El capital docente

El capital docente

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Por:  JUAN BOSCO BERNAL – Ex Ministro de Educación

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El inicio del año escolar y el umbral de la gestión de un nuevo gobierno, es un momento importante para reflexionar sobre la tarea docente.

De todas las profesiones y oficios dignos que existen, probablemente sea la docencia la que tiene mayor impacto en el porvenir de la sociedad. Esta profesión es responsable por una buena parte del fomento, incremento y preservación del conocimiento y del capital más preciado que tiene el país para construir el mañana: el recurso humano.

Es difícil encontrar alguien que de manera individual o colectiva, influya tanto como el personal docente en el crecimiento de las capacidades humanas, en las competencias, valores y comportamientos que deben tener las personas para ejercer la ciudadanía, vivir, trabajar y seguir aprendiendo en el futuro.

La profesión docente, como otras, se enfrenta a desafíos sin precedentes en la sociedad de la información signada por el valor del conocimiento, la innovación tecnológica, la velocidad y alcance de las comunicaciones, así como por los cambios en la economía y la cultura.

En el pasado el oficio de enseñar fue muchas veces de carácter artesanal, empírico y de escasa complejidad. Posteriormente se tornó en una profesión que exigía una formación de nivel superior y se le demandaba el dominio, no solo del conocimiento de su especialidad, sino, al mismo tiempo, de la pedagogía indispensable para enseñar y asegurar aprendizajes significativos. Esta ola incluyó también al cuerpo docente universitario, que durante mucho tiempo consideró suficiente contar con la especialidad en un campo del saber. Actualmente, además, se ven exigidos a formarse en docencia universitaria.

Pasamos a la sociedad con empleos estables, donde el diploma de la escuela y la universidad era la credencial que servía a lo largo de la vida de las personas. Hoy, se reconoce que los empleos son cambiantes y la movilidad laboral incesante. Igualmente, de una sociedad donde el conocimiento era patrimonio de la institución educativa y el docente, se pasa a otra donde el conocimiento está en el ambiente y al alcance del estudiantado por diversos medios (Internet, TV por cable, radio, libros). Estos cambios, lejos de anular el valor del personal docente, reafirman su importancia y le plantea un panorama de nuevas exigencias con perfiles adecuados a los nuevos tiempos. De esa manera, se entiende que la tarea docente de hoy y del mañana va más allá de trasmitir información a los alumnos y cumplir el ritual de organizar, dar la clase y calificar los resultados obtenidos.

Ahora, además, son requeridas otras habilidades técnicas, personales y sociales para asegurar en el alumnado los resultados esperados en los aprendizajes. Entre ellas se cuentan crear interés y altas expectativas de aprendizaje, propiciar el desarrollo de sus habilidades cognitivas complejas.

Esta pluralidad de funciones torna crecientemente compleja esta profesión y demanda que su formación y actualización sean reorientadas hacia el desarrollo de competencias docentes con un enfoque inter y transdisciplinar en las estrategias científicas y pedagógicas.

Así entendida esta tarea, la formación y ejercicio de la profesión docente se inscribe dentro de un proceso permanente de aprender, estructurar y reestructurar conductas y competencias (conocimientos, habilidades y valores).

Con unos 50 mil profesionales en el sistema educativo (desde el preescolar hasta la universidad), con sus fortalezas y debilidades, los educadores representan la mayor fuente colectiva de sustancia gris del país. Sin embargo, por diversas razones, ese capital es desvalorizado y subutilizado.

Los frecuentes reveses de las políticas y planes educativos, reflejan las dificultades en asegurar los consensos y responsabilidades compartidas en esas aspiraciones. Lo cierto es que ninguna reforma o cambio educativo es posible sin el concurso de este personal, por lo que es indispensable contar con su disposición positiva. Más que actuar sobre los docentes o contra ellos, de lo que se trata es de trabajar juntos en el proyecto educativo que se impulse.

El cuerpo docente puede llegar a constituir el factor estratégico del cambio educativo cuando está motivado y comprometido con ese proceso. De allí la importancia de aprovechar el enorme potencial y la incalculable energía de este colectivo que tiene el país en favor del avance de la educación y del desarrollo nacional.

Pequeños movimientos en la dirección correcta, pueden lograr en este vasto sector el impulso necesario para producir las alteraciones en los comportamientos y actitudes deseables en relación con el cambio previsto. Las políticas educativas efectivas de formación y actualización continua, de estímulos profesionales y financieros, de evaluación de desempeño y control de calidad, de recursos educativos modernos y suficientes, de renovación en el entorno institucional y social, pueden ser piezas claves en el desarrollo integral, oportuno e inteligente del personal docente. Esta representa una vía de valorar y aprovechar el capital docente de Panamá.

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Publicado el 18 de junio de 2009 en el diario La Estrella de Panamá.