Más allá de Zelaya

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Más allá de Zelaya

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I. Roberto Eisenmann Jr.
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Nuestro continente vive movimientos políticos novedosos. Por una parte se inventó una especie de “demodura”, o sea democracias electorales que se van convirtiendo –lentamente, paso a paso, vía reeleccionista– en dictaduras con ropaje democrático electoral. …¡brillante maniobra de Hugo Chávez! Por otra parte, en Honduras se produce un violento cambio de un gobierno constitucional y se le justifica como “el cumplimiento de una orden judicial y constitucional”. Según los defensores de este acto, “los militares cumplieron una orden de las instituciones civiles y no se tomaron el poder: restauraron el estado de derecho y no interrumpieron el período electoral que se dará en siete meses”… un novel golpe.

En otras palabras: vivimos una etapa en la que nada es lo que aparenta ser, y los dirigentes políticos, sea cual fuere su ideología, son unos malignos violadores de las Constituciones y las leyes, unos y otros gritando sus mentiras a voz en cuello.

Para afrontar estas novedades, nosotros –los ciudadanos– tenemos que re–ubicar las cosas para que prevalezca la verdad. Para hacer esto hay que reconocer que los principios generales no siempre aplican a problemas específicos; los panameños tenemos experiencias claras. En nuestro Panamá el imperio convirtió a nuestra Policía civil en Ejército; este dio un golpe al gobierno constitucional, y el imperio celebró al gobierno militar por su impuesta “estabilidad” (producto de palo, asesinatos, exilios, etc.).

Noriega, puesto por el imperio y operativo de la CIA desde sus 18 años, cometió un error y mató a un soldado norteamericano, por lo que el imperio (contra la opinión de todos los opositores a Noriega) invadió a nuestro país –a un costo brutal en vidas y propiedad– para sacar a “su SOB”. América Latina en masa protestó (como tenía que ser) por principios, pero el pueblo panameño recibió y celebró a los invasores como “liberadores”. “Ellos nos lo impusieron, les tocaba a ellos mismos liberarnos de él” –decían los panameños. América Latina jamás entendió… y Panamá evolucionó democráticamente a lo que es hoy, sin gorilas… ni nacionales ni extranjeros.

Puede estar ocurriendo algo parecido en Honduras: Zelaya –del Partido Liberal– ganó las elecciones con un pobrísimo 28% de los votos. Estaba terminando su mandato (le quedaban siete meses) con una popularidad bajísima de 25% (de las más bajas en América Latina); al sugerir la prohibida “reelección”, el 67% de los hondureños dijo que jamás votaría por él. A pesar de estos negativos Zelaya insistió en violentar la Constitución para convocar a un referéndum usando una cuarta urna.

El Congreso, la Corte Suprema, el Tribunal Electoral, la Fiscalía General, los partidos (incluso el Liberal de Zelaya), la Iglesia dirigida por el respetadísimo cardenal Oscar Andrés Rodríguez, amigo de Zelaya, el Ejército… todos… se niegan a su maniobra de quebrantar el orden constitucional. Los hondureños no querían a Zelaya, pero Chávez y su combo sí… y le dicen “pa’lante, compañero”. Los hondureños entonces pero en forma burda lo sacaron en un “cambio de gobierno constitucional”. Chávez (el neo-imperio) amenazó con invadir y los gringos (el viejo imperio) no solo estuvieron con Zelaya y protegieron a su hijo, sino que –como debe ser por principio– condenaron inmediatamente el golpe junto a toda la comunidad internacional.

Siento que, a pesar del apoyo unánime internacional, Zelaya se quedará en el exilio. Honduras quedará aislada de la OEA y ONU (¡qué miedo!) por siete cortos meses. Celebrarán las programadas elecciones (ya hay candidatos populares con primarias ganadas) en noviembre o antes, y la crisis hondureña quedará atrás … pero no quedará atrás el nuevo problema de las “demoduras” y de los nuevos “golpes constitucionales”. Lo importante entonces es qué vamos a hacer más allá de Zelaya.

Como lo escribió el amigo Daniel Pichel, tenemos todos –ciudadanos e instituciones– que redefinir lo que es un gobierno democrático. Un nuevo check–list es imperioso. Por ejemplo:1. Victoria electoral legítima y sin objeción.2. Separación real de poderes.3. Respeto a la Constitución y a la Ley.4. Respeto absoluto a la libertad de expresión y opinión, y a los derechos humanos.5. Respeto absoluto a las minorías.6. Sistema independiente yfuncional de Justicia … y un largo etcétera.

Olvidando las ideologías por un instante: si un gobierno cumple con solo un “item” del check–list (elecciones) no es democrático, y así lo deben catalogar los entes internacionales. Puede llamársele por otro nombre, como por ejemplo “caudillismo colectivista” u otro que se prefiera… pero no “democrático”. ¡A llamar las cosas por su nombre, y a entender las situaciones de cada país!

Los hondureños se encontraron entre un potencial “caudillo colectivista” y un golpe. Prefirieron entre dos horribles males, el que ellos consideraban el menor por sólo siete meses, hasta las elecciones de noviembre.

Yo por principio los critico pues no estoy de acuerdo con ningún golpe … pero los comprendo. Ellos están allá y conocen su tierra; yo estoy acá filosofando sobre una tierra ajena.

Pero no puedo dejar de concluir con un ¡remember Panamá!

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Publicado el 10  de julio de 2009 en el diario La Prensa; a quien, al igual que al autor, les damos todo el crédito que les corresponde.

Superando las ideologías políticas

Superando las ideologías políticas

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Carla Tovar
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Desde el inicio de la campaña electoral, los analistas políticos discuten respecto a la tendencia ideológica de nuestro presidente Ricardo Martinelli. Algunos hablan de un político de derecha; otros lo catalogan como un populista de derecha, inclusive, en su discurso de elección nuestro Presidente habló de liberar a Panamá del péndulo que domina Latinoamérica, dando una nueva imagen para los países de América Latina.

¿Respecto a su oposición? En noticias recientes se indicó que la izquierda de Panamá, liderada por Juan Jované, será la oposición más fuerte, incluso que el PRD. ¿De qué hablamos: derecha, izquierda, centro? Yo propongo una nueva postura; más allá de encasillar a nuestro Presidente en tal o cual ideología, propongo un “por Panamá”, que tanto lo necesita.

Nuestro Presidente, sin importar el tema de la ideología, en estos primeros días de gestión ha demostrado con hechos una sola cosa: deseos de cumplir y trabajar. Prometió un aumento de sueldo a nuestras autoridades de seguridad nacional y está cumpliendo; prometió 100 dólares más a nuestros ancianos y está cumpliendo. ¿El metro? Ya creó su secretaría. ¿Cadena de frío?, también creó una secretaría.

Bajar la energía eléctrica, auditorías a los corredores, eliminación de exoneraciones en la Asamblea, reducción de sueldos a los altos rangos como presidentes y vicepresidentes de la Asamblea, eliminación de equiparación de las concesiones, útiles escolares y becas para la niñez, modificación de la responsabilidad penal a los menores… prometió un cambio y lo estamos viendo.

La oposición debe entender que debemos dejar de ver nuestra política como oposición y oficialismo. Hay que superar esa mentalidad retrógrada de “ir en contra de”, por el simple hecho de no ser yo la persona que está en el poder. Con ello no estoy diciendo que, en su momento, se deban hacer las críticas correspondientes, pero sí pido una oposición sensata.

Todos vivimos en este país, ya sea que estemos en la oposición, en el oficialismo o simplemente seamos independientes, y nuestra meta debe ser la misma: trabajar por Panamá. Propongo trabajar en conjunto, mejorar nuestro país, no importa si seamos de derecha, izquierda o centro, dejar a un lado el interés del partido y anteponer el del país.

