Juntos en la eternidad

Juntos en la eternidad
.
Pastor E. Durán E. – Educador
.
El pasado sábado 18 de julio tuvo lugar el funeral de Domingo “Yiyo” Bethancourt Aparicio en Punta Chame, pequeño pueblo pesquero de donde era oriundo. “Yiyo”, de 63 años, era un hombre humilde, trabajador, sufrido, solo, enfermo, excluido, profundamente servicial. Era hermano de Alcibíades “Chivale” Bethancourt Aparicio, desaparecido el 16 de febrero de 1971, en el período más crudo y tenebroso de la dictadura militar que sobre el país impuso, a sangre y fuego, Omar Torrijos Herrera y su camarilla golpista.

Fue precisamente Domingo quien tuvo que llevar al subteniente Darío Mascuñana, considerado “amigo” de la familia Bethancourt, y otros militares hasta Punta Chame, viajando en helicóptero desde Tocumen a buscar a su hermano “Chivale”, adversario del régimen militar, perteneciente al grupo Vanguardia de Acción Nacional (VAN) que, a su vez, era parte del Frente de Resistencia Popular (FRP), objeto de persecución encarnizada por parte de los militares.

Al encontrarlo, y siempre confiando en la supuesta amistad de Mascuñana, Alcibíades Bethancourt se avino a regresar a la ciudad capital, siendo conducido al Cuartel Central de la Guardia Nacional, en donde Domingo lo vio por última vez. Nunca más se supo de “Chivale”, sembrando un profundo dolor en la familia que, a pesar del tiempo transcurrido, aún persiste.

Por supuesto que en aquel tiempo cuando todos los derechos y libertades fueron conculcados, los ingentes esfuerzos de la familia para saber del paradero de “Chivale” fueron desatendidos por las autoridades. En la investigación que finalmente se abrió a insistencia de la familia el 31 de enero de 1990, poco más de un mes después de la caída del régimen militar, se vinculó al hecho de esta desaparición forzada, a Mascuñana, Nivaldo Madriñán, Manuel Antonio Noriega, Melbourne Walker, Miguel Ángel Quirós Ábrego y al sargento Sánchez Galán.

Según la Magistrada de la Corte Suprema de Justicia de aquel entonces, Aura Emérita de Villalaz, la Corte Suprema de Justicia dejó constancia de que en este caso, “… no se hizo investigación alguna hasta el mes de enero de 1990“, y, a pesar del esfuerzo por impulsar las sumarias frente el exceso de denuncias presentadas, “… se ha registrado por parte de los abogados, a nombre del ejercicio de la garantía de la defensa, la interposición de una serie de medidas dilatorias que al entorpecer la investigación, han favorecido la prescripción de los hechos”.

Los Crímenes de Lesa Humanidad y de violación a los Derechos Humanos no prescriben. La justicia panameña tiene que adecuarse a esta norma.

Domingo, al fin, encontrará a Alcibíades en el gran misterio de la vida y estarán juntos por siempre, en la eternidad de Dios.

<>

Publicado el 3 de agosto de 2009 en el diario El Panamá América a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: