y sembrar miserias por 20, 30, 40 ó 50 años.

“Ahora le toca al pueblo” es un llamado para que nosotros, las gentes, nos responsabilicemos de nuestro bienestar, de nuestro progreso, de nuestro trabajo, de nuestra dignidad, de nuestra razón de ser. No se trata nada más de exigir, con justeza, atención de salud cálida y de calidad, pronta y eficiente, segura y predecible. Se trata también de que cambiemos nuestros pésimos hábitos de alimentación y sedentarismo, dejemos aquellos otros que son nocivos directos a nuestra salud, como el tabaquismo y el alcohol. Se trata de que nos interese conocer cuánto cuesta la enfermedad, cuánto cuesta conservar la salud y optemos por no hacerlas más costosas.

Honrar y cumplir con lo aprobado o legislado en grisáceas condiciones no es prioritariamente un asunto de seguridad jurídica, es un asunto de justicia plena y respetuoso apego a la ley. En las políticas de servicio y estabilidad laboral se trata de que como individuos y como sociedad participemos activamente en mejorar la calidad del servidor público y no solamente de asegurarle permanencia laboral. Se trata de que nos permitamos, todos y cada uno, respeto y honra, no por decreto ni por iniciativa gubernamental, sino por nuestros propios actos cotidianos.

No es solamente pedir muebles escolares y libros y textos gratis o educación gratuita, todos justos y seguros instrumentos para educar, sino que también participemos de la vigilancia en la formación de nuestros hijos, colaboremos con las autoridades de educación en la exigencia de formación integral de esos maestros y profesores de nuestros hijos, como de los programas educativos. No se trata solamente de pedir mayor vigilancia policial sino de no vulnerar la dignidad del agente policial con burlas o con coimas. No se trata exclusivamente de castigar con penas máximas o mínimas sino de prevenir el delito tratándonos a nosotros mismos con dignidad y respeto. “Ahora le toca al pueblo”, no nos está advirtiendo que abramos las manos que nos las van a llenar de justicia y de libertad, de bienes y riquezas, de libros y vacunas, de viviendas y granjas, de puestos de trabajos y posiciones en el gobierno. No, no es eso. Nos está diciendo a ti y a mí: ahora te toca a ti hacer bien lo que te corresponde hacer. Manos a la obra.

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Publicado el 5 de agosto de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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