El pueblo sigue en las calles

El pueblo sigue en las calles

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GENARO LÓPEZ

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Cada vez más el pueblo panameño es consciente de que sin luchas no hay victorias. Los sectores populares han estado antes, durante y después de la farsa electoral, exigiendo al gobierno que cumpla su deber constitucional de proveer las condiciones materiales básicas de vida. Durante esta semana, las manifestaciones en las calles se hicieron sentir con fuerzas desde los barrios demandando agua, reparación de calles, mejora del servicio de transporte y seguridad; desde los planteles educativos exigiendo la reparación de la infraestructura escolar y el adecentamiento del MEDUCA ante la escalada de corrupción en la institución; desde las universidades exigiendo un alto al costo de la vida; desde las comunidades indígenas exigiendo el cese de los proyectos depredadores del ambiente y el respeto a la tierra colectiva; trabajadores de la construcción demandando mayor seguridad y el pago de horas extras ante el incumplimiento de la empresas y subcontratistas.

Como si ello fuera poco, se amenaza con nuevas alzas en los bienes y servicios básicos, tal es el caso de la cesta de alimentos, donde se ha incrementado considerablemente el precio de los plátanos, la leche y se pregona un incremento del precio del arroz; por su parte en los últimos tiempos se viene incrementando el precio del combustible, con lo cual la ola inflacionaria deteriorara aún más el estrecho poder adquisitivo del salario.

Esta caótica realidad que viven los pobres del campo y la ciudad, deja preveer nuevas protestas del pueblo contra las medidas neoliberales y en defensa de su derecho a la vida digna.

Al mejor estilo PRD, Martín Torrijos, desatiende las demandas sociales del pueblo trabajador, en su defecto arremete con el uso violento de la fuerza pública y guarda silencio cómplice en los escándalos de corrupción que envuelve su administración. Igualmente continua justificando el asalto que hace el sector privado (multinacionales y gran empresa local) contra el pueblo panameño, tal es el caso de los corredores y de la empresa minera de Cerro Petaquilla, entre otros.

En medio de este escenario, el gobierno entrante de Ricardo Martinelli, se mantiene entretenido en la repartición del pastel entre las fuerzas de la partidocracia que lo apoyaron a su arribo a la silla presidencial, tal fue el caso de las exigencias esta semana del Molirena y en la preparación de una toma de posesión cuyo costo se estima en más de un millón de dólares.

Esta realidad de inequidad y de exclusión social, obliga al movimiento social panameño a organizar y unificar sus fuerzas para enfrentar las políticas antipopulares que se avecinan. Tal como llama Frenadeso, tenemos que acentuar la protesta social para enfrentar la dramática situación de pobreza en que vive el sesenta por ciento de la población, en la medida en que los gobiernos se vuelven “sordos, ciegos y mudos” cuando asumen la conducción del Estado.

Es necesario organizarnos para construir un poder popular que permita crear las condiciones para llamar a una Asamblea Constituyente Originaria, que refunda la República, como única garantía para que nuestras demandas sociales sean atendidas; para que el crecimiento económico llegue a los pobres de la ciudad y del campo, y no al minúsculo grupo que, pelechando de la Cosa Pública, sigue acrecentando sus riquezas.

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Publicado el 21 de junio de 2009 en el diario La Estrella de Panamá a quien damos el crédito que les corresponde.

Tres padres admirables

Tres padres admirables

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RENÉ HERNÁNDEZ GONZÁLEZ

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Son ellos, Alirio Patiño, Primo Ernesto González y Felipe Hernández Talavera. El primero vive, los otros dos están contando historias gratas en el mundo celestial. Alirio Patiño acaba de cumplir 95 años. En su vida no ha conocido el odio, el rencor. Cuando un adversario político de su padre Alfredo Patiño moría, él iba a darles el pésame a sus deudos. No importó el dolor infligido por revanchas políticas.

Su dedicación a la familia es al 150 por ciento. Me atrevo a asegurar que nunca le fue infiel a su esposa. Una vez realizó una llamada; ésta no se pudo concretar porque el número estaba ocupado. Accionó la palanca para retirar su moneda y ¡sorpresa!, el aparato se convirtió en una máquina del casino. Gracias a su vocación de respeto y honradez tomó la suya y el resto lo devolvió por la rendija del teléfono. “Lo que no es de uno se respeta” , me dijo en una ocasión.

