San Felipe – Patrimonio de la Humanidad

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San Felipe – Patrimonio de la Humanidad

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Orlando Acosta Patiño

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Hacen algunos años en esta misma página de opinión advertí sobre el futuro del centro histórico de Panamá y el efecto de la presión de la especulación inmobiliaria sobre su conservación.

A finales de la década de los ochenta, ya existían personas y empresas interesadas en acumular propiedades en San Felipe. La compra y venta de edificios en San Felipe desató un apetito voraz entre agentes del mercado.  La variopinta de los inversionistas fue desde compradores particulares, que algunos detentan más de veinte propiedades dentro de los muros de la ciudad, otros grupos más suspicaces se disfrazaron bajo ropas de la sociedad civil en defensa del patrimonio, para luego transformarse en empresas y agentes inmobiliarios representados por empresas restauradoras que se han enriquecido sin control en la dizque restauración y posterior venta de las propiedades.

¿Conflicto de intereses? En ese momento me tildaron de inadaptado y junto conmigo otro grupo de personas fue excluido de la discusión.

Lo que ayer compraron por algunos dólares hoy se multiplican en miles. Habrá que hablar también de la apropiación privada de esos mismos agentes de la inversión estatal en infraestructura (calles, aceras, luminarias, etc.) de la cual ninguno de los mecanismos del mercado ha tratado de revertir a mejorar las condiciones e infraestructura social del barrio. San Felipe va por el camino de la exclusividad residencial sin equipamiento ni servicios sociales para la gente que requiere una atención del Estado.

La condición del Patrimonio de la Humanidad en los predios del Casco Viejo de la ciudad de Panamá tiene una imagen de deterioro, decadencia y transformación que va desde la ruina permanente de edificios en espera de mayor lucro a intervenciones mal diseñadas.

El objetivo del que nadie habla es el de multiplicar los ingresos ya exagerados de los especuladores, lo que se ha traducido en trasgresiones a la norma de pisos y al aumento de los pisos y niveles de las originales estructuras.

El hoy discutido PH Independencia es el vivo reflejo de lo que digo. De esta dinámica no se salva ninguno de los agentes que hoy promueven la mal llamada restauración del Casco Viejo. Vale la pena advertir que el Estado es el único que no ha violentado alturas ni los criterios arquitectónicos. Buenos ejemplos vemos en el proceso que tiene lugar en Avenida A, entre calle 12 y la Plaza Herrera. Las intervenciones han tenido un objetivo social que ha sabido conjugar el criterio arquitectónico y urbanístico. El resto de intervenciones privadas juega al fachadismo con resultados fatales para el patrimonio. El Hotel Central es un patético ejemplo de ello.

¿Qué ha sucedido con las normas y los procesos? ¿Son ellas diseñadas para regular el mercado inmobiliario y detener el apetito de lucro de los inversionistas, empresarios y defensores del patrimonio? Creo que esta pregunta nadie la ha planteado, puesto que representa poner en evidencia la hipocresía social con relación a los verdaderos intereses en la continuidad y conservación del patrimonio panameño. Los dizque defensores del patrimonio abogan por los procesos liderados por el Estado, siendo ellos mismos los que han promovido sistemáticamente la violación de la norma con recursos y recovecos que la misma legislación permite, y que por la misma razón así fue diseñada. Lucro privado y sin control es el objetivo final.

La continuidad y conservación de patrimonio histórico y del Casco Viejo de la ciudad de Panamá merece una mayor discusión, que ponga un alto a los voraces apetitos de los inversionistas y promotores privados y provoque una puesta en valor del patrimonio con un sentido social.

Urge una discusión profunda que traiga al tapete los reales intereses de la nación y no el bolsillo y lucro personal con relación a la conservación del mal cacareado Patrimonio de la Humanidad. Pregunto con tristeza: ¿Cuándo se iniciará este proceso?

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Publicado el 30 de julio de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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