Fosilización de la Universidad?

Fosilización de la Universidad?

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Por Edwin R. Molina J. – Docente Universitario
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La Prensa del 1 de junio (de 2007) publica esta declaración del secretario general de la Universidad de Panamá: “la universidad no puede fosilizarse, pues debe darle paso a la juventud, ya que la ciencia y la tecnología así lo exigen”. Expresión grosera e irrespetuosa. Insulto a la inteligencia. Ideas retrógradas como esa son las fosilizadas que deben salir de la universidad, porque atentan contra derechos y dignidad de profesores de edad avanzada que hemos dedicado lo mejor de nuestras vidas a servir con lealtad y devoción a la institución y no a servirnos de ella como algunos oportunistas enquistados en la misma.

Según la concepción mezquina del secretario, Virginia Tech, en EU, será fosilizada por emplear un profesor de 78 años que enfrentó al asesino ofrendando su vida para salvar la de sus alumnos. ¡Qué curioso! Tanta devoción y reconocimiento al octogenario caribeño y su capacidad para seguir mandando mientras menoscaba derechos y capacidad de profesores panameños para laborar en nuestra universidad. ¿Dónde está el cacareado fervor patriótico y nacionalista del secretario?

Según el diccionario, fósil es “fragmento de animal o planta petrificado que se encuentra en diversos terrenos geológicos. Muy viejo. Atrasado”. Viejo es el sol y aún alumbra, señor secretario. Ser viejo no es delito. Mi profesor de español, don Luis Oscar Miranda, escribió este pensamiento: “no es la edad solo una acumulación de años: es la pequeña cumbre personal que la vida nos regala para mirar desde la altura… Es la edad el camino de vuelta para volver a vivir con las manos limpias y el corazón sosegado. Demos gracias al cielo por regalarnos la edad, que hace más apacible y claro el camino”.

Tenemos el derecho constitucional al trabajo para hacer más apacible, sosegado y digno el camino, pero una ley aberrante nos restringe ese derecho. En cuanto a que hay que dar paso a la juventud, los adultos mayores nos identificamos con esa aspiración, pero no estamos obstaculizando ese acceso. La creación de fuentes de empleo no es responsabilidad nuestra.

Las posiciones que obtuvimos y nos arrebataron fueron ganadas en buena lid sin echar a patadas a nuestros venerables maestros y ejercidas con responsabilidad y solvencia académica. La afirmación del secretario fomenta irresponsablemente actitudes irrespetuosas y la confrontación hacia el adulto mayor, posturas que se apartan de las recomendaciones de la ONU de crear una imagen positiva de la vejez.

Recomendamos al secretario actualizar sus conocimientos desfasados y atrasados, es decir, fosilizados, sobre los acuerdos, políticas y recomendaciones de la OIT y de la Segunda Asamblea Mundial del Envejecimiento, Madrid 2002, de la ONU, para que descubra que la Ley Faúndes y sus conceptos no encajan en los criterios sobre el tema, elaborados por expertos y recomendados por el organismo mundial a los gobiernos de los países miembros.

Panamá lo es y lo mismo que la universidad, está comprometida a seguir los lineamientos de dicho organismo y no los desacertados del secretario.
El autor es docente universitario

Publicado el 12 de junio de 2007 en el diario La Prensa, página 13A

Principales conclusiones de la campaña política 2009

Principales conclusiones de la campaña política 2009

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Pacífico Chung

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El poder de los medios quedó demostrado cuando Martinelli derrotó a las fuerzas políticas tradicionales en este país, basándose primordialmente en una campaña mediática bien focalizada y dirigida. La era del voto casa por casa, comunidad por comunidad parece estar por desaparecer.

La penetración de los medios masivos superó el impacto de medidas tradicionales como las actividades de masas. Buenas noticias para los publicistas, pero mala para nuestra imperfecta democracia.

En el financiamiento de las campañas y las encuestas, tanto Herrera como Varela sufrieron en carne propia este nuevo tipo de campaña. Una campaña sostenida en los medios cuesta significativamente más. Aquí entra una vieja lección: el capital juega a ganador.

A medida que se consolidaba Martinelli en las encuestas, así mismo la capacidad de conseguir financiamiento de los demás candidatos se deterioró. Las encuestas no decidieron directamente las campañas, pero sí lo hicieron en forma indirecta: dirigían el financiamiento. La lección que queda para los futuros candidatos es un fuerte financiamiento personal para decidirse por una aventura electoral.

La democracia interna cuesta demasiado. Si bien las elecciones internas se convirtieron en una necesidad con el paso de los procesos electorales, en este último proceso electoral demostraron ser un enorme costo para las estructuras políticas del PRD y el Panameñismo. No solo por la división interna que causan los procesos, sino porque los procesos internos le brindaron a Martinelli la oportunidad de atacar a todos los demás candidatos sin recibir respuesta alguna. Estaban demasiados concentrados en sus procesosinternos.

Así Martinelli logró posicionar conceptos clave en el elector: más de lo mismo, necesitamos un cambio, etc., conceptos que luego utilizó para cimentar su campaña. Cuando los demás candidatos trataron de reaccionar, los conceptos que estaban en la mente de una gran parte de elector.