Ricardo Martinelli ha llamado a gobernar a los mejores, y los mejores pueden estar en diferentes ideologías; pero no por ello vamos a dejar de trabajar por nuestro país. Llamo a hacer lo necesario para afrontar como un país unido la crisis económica que se nos avecina, y si tenemos un Presidente de derecha que está demostrando con hechos querer trabajar por Panamá, ¿qué tiene de malo? Superemos las luchas ideológicas y trabajemos juntos por un mejor país.

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Publicado el  9 de julio de 2009 en el diario La Prensa; a quien, al igual que al autor, les damos todo el crédito que les corresponde.

Las finanzas y el sistema de salud

Las finanzas y el sistema de salud

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Luis H. Vega Tejada
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La salud de los individuos y las poblaciones están condicionadas por múltiples factores, entre los cuales destacan aquellos relacionados con los hábitos de vida de cada persona y a nivel macro, con el estado de riqueza o pobreza que tenga una nación y, sobre todo, la distribución de la misma. En Panamá tenemos una mala distribución de la riqueza o una buena distribución de la pobreza.

Los sistemas sanitarios determinan el estado de salud de las poblaciones y sus resultados definen, en gran parte, su nivel de desarrollo socioeconómico. En la medida en que estos logren sus objetivos, va a estar condicionado por múltiples factores. Para poder garantizar un efectivo cuidado de la salud de la población, los sistemas tienen un conjunto de funciones esenciales. Una de capital importancia es la captación de recursos.

La forma de financiación de los sistemas de salud que hay en los llamados países del primer mundo se distancia de los de naciones pobres en que los recursos de estos últimos, en su mayoría, provienen de la asistencia, ayuda y cooperación internacional. Dicho de otra forma, estos pobres seres tienen un pobre sistema con pobres resultados. Nuestro sistema de atención en salud recibe financiamiento de dos fuentes distintas.

Mientras que el Ministerio de Salud recibe ingresos por la vía del presupuesto nacional y de los fondos que recauda en concepto de la prestación de sus servicios, la CSS percibe lo propio a través de las cuotas que aportan los patronos, además de los fondos que recibe del Estado por la atención de los derechohabientes; estos últimos son insuficientes. El Estado debe aportar más para procurar la sostenibilidad del principio de solidaridad de tan noble institución.

Un segundo elemento involucra las intervenciones que incluyen los servicios asistenciales a las personas, así como las acciones de salud pública dirigidas a la población general o el medio ambiente. Un tercer factor, la rectoría o gobernación, supone realmente definir las políticas y reglas del juego para el sistema en su conjunto.

Las naciones que cuentan con una estructura sanitaria bien posesionada no deben sino mejorar lo que ya poseen y que, además, sea sensible de ser mejorado. Este es el caso de nuestro país. La construcción de un buen sistema sanitario representará hoy para las naciones en vías de desarrollo un enorme dilema por los problemas de sus sistemas de seguridad social, producto de economías poco vigorosas y la transición demográfica, entre otros factores.

Estamos seguros de que el nuevo gobierno Martinelli–Varela dará pasos concretos y positivos, y propiciará la oportunidad para que nuestro querido Panamá consolide un sistema sanitario que está altamente fragmentado, que duplica sus intervenciones, que es poco eficiente, que genera insatisfacción; que aportarán los fondos necesarios para llevarlo a óptimos niveles de eficiencia, a que sea equitativo y universal, con calidad y calidez, que reduzca el gasto de bolsillo de sus usuarios, con intervenciones que verdaderamente permitan mejorar las condiciones y calidad de vida de nuestros conciudadanos.

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Publicado el  9 de julio de 2009 en el diario La Prensa; a quien, al igual que al autor, les damos todo el crédito que les corresponde.