Viajando con él hacia Gorgona le manifesté, “mi amigo Alirio, deme el secreto de la eternidad de su matrimonio”. “Eso es fácil, cuando mi esposa echa fuegos por todos lados yo me convierto en bombero” , agregó. Y es cierto, ¿cuántas parejas no terminan en desgracia porque ninguno quiere ceder? Ese consejo de don Alirio debe ser tomado en cuenta para que las relaciones de familia sean mejores.

Primo Ernesto González Gordillo murió hace poco. Una vez me contó que un par de años después de la revolución de octubre decidió, como director del colegio Rodolfo Chiari, de Aguadulce, realizar una rifa entre los estudiantes. Había que buscar fondos para solucionar ciertos problemas. Se puso en juego un billete de la extraordinaria. Compró dos fajas, una para la rifa y otra para él.

El profesor Primo era el único que sabía la numeración. Resulta que un estudiante fue el ganador, pero éste no había pagado el boleto y para colmo el billete fue el premiado el domingo que jugó la extraordinaria. Lo impactante, de esta historia, es que el profesor Primo pudo haber cambiado el suyo por el ganador. Se trataba de miles y miles de dólares que fácilmente le hubieran resuelto su vida. Si, mis amigos, pudo más el valor ético y la honorabilidad. Solo con su conciencia tomó el camino correcto.Me cuentan que argumentó para que el billete se le entregara al niño. “Yo firmé una circular donde explicaba que el boleto era de pago obligatorio y el estudiante tiene derecho al premio”. Esta historia la narré el día de su entierro y los profesores que la conocían me certificaron que así fue.

Don Felipe Hernández Talavera nunca aprendió a leer ni a escribir. Se nos fue el 17 de diciembre de 1987. A pesar de su escasa formación, junto a su mujer que todavía vive, emprendieron la titánica tarea de educar a sus nueve hijos.  Sin un trabajo fijo, dándole de comer de manera intermitente a sus hijos, logró formar un hogar sólido. Hay mucho que contar sobre éstos y otros padres, pero el espacio se agota.

Felicidades a todos mis colegas en su día.

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Publicado el 21 de junio de 2009 en el diario La Estrella de Panamá a quien damos el credito que le corresponde.

El gran ausente

El gran ausente
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RAFAEL MONTES GÓMEZ
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Mi hermano Rolando falleció en la noche, horas antes de las pasadas elecciones. Él tuvo la entereza, la voluntad, la gallardía de soportar una enfermedad tan terrible como es el cáncer. Comprometidos como estábamos con una candidatura, Dios dio a mi familia y a mí la fuerza de voluntad de seguir participando el 3 de mayo en todo el movimiento político que requiere una elección y arreglar todo lo del funeral para el día martes 5 de mayo.

Fue una larga y penosa convalecencia, por ser él un hombre valiente, capaz, vasto intelectual, absolutamente brillante. Tal fue su estado de postración que ya no podía valerse por sí mismo. Hubo momentos en que pensamos que ya desfallecía totalmente a causa de esta enfermedad invasiva y maligna, ni siquiera comía. El doctor en el Hospital Oncológico nos hizo ver que su situación no iba a mejorar, antes bien se acentuaba el crecimiento del tumor canceroso que se estuvo alimentando de sus órganos y le producía sangrado gastrointestinal.

Un día mi hermano estuvo de buen ánimo, increíble, se veía de mejor semblante y parecía mejorar. No es que era incrédulo, pero sí manifesté a algunos que él estaba experimentado lo que llaman “la mejoría de la muerte”. La parte buena de la voluntad de Dios, es que Rolando ya era converso, él confío y entregó su vida a Jesús, y Dios dio a nuestra familia y a sus hijos, paz y consuelo, como solo el Espíritu Santo puede dar.

Rolando es en mi familia el gran ausente en este día del Padre, pero tenemos la certeza eterna de que su alma partió con el Creador. Quiero agradecer por medio de estas líneas a todos mis amigos y hermanos por sus oraciones a favor de la salud de mi querido hermano y a quienes en todo momento nos brindaron su voz de aliento.

