Corrupción, mal de la sociedad

Corrupción, mal de la sociedad

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César E. Escobar Vásquez
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La corrupción es un comportamiento antiguo, desde los tiempos de Jesús, que fue entregado por uno de sus apóstoles, corrupto hasta los tuétanos, a las autoridades, dando a éstas una oportunidad para que lo arrestaran. El traidor perpetra su traición por una retribución insignificante: por 30 monedas. Este mal social desde hace mucho tiempo es ilegal, pero objeto de una práctica tolerada en las altas esferas de la clase dominante. La corrupción es difícil erradicarla por completo. En todo caso, se trata de reducirla a su mínima expresión, a través de la prevención y de la efectiva aplicación de la ley para castigar la distorsión. Hemos entrado en un período en donde este comportamiento, antes tolerado, ya no lo es. Lo peor de este mal es que envuelve a todos, las personas corruptas no miden sus actos y las consecuencias o efectos que esto conlleva hacen que todos quedemos mal ante nuestros superiores, igualmente el departamento que representamos, lo que provoca cierto nivel de desconfianza ante ellos.

Este acto de envilecimiento afecta también al proceso de desarrollo de un país, en cualquier negocio que suponga transitar un extenso camino de trámites, con las consecuentes demoras para un proceso productivo, el pago de soborno establece una competencia desleal frente a aquellos cuya conducta está sostenida por una postura ética que no paga “coimas”. Esta práctica, como podemos preceptuar, es una realidad, la cual desestimula la inversión, por el elevado costo moral que supondría vincularse con un sistema corrupto. Para aquella empresa sin orientación ética, la corrupción se asume como un costo de operación. Para estas empresas ni la satisfacción de las necesidades sociales, ni la calidad de lo producido, son tomadas en cuenta en sus planes.

La sociedad percibe la corrupción desde distintas perspectivas, algunos la perciben como un hecho abominable, otros la miran con indiferencia y algunos “dizque vivos” la visualizan como una oportunidad que no se debe desperdiciar. Independientemente de cuál sea la óptica social, es definitivamente preocupante que la corrupción, o mejor aún, las conductas corruptas, se incorporen a la cultura como un hecho cotidiano, ejecutado de manera tal que se evite el escándalo. Las nuevas leyes son propuestas para castigar las conductas tipificadas como corruptas, el Estado ha creado entidades dedicadas exclusivamente a la lucha anticorrupción. Desde la sociedad civil se han multiplicado las protestas, denuncias, reclamos contra este tipo de delito.

La corrupción se ha convertido en un verdadero sistema de relaciones ocultas, en una trama muy amplia y honda que amenaza y pone en peligro a bienes, personas e instituciones y que, a contrapelo, acumula privilegios y poderes, complicidades férreas y turbias, en diversos sectores del poder tenidos por intocables.

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Publicado el 3 de agosto de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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