La ciencia frente a la tecnología

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La ciencia frente a la tecnología

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Sebastián Vásquez Bonilla
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Mi primer artículo de opinión para este medio, publicado en el año 2001, se inspiró en una publicación de La Prensa titulada ¿Tecnología sin ciencia? que se refiere a las conclusiones del VI Congreso de Ciencia y Tecnología del año 2000, en donde se cuestiona la tendencia generalizada de pretender enfrentar la globalización con la transferencia, adaptación e innovación de tecnologías a espaldas de las ciencias básicas, que según los entendidos produciría “tecnólogos que no saben cómo saben las cosas que saben”.

El artículo hace mención a algunas evidencias de dicha tendencia dentro de la Universidad de Panamá, cuando algunas facultades han eliminando materias de la Facultad de Ciencias, con la excusa de la necesidad de incrementar las materias de sus especialidades.

Este fenómeno es más evidente en la educación superior privada, donde cada carrera se vende como muy práctica y que por ello es posible obtener el título en poco tiempo. Ellos se hartan de que van al grano sin mucha teoría. No tengo dudas de que con esa filosofía se podrá enseñar a un estudiante cómo usar un martillo, pero una vez en el campo, se encontrará inútil si no tiene el martillo o se le acabaron los clavos. Como químico industrial fui entrenado para usar la química para hacer dinero, no por ello he dejado de reconocer que necesito los fundamentos de la química para aplicarlos en forma segura y económica.

Dichas corrientes han persistido a pesar de que recientes estudios pedagógicos han demostrado que para lograr la modernización de la educación superior se debe romper el paradigma de una educación basada en el conocimiento, para entrar en la formación de competencias.

Estas nuevas teorías se fundamentan en que será imposible transmitir al estudiante todos los conocimientos que se han y seguirán generando, con el agravante de que con los avances tecnológicos se generarán en el futuro con mayor rapidez y complejidad. Esto empeora cuando cada año aparecen legislaciones que exigen la incorporación de toda clase de cursos, a veces caprichosos, en los planes de estudios.

Es por ello que estas nuevas teorías sugieren que en lugar de incrementar el contenido y actividades de una carrera, se debe reforzar sus conocimientos básicos y entrenar al estudiante para aprender a aprender. En otras palabras, la educación moderna debe estar encaminada a preparar al estudiante para que, por su cuenta y en su momento, pueda adquirir los conocimientos que por razones de tiempo y espacio no puede adquirir en la escuela.

Lo anterior me permite sugerir que toda reforma o nuevo programa de estudio debe enfocarse en el logro de un profesional con competencia para el análisis de los principios básicos de su carrera, la síntesis de la información disponible y el uso y construcción de sus herramientas de trabajo. Y, por qué no, el cultivar una actitud de trabajo duro y responsable y respeto a quien sirve, que tanto se necesita en Panamá.

Entiendo las buenas intenciones de algunos de los defensores de esas corrientes pragmáticas, quienes tratan de contrarrestar mentalidades arcaicas de aquellos que se resisten al cambio, pero también estoy consciente de que algunos de esos argumentos son hipócritas, porque provienen de personas que buscan defender intereses personales, mercantilistas y hasta políticos.

Es por ello que hago un llamado a todos los gremios profesionales del país, para que estén alerta ante cualquier nuevo programa de estudio que ignore los fundamentos de su profesión, en particular de las ciencias, y no esperar a que un diagnóstico equivocado mate a muchos pacientes, que un mal análisis envenene a cientos de ciudadanos, que un cálculo incorrecto haga que un edificio se caiga, etc.

No debemos esperar a que nuestras profesiones se inunden de incompetentes, porque sus desaciertos nos afectarán a todos. De no hacerse los correctivos oportunamente, me veré obligado a no hacer uso de los servicios o productos en que un chiquillo diplomado esté involucrado.

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Publicado el  9 de julio de 2009 en el diario La Prensa;  a quien, al igual que al autor, les damos todo el crédito que les corresponde.

