La educación, prioridad nacional

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La educación, prioridad nacional
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Milagro B. de Calvo
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Hoy, en Panamá se habla en forma consistente sobre la “crisis de la educación” que es un problema, cada vez más evidente y casi insoluble.

La educación panameña no está respondiendo a la satisfacción de las necesidades de nuestros alumnos ni llenan sus expectativas.

La obsolescencia de los programas de estudio, la mala utilización de los recursos destinados a la educación, la apatía de los padres de familia, en muchísimos casos, la politización en este ramo, la preparación inadecuada de muchos docentes; y, ¿por qué no decirlo?, la ausencia de mística y vocación de un considerable número de maestros y profesores; la falta de motivación, intrínseca y extrínseca, en el socio del aprendizaje; la deshonestidad; la falta de autodeterminación y toma de decisiones de quienes han ocupado cargos relevantes en esta cartera, son razones a las que podría atribuirse la crisis.

Este problema no se ha generado ahora. Ya en el país se han sentido los rigores desde hace más de cuatro décadas. Hoy se está cosechando lo que antes se sembró: graduaciones apresuradas de docentes, improvisación de nuevas carreras, un despreocupado y absoluto desprecio por una educación formadora, traducido en pésimos ejemplos de falta de honradez y de respeto para la sociedad panameña.

Se critica, acerbamente, las actitudes de ministros y presidentes, pero cuando se logra el mandato, se continúa la misma lacerante y perjudicial rutina, y con acciones cada vez más vergonzosas e insultantes.

Entiendo que no es un problema de inmediata solución; sin embargo, la clara y persistente protesta y censura del pueblo de lo que acontece nos dice, ciertamente, que debe existir por parte de quienes laboramos en educación, toma de decisiones para empezar a trabajar con responsabilidad, honestidad y desprendimiento. Eso se lo debemos a nuestros niños, a nuestros jóvenes, ávidos de formación. Recatemos los valores que se han trastocados y en otros casos, parecieran haberse extinguidos.

Innovadores, debemos ser cada uno de nosotros, y determinados para enmendar los errores e ir en pos del éxito. No existe justificación alguna para postergar el cumplimiento del derecho más grande que tiene el ser humano: ser educado.

“Hagamos nosotros la diferencia”. ¡Emprendamos la tarea ahora!

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Publicado el 3 de julio de 2009  en el diario El Panamá América a quien damos todo el crédito que le corresponde.

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