Fieles a Dios y al conocimiento de su palabra, sabemos que “enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” , Apocalipsis 21:4.

Gracias, a todos los que estuvieron pendientes de nosotros.

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Publicado el 21 de junio de 2009  en el diario la Estrella de Panamá, a quien reconocemos el crédito que le corresponde.

‘¡Papá!.. enséñame a morir’

‘¡Papá!.. enséñame a morir’
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GERALDINE EMILIANI

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En estos días acudí a un supermercado de la localidad para mis compras de rutina. En el pasillo de ventas de licores observo a un niño de aproximadamente ocho años que empujaba una pequeña carretilla. Junto a él estaba su padre. Cuál fue mi asombro cuando descubro que ambos comparaban precios y calidad de productos embotellados de ron, seco y vino, así como de mezcladores.

Me sorprendió la manera tan desenvuelta de la criatura al referirse a la calidad y elección de los productos en mención.
Me impresioné y quedé desconcertada. Mi desagrado no se hizo esperar y me acerqué al padre manifestándole mi inquietud. Éste respondió: “Es que así se hace hombre”.

Si hacerse hombre es acompañar al padre a escoger entre calidad y precio una botella de bebida alcohólica y, exponer a una criatura ante tal situación, es definitivamente una perversión y negación de lo que es el concepto correcto de hombre y de los valores humanos.

Esa es la imagen inadecuada que muchos heredan de generación en generación; es la imagen que aparece en novelas, revistas, cine, televisión y en miles de hogares panameños.

Con una escena como la anterior de seguro el niño cuando adulto podría terminar siendo un adicto al alcohol.

Hay padres que son demasiado flexibles, permisivos y debido a su mal ejemplo se convierten en causantes de las enfermedades de sus hijos. Un ejemplo clásico son las fiestas que celebran los muchachos en sus casas, en las que, si no hay bebidas alcohólicas no hay celebración alguna.

Ser padre es comprender la necesidad de adoptar una disciplina basada en principios sanos, y así transmitirla a sus hijos y éstos a los suyos. Es la oportunidad de hacer algo bien hecho. El que desconoce esto es un ignorante y da como resultado una enfermedad personal y social: carencia de identidad masculina.

¿Quién es el verdadero hombre: el que practica la violencia, el sexo libre, el que consume droga y alcohol excesivamente, el que grita, y el que más mujeres tiene? De éstos abundan y son fáciles de reconocer.

Hay quienes se dejan desabrochados los primeros tres botones de la camisa para mostrar que son hombres de pelo en pecho. Por supuesto, esta fórmula da como resultado una imagen falsa, distorsionada y equivocada, común en nuestra sociedad.

Un niño jugando a ser hombre al cotejar una botella de bebida alcohólica, no se compara ¡jamás! con uno inclinado sobre un buen libro, viajando a velocidades supersónicas por el tiempo cerebral y el espacio intelectual.

Ser padre y hombre es la tarea más importante que enfrenta el ser humano, ya sea por decisión propia o por casualidad.
Lamentablemente, al comienzo nadie sabe cómo hacerlo, y cuando lo aprende, los hijos ya han crecido y han ido dejando atrás ese regalo de ellos a sus padres: la culpa.

Suelo referirme al caso de un joven que resultó gravemente herido en un accidente automovilístico. En sus últimos momentos le dijo a su padre: “Papá, me enseñaste todo lo que necesitaba para pasarlo bien en la vida: cómo encender un cigarrillo, cómo sostener un vaso de licor y cómo tener relaciones sexuales de manera libertina. Pero nunca me enseñaste cómo debía morir. Enséñamelo pronto papá, porque me estoy? muriendo”.

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Publicado el 21 de junio de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos el crédito que le corresponde.

Del libro ‘Estrellas clandestinas’

Del libro ‘Estrellas clandestinas’

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ROBERTO DÍAZ HERRERA

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No me refiero aquí a lo que denominaron para 1989 Just Cause los mismos que bailaron, comieron y gozaron junto a un hombre sin escrúpulos, como lo fue Manuel Antonio Noriega.