Lo que se espera del Presidente

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Lo que se espera del Presidente
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Priscilla Delgado
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Voy a expresarme por quienes tienen derecho a exigir el cumplimiento de las propuestas de cambio hechas por usted, Sr. Presidente. Aquellos que el 3 de mayo, por mayoría abrumadora y por primera vez, le dieron el triunfo a una persona alejada de la política y más cerca de la vida empresarial. Todos esperamos que este cambio no sea utópico, sino real; de lo contrario nos veremos inmersos en un verdadero caos dentro de muy poco.

Hay cuatro ejes fundamentales para cambiar al país:

  • seguridad,
  • transparencia,
  • educación y
  • transporte.

Si usted cumpliera con estos ejes, estaríamos en vías de observar un verdadero interés en producir un cambio positivo, sin utopías y sin discursos clientelistas.

El tema de seguridad debe estar acompañado de estrategias permanentes e instalaciones adecuadas. Hay que construir verdaderos centros penitenciarios que alberguen de manera humana a los detenidos. Lo que tenemos hoy son guetos que acogen a seres humanos que delinquen, con más internos que la capacidad instalada, convirtiendo a estos centros en escuelas del crimen. En este país solo hay seis centros penitenciarios debidamente acondicionados, los 26 restantes son instalaciones que reciben a los que cometen un delito, y en ellos se mezcla a los criminales con los ladrones comunes.

Es inconcebible que 7 mil personas involucradas en 148 bandas ya calificadas, tengan sitiadas todas las calles de la ciudad.   Hay que dotar de mayor seguridad a los custodios y ampliar el margen de acción de la Policía. Los ciudadanos tenemos que volver a creer en nuestra Policía, aunque algunos agentes se hayan visto involucrados en diferentes delitos. Los malos son menos.

En el tema de la transparencia
hemos sido mudos testigos de graves casos, como la caída del helicóptero HP 1430, el escándalo de los “durodólares”, la forma burda como se adquirió la casa de gobierno de Punta Mala, el caso Cemis.    Recientemente, hemos visto con estupor cómo se perdieron las estatuas, del Parque Omar, y los informes escandalosos de la Junta del Carnaval sin que se haya revelado aún el último de ellos.  Ahora, al terminar el mandato Torrijos, exigimos que se dé seguimiento a los dineros gastados en la reparación de escuelas, que se hagan auditorías a proyectos como la cinta costera, a los contratos otorgados a la empresa Odebrecht por más de 500 millones de dólares; exigimos un examen de los dineros usados en el FIS y que se revise la adenda de los contratos asignados a los proyectos de esa entidad; exigimos cuentas por el Transmóvil, el dietilene glycol y la fibra de vidrio.

Como colofón, una auditoría en la Corte Suprema de Justicia reveló serias irregularidades en algunas de las dependencias que administran justicia, lo que nos hace sentir impotentes. ¡No sabemos quién nos puede defender ni en quién confiar!

El pueblo exige claridad en las respuestas y quiere ver el resultado de las investigaciones, porque en algunos casos fueron vidas humanas las que se perdieron, y en otros, fueron nuestros impuestos. Ningún panameño quiere ver colgado de un árbol a nadie, solo queremos justicia, que nuestros gobernantes sean espejos de transparencia para los ciudadanos; que la Joya y la Joyita no sean meros depósitos de humanos; queremos ver a todos y cada uno de los funcionarios públicos que han robado, no botados del Estado ni trasladados a otras dependencias, los queremos ver privados de su libertad, porque el que delinque tiene que ir a la cárcel.

El caso de la educación va de la mano con la transparencia. Hemos visto, año tras año, cómo se pierde la calidad de la enseñanza y el Ministerio de Educación se ha convertido en un centro de discusión permanente, debido a que las clases no comienzan y se despilfarra el dinero del Estado en contratos mal asignados para la reparación de escuelas y dotación de equipos.

