Una responsabilidad nacional

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Una responsabilidad nacional

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Roberto Motta Alvarado
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Como ciudadano y empresario, valoro a la educación como el principal recurso del ser humano para su superación personal, además es la indispensable herramienta para el desarrollo eficaz del país. La educación nos garantiza una ciudadanía más responsable y con mayor protagonismo en la vida democrática.

La educación, para ser efectiva requiere de cambios y transformaciones que respondan a los cambios tecnológicos y morales que inciden en el mundo en que hoy nos ha toca vivir.

Así como en nuestras empresas es esencial actualizarnos para competir con éxito, la acción renovadora es vital en el proceso educativo.

En 1984 tuve el privilegio de participar en la fundación del Consejo del Sector Privado para la Asistencia Educacional, entidad creada con el decidido concurso de gremios empresariales tales como la Apede, la Cámara de Comercio, la Capac, el Sindicato de Industriales, la Cámara Americana de Comercio y el Club Rotario de Panamá, entre otros.

Existía la firme convicción entre los empresarios que participamos en su fundación de considerar la educación como una responsabilidad de todos, y que a nosotros nos correspondía ser protagonistas en el mejoramiento educativo. Recomendamos que la educación debía ser elevada a política de estado, de manera que trascendiese a los gobiernos de turno. Así se inició una campaña de concienciación que nunca tuvo el respaldo de los gobiernos democráticos.

Las políticas educativas del país no han tenido ni consistencia ni claridad y menos la implementación requerida. El presupuesto educativo es millonario, uno de los más altos en América Latina, y los resultados son deprimentes, el rendimiento y logros son trágicos, pues no se corresponden con la inversión.

Es un despilfarro de recursos y todo porque en más de 20 años, la educación se ha politizado con el clientelismo electoral, al extremo de escuchar a diario de los grandes escándalos y corruptelas desde el robo de fondos, licitaciones amañadas, planillas abultadas y, en general, acciones educativas contradictorias e inconsistentes con las realidades y necesidades del país.

A raíz de estas prácticas es imposible que la educación avance en la dirección correcta. Nos corresponde exigir como contribuyentes y ciudadanos responsables un cambio cualitativo, el cual debe iniciarse con una reingeniería administrativa y financiera del Ministerio de Educación. No es tolerable que el Ministerio tenga una planilla administrativa de más de 10 mil personas, cuando Colombia, con más de 40 millones de habitantes, la planilla de 3 mil funcionarios la dejaron en 800.

Es urgente poner la casa en orden con criterios programáticos y funcionales, sobre todo en lo administrativo y financiero, así se facilitará la corrección de entuertos como: el nombramiento de docentes no idóneos, la reforma de los planes de estudios, el deterioro de la infraestructura de los centros educativos, la alimentación de los alumnos y la capacitación y actualización de los docentes, entre otros. Estoy convencido de que con el uso responsable y probo del abultado presupuesto con el cual cuenta el Ministerio, las deficiencias y anomalías se pueden corregir.

Así como en la empresa privada realizamos la supervisión y evaluación de nuestros recursos humanos y materiales que nos garanticen una producción de calidad y logros positivos, así mismo debe hacerse en el sistema educativo. Necesitamos una educación que enseñe a pensar, leer y escribir con un pensamiento lógico, con valores éticos de tolerancia y respeto a todos los que integran nuestra comunidad. Que procure el bienestar y seguridad de los ciudadanos. Que aprecie y desarrolle los recursos naturales sin degradarlos. Abogo por una educación que haga del ser humano el centro de su atención, que mujeres y niños tengan igualdad de oportunidades, que hagamos del aprendizaje una acción de toda la vida. En consecuencia, urge dignificar el trabajo de los docentes, profesionalizar sus responsabilidades, apoyarlos en sus tareas creativas y respaldarlos en la difícil acción de formar hábitos y actitudes en una sociedad donde el hogar y la familia como núcleo vital no existe.

Hay que humanizar y democratizar la educación con contenidos curriculares a tono con una sociedad en crisis.

E empresarios, docentes, alumnos, padres de familia y sociedad en general, tenemos el deber de contribuir a la solución del grave problema educativo que tanto afecta a la presente y a las futuras generaciones de panameños.

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Publicado el 22 de julio de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, al igual que al autor, todo el crédito que les corresponde

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