Washington inventa, cuando el dictador no les servía, una invasión avasallante a Panamá «para sacar al bandido», su bandido. George Bush, padre, definió estas acciones como «necesarias para cazar al bandido de Noriega». La verdad, solo lo intentan sacar cuando el títere se había quedado sin cuerda, precisamente por el escándalo mundial que provocaron mis suicidas declaraciones del 7 de junio de 1987.

Produje tal conmoción, luego de un fallido golpe militar interno que intenté en septiembre de 1985, cuando el dictador manda a asesinar a mi amigo conceptual Hugo Spadafora. Realicé entonces una complicada estrategia que impactó a los panameños, atrajo la atención internacional, con una agitación social descomunal; todo me era permitido frente al peligro inenarrable de retar no solo a Noriega, sino también a todo ese engranaje corrupto —los estamentos clandestinos en Washington— que lo sostenían y le habían dado inmunidad e impunidad, aunque para junio de 1987 no podía saberlo.

Hoy todo está desclasificado. En Panamá, hasta la fecha, ni el 1% conoce todavía la verdadera dimensión de los peligros que enfrenté al denunciar al dictador por narcotráfico y crímenes. La mayoría de testigos de aquellos hechos, se queda en la epidermis, criticando mis propias declaraciones —que incluyeron autocríticas, como parte de mi táctica, utilizada a fin de atraer la credibilidad de las gentes. Sabía que era difícil creerle a un militar de alto rango, por estar próximo a Noriega. Calculé muy bien, al saber que él tenía nexos íntimos con la CIA.

Mi proceder estratégico no podía hacer caso de tales críticas, generalmente celosas de políticos nacionales. Yo necesitaba hacer estallar una revuelta tal, sin precedentes en el istmo, aún a costa de mis autocríticas punzantes, porque ya sospechaba al menos que Noriega no era sino un alfil de un ajedrez diabólico, donde el rey, la reina, las torres y los caballos estaban guarecidos en castillos más altos, en Washington.

De no haber ideado tal estrategia, el dictador me habría despedazado en horas luego de mis primeras declaraciones, asaltando mi casa y encarcelándome, con lo cual terminaba mi explosión.

La marea humana que me rodeó por cincuenta largos días, circulando a toda hora frente a mi casa, me valió no solo como escudo y póliza de seguridad para mis familiares y allegados —lo confieso—, sino como empuje de coraje y valor incalculables, cuando atraje sobre mi persona la mayor cantidad de reporteros concentrados en Panamá por más de un mes, en toda su historia. El resto, las habladurías de los que nunca han hecho otra cosa con sus huevos que comérselos fritos, me tienen hoy sin cuidado.

La historia se definió después, y una sola muestra del laberinto infernal que viví fue la condena moral que el propio Congreso norteamericano impone luego a capos políticos republicanos, acusados por el senador John Kerry, el cual simultáneamente conmigo, y sin que nos conociéramos, libraba otra batalla descomunal para develar el hilo maloliente del escándalo «Irán-Contras», precisamente la sociedad que unió a Noriega con Reagan y Bush, a través del oficial de sus “marines”, Oliver North>.
(Del libro en imprenta)

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Publicado el 22 de juni de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos el crédito que le corresponde.

Alto a la crónica roja

Alto a la crónica roja

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ERNESTO A. QUIJADA DÍAZ
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Una práctica negativa se ha entronizado en nuestra TV y/o medios de comunicación, al adoptar como norma el presentar hechos de violencia, sangrientos, dramáticos, accidentes de tránsito, peleas domésticas, riñas entre vecinos, y todo lo que antes era vedado a esos medios.

Es injusto que cada espacio de noticias que conlleva aproximadamente 38 minutos, más de 20 sean utilizados para resaltar lo negativo de nuestra sociedad y a minimizar el esfuerzo de las autoridades ante la delincuencia, porque la repetición de estos hechos magnifica eventos insignificantes.

Un asalto a un chino, peleas de homosexuales, riña entre vecinos, un par de borrachos, un accidente de tránsito, un robo, un asalto y lo mas triste se invade el terreno personal de las familias cuando se registran los sepelios de personas, presentándole a todo el país una situación que tiene un ámbito reducido en el seno de una familia.

Estos programas antes dedicaban espacio a promover valores éticos, morales, culturales y a registrar hechos positivos del país que aspira a superar escollos y alcanzar metas para mantener su crecimiento.