No podremos tener nunca a un buen ministro (a) de Educación, si se desgasta cinco años peleando con los gremios y tratando de arreglar las escuelas, cuando el problema de fondo es la mala calidad de educación que produce graduados del nivel secundario mal preparados.

En cuanto al transporte, creo que hay poco que añadir. Usted mismo lo palpó recorriendo un trecho en un “diablo rojo”. Pero además de eso, están los sistemas colectivos de taxis que “no van a ningún lado”. Hay que buscar la forma de evitar esto, entendiendo la situación de ellos y el colapso de la flota vehicular que ha sufrido en nuestras calles, que ya no tienen para donde crecer, por una pésima planificación vial urbana. Usted nos prometió un metro –y estoy segura que cumplirá– pero mientras se concreta la construcción, deben darse soluciones que no pueden esperar más de dos años.

Debo señalar que la sociedad civil trabaja con las herramientas que tiene a mano, organizándose de distintas formas y está dispuesta a contribuir con el Gobierno, si ve cumplidas las aspiraciones de vivir en un país de paz, de desarrollo, de equidad; en donde los ciudadanos de cualquier raza se mezclen en armonía, como siempre ha sido; donde todos paguemos los impuestos porque estamos seguros de que se destinarán a obras sociales que elevarán el bienestar de todos, y en donde no se pida coima por tramitar el mínimo documento. Coincido plenamente con su frase célebre de que el equipo que llevará adelante esta difícil tarea “puede que meta la pata, pero no la mano”. Eso esperamos, Sr. Presidente.

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Publicado el  9  de julio de 2009 en el diario La Prensa; a quien, al igual que al autor, les damos todo el crédito que les corresponde.

Un gran aporte a la Nación

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Un gran aporte a la Nación
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Juan Ramón Morales
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Durante la campaña se atacó a Ricardo Martinelli por ser el propietario de una cadena de supermercados para demeritar su aspiración presidencial, al colocarlo frente a situaciones de conflicto de intereses, pero en tanto más se le atacó, más se consolidó su candidatura, producto del cambio mental de los panameños.

Ricardo Martinelli no solo tiene la cadena de supermercados, tiene varias empresas, es su norte promover empresas. Ha generado varios miles de puestos de trabajos. Qué lástima que no haya 300 Ricardo Martinelli más en nuestra tierra istmeña, esto significaría 750 mil plazas de trabajo, erradicando casi el desempleo y consolidando la economía panameña.

¿Quiénes podrán decir lo mismo que Ricardo Martinelli? Emplazo a sus detractores a que hagan gala de esa exuberante noble misión de crear puestos de trabajo en la cantidad generada por él.

El Estado tiene el deber de estimular a la empresa privada para la generación de puestos de trabajo, y quién mayor que él tendrá como gobernante esa autoridad moral para decirle a los panameños: deben crear puestos de trabajo para que contribuyan en la consolidación de la economía. Es muy cómodo para aquellos gobernantes que no han creado un solo puesto de trabajo, decirle a los inversionistas que arriesguen su dinero, monten empresas y, por el otro lado, azuzan a los sindicatos para que acaben con ellas. Así lo ha hecho siempre el PRD.

Teníamos a un Presidente que creó puestos de trabajo, pero fuera de Panamá, en Santo Domingo.  Flaco favor le hizo a los panameños. Pero desde el 1 de julio, el nuevo Presidente de los panameños podrá pedir que se le imite, y lo hará –como ya expresé– con autoridad moral.

Es oportuno destacar que si fuera responsabilidad única de Ricardo Martinelli hacer desaparecer el desempleo, ya lo hubiera hecho. Parece que fuera pecado que Ricardo Martinelli tenga a muchas familias panameñas llevando el sustento a sus casas como lo ha hecho a través de muchos años, no ahora por motivos políticos.

Otra de esas labores tesoneras lo constituyen las fundaciones que cubren toda la geografía nacional y en donde cientos de jóvenes reciben becas para estudiar. También por esto fue atacado Ricardo Martinelli y se le recriminó, porque es al Estado al que le corresponde dar becas, no a él,  ¡mi madre, qué señalamiento tan miope!  La respuesta indispensable es: si con sus fundaciones ha otorgado becas como lo ha hecho. ¿Cuántas becas más se empeñará en otorgar como Presidente de la República?

Los fondos que antes se canalizaban para botellas, ahora tendrán un destino promisorio. El crecimiento intelectual y moral de la juventud panameña, de esa juventud irredenta y olvidada, a la que este gobierno volverá la mirada para reivindicarla al salir del ostracismo económico y social en donde ha vivido, pese a todos los obstáculos que ha puesto en el camino el PRD al nuevo gobierno. Así son las cosas.

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Publicado el  8 de julio de 2009 en el diario La Prensa;  a quien, al igual que al autor, les damos todo el crédito que les corresponde.

Amenaza al poder judicial

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Amenaza al poder judicial

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Irving Domínguez Bonilla
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Las declaraciones vertidas, recientemente, por parte del presidente Martinelli evidencian una intromisión directa en un poder del Estado, lo cual constituye una flagrante violación al principio de separación de los poderes y una amenaza velada al sistema de administración de justicia. Esto simple y llanamente, porque las decisiones jurisdiccionales no se allanan a las arbitrariedades que comete el Ejecutivo en sus funciones.

Los señalamientos en contra de la Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia van dirigidos, directamente, a la sacrosanta función de administrar justicia, ya sea porque se han tomado medidas provisionales o bien emitido fallos que afectan al Estado. Este llamado de atención es hecho de forma severa y se enfatiza en que no será tolerante de resoluciones judiciales contrarias a los intereses de la Nación.

A quienes, diariamente, nos toca litigar ante esta sala de la Corte, consideramos que esas afirmaciones son desafortunadas, agoreras y constituyen una espada de Damocles sobre la cabeza de los magistrados al momento en que les corresponda, frente a un problema jurídico evidente, fallar en contra del poder Ejecutivo. ¿Qué esperanza tenemos los particulares frente al ente estatal que viola las leyes y procedimientos en la emisión de sus actos o bien la posibilidad de ser resarcidos por los daños causados por este en su gestión diaria, si el dirimente, quien debe declarar el derecho, se encuentra amenazado y secuestrado en su principal función: administrar justicia?

El administrador del poder Ejecutivo debe dar muestras de cordura, serenidad y respeto frente a los restantes Órganos del Estado. Con intimidaciones y amenazas, no se puede conminar al juzgador a que ceda frente a las protuberantes ilegalidades y daños que pueda ocasionar el Estado a los administrados. Hago propias las palabras del autor Santiago Sentis Melendo al referirse a este tema, cuando señala que “una Nación podría vivir con ministros prevaricadores, pero no puede vivir sin justicia. Si el Gobierno, en nombre de la razón de Estado, puede impedir a los magistrados que instruyan según su conciencia y a los tribunales que juzguen, ya no hay ninguna seguridad jurídica ni ninguna garantía para nadie, a decir verdad, ya no hay Estado” (citado por Pedro Barsallo, Apuntes de Derecho Procesal I).

Si el señor Presidente está disconforme con las decisiones de los tribunales y salas de la Corte Suprema, debe procurar y velar para que las instituciones y dependencias del Órgano Ejecutivo actúen respetando los derechos particulares y conforme a la ley; puntos estos que son los principales motivos que generan las demandas en contra del Estado. Estoy seguro de que los actuales magistrados harán respetar la Constitución y la ley, únicos elementos normativos a los cuales se deben, ya que han evidenciado hasta la fecha con su actuar que “todavía quedan jueces en Berlín”.

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Publicado el  8 de julio de 2009 en el diario La Prensa; a quien, al igual que al autor, les damos todo el crédito que les corresponde.