En muchos países del mundo en términos de periodismo existe una rama especializada conocida como “crónica roja” especialidad que también requiere, para su tratamiento y difusión de medios de comunicación social especializados. La práctica se convierte en una estafa a los anunciantes y publicitarias, pues, se paga varias veces por la misma información.

En términos generales nuestra televisión ha caído en una sequía profesional, porque también se han incrementado los espacios que denominan “de producción nacional” , que son una vitrina a los charlatanes, esquilmadores y estafadores de las mal llamadas ciencias ocultas, a dizque presentadoras que exhiben sus pechos siliconizados, maquilladas como cabareteras  y enfundadas en vestidos de 4.95,  pero que se esmeran en sentarse de forma lujuriosa, en una carrera por presentar posturas ridículas que ellas definen con eróticas. También aparecen presentadores con una dudosa proyección masculina.

En medio de toda esta interminable y criticable costumbre se comienzan a levantar voces de protesta de una sociedad que aspira a poder ver las noticias, sin los sobresaltos que la televisión de hoy nos ofrece.

Inclusive otros medios que no han adoptado esta práctica ya se pronuncian a favor de una pronta rectificación. Ya presentadores como Juan Carlos Tapia, La Estrella de Panamá , La Prensa , el Panamá América , emisoras y varios canales de televisión han comenzado a sumar esfuerzos para acabar con tanta chabacanería y ordinariez que a diario tenemos que soportar en el país.

El bajo nivel que mantienen estos medios y programas supuestamente estelares, que lo único que hacen es engordar ficticiamente el bolsón de hechos violentos, lleva a muchos panameños a pensar que lo que están es exaltando la violencia y contribuyendo a su incremento mediante la ruptura de una norma que tipifica estas acciones como apología del delito , y exaltación del crimen y la violencia.

Es tiempo ya de que nuestras autoridades y la mal llamada sociedad civil, grupos cívicos y entes morales, se pronuncien con valentía y carácter sobre ésta situación que están protagonizando los dos consorcios televisivos del país y dos pequeños de reciente data.
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Publicado el 22 de junio de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos el crédito que le corresponte.

Pasos hacia atrás

Pasos hacia atrás

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PEDRO SITTON URETA
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La sociedad panameña requiere contar con una cultura de derechos humanos en democracia, para que pueda ejercer plenamente las libertades públicas y las garantías constitucionales para que de esta forma, ya sea de manera individual o colectiva, ir perfeccionando y avanzando en constituir el denominado Estado constitucional de derecho por el cual luchamos en dictadura.

Sin embargo, es lamentable que este gobierno haya dado pasos hacia atrás en el correcto sendero democrático para la protección y promoción de las normas internacionales de derechos humanos al darle carácter de permanente al estatus de asilado de Cedras, Serrano y Bucaram.

Es una bofetada a la justicia de aquellos pueblos a los cuales ellos se encargaron de asesinar, violentar el orden constitucional o robar a las arcas del Erario Público.

Asimismo, no podemos callar sobre la decisión de la Corte de no conceder la advertencia de inconstitucionalidad presentada por el Dr. Miguel Antonio Bernal, pues la misma lo deja a merced de las fuerzas oscuras del PRD que regentan la Universidad de Panamá que ahora en democracia pretenden utilizar instrumentos jurídicos que atentan contra la libertad de expresión y que violan claramente instrumentos internacionales de derechos humanos ratificados por Panamá.

No podemos permitir que el rector García de Paredes, servil de la dictadura militar, logre destituir al profesor Bernal, porque, además de ser una canallada en contra de un académico, es una persecución política que debemos, no solo censurar, sino denunciar y todos los demócratas de este país debemos apoyar sin condiciones a un panameño meritorio que luchó por la plena vigencia de los principios democráticos.

Por ultimo, debemos seguir denunciado el retroceso democrático que ha resultado de la decisión del magistrado Pinilla en torno al caso de Bosco Vallarino, pues, él solo ha logrado burlar la voluntad popular de 160 mil ciudadanos panameños residentes en la capital que votamos por un cambio y nos recuerda la triste época en que “las botas valían más que los votos”.

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Publicado el 22 de junio de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos el crédito que le corresponde.