El peso de las divisiones internas. Cuando un partido político alcanza un determinado tamaño y una determinada edad se fractura internamente. Es un proceso natural.

Sin embargo, las contradicciones internas de los partidos políticos a veces se hacen tan importantes, que los conflictos internos superan los intereses del conjunto del partido. Esto lo vivió Varela cuando luego de su victoria, algunas corrientes internas del panameñismo se quedaron de brazos cruzados durante su campaña mientras otras conspiraban activamente en su contra. Aquí el interés primordial no era la victoria del panameñismo, sino la derrota de Juan Carlos Varela. Ídem en el caso de Balbina Herrera.

Cambio Democrático, un gigante con pies de barro. En algunos sectores como en San Miguelito, el CD logra una enorme votación en plancha, pero en otros muchos lugares el PRD y el Panameñismo mantienen su primacía. Esto nos hace pensar que el electorado se segmenta: el voto urbano, más independiente es más orientado a la votación de nuevas fuerzas políticas, mientras que el voto rural aún mantiene viejas lealtades, un voto más tradicional. Se puede ganar la presidencia, pero no obtener la viabilidad política sin los partidos tradicionales por el momento.

Publicado el 6 de junio de 2009 en el diario La Prensa

La Cruzada Civilista y el futuro del país

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La Cruzada Civilista y el futuro del país
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Saúl Maloul – Abogado

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Desde esta tribuna, quiero felicitar a un medio de comunicación que hace unos días dedicó parte de la mañana a rememorar la innegable huella que la Cruzada Civilista dejó y seguirá dejando en la construcción democrática panameña.

Hay quienes ven a la política como la siguiente elección. Y existen quienes vemos a la siguiente elección como una oportunidad para seguir construyendo al país.

Así, podemos quedarnos con el análisis simplista de que la Cruzada Civilista frustró su accionar por la distancia entre sus objetivos y su concreción política. Lo que me hace recordar al movimiento independentista del siglo pasado. Fueron mayoritariamente los conservadores del istmo quienes concibieron y dirigieron el movimiento, para que los primeros años de la República presenciaran el desvanecimiento del partido conservador, frente a la hegemonía liberal.

De igual manera, los civilistas trabajamos, cada uno desde nuestras trincheras correspondientes, -nosotros estábamos en la universidad-, pero fueron los políticos tradicionales quienes hábilmente capitalizaron el movimiento. No hay que afligirse demasiado por eso, así, con esas paradojas se han escrito muchas historias que resultaron ser exitosas al final.

Quiero rescatar el valor de la independencia que sembró en nosotros, y en otros miles de panameños, la Cruzada Civilista. Y cómo esa independencia se manifiesta tímidamente al comienzo, con la conformación efímera del partido Renovación Civilista, cuyo primer gran candidato presidencial fue el Dr. Rubén Darío Carles en 1994.

Después de que el tradicionalismo político volvió a vencernos en 1999 -a pesar de la candidatura independiente del Ing. Alberto Valllarino-, esa independencia política, por primera vez desde 1990, se transforma en poder político efectivo, que hace posible la llegada al poder de Martín Torrijos Espino y mucho más evidentemente, en el 2009, la del empresario Ricardo Martinelli.

¿Qué nos espera de aquí en adelante? No podemos construir la democracia linealmente, porque paralelamente ocurren muchos cambios de toda índole, con los que la democracia debe estar al día. La oposición debe reformular su liderazgo, del que tal vez, salga emergente, la figura fuerte del Dr. Ernesto Pérez Balladares.

Debo recordar, para los que sufren de amnesia, que el gobierno del Dr. Pérez Balladares fue bien ponderado, tanto por opositores como por gobiernistas, hasta que se le ocurrió la idea de presentarse para la reelección presidencial. En ese caso, el país le estaría apostando a un viejo zorro de la política panameña, y a una segunda vuelta de cambios en las estructuras económicas del país.

El gobierno entrante tiene varios buenísimos candidatos visibles, si tan sólo para mencionar a dos de ellos, a los ingenieros Juan Carlos Varela y Alberto Vallarino, ambos panameñistas. Y tal vez, el talón de Aquiles del gobierno, sea no el fondo, sino la forma. Si no sucumben a la tentación siempre presente de dividirse, sino que se mantienen fuertes frente a la idea de mantener la alianza unida, a través de elecciones primarias inter partidarias.

Esperemos también el reto de un sector de la izquierda independiente del país, que puede materializarse a través de la candidatura presidencial del profesor Juan Jované.

Las propuestas de quienes serán gobierno a partir del primero de julio, siempre se han preocupado por ser más proteccionistas, y han reclamado una presencia del Estado y una marcha de cambios mucho más lentos que los que su némesis social demócrata ha llevado adelante. A los panameños toca decidir, -en tiempos de crisis internacional-, y dentro de cinco años, cuál de estos es el camino, y si estamos o no listos, para entender la alternancia no como el bipartidismo clásico, sino como la posibilidad de que el otro acceda.

Entendiendo, a mi modo de ver las cosas, que una meritocracia, más compleja que el modelo que hoy tenemos, se impone frente al sistema estrenado en 1990, que ya muestra visos de agotamiento.

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Publicado el 18 de junio de 2009 en el diario El Panamá América

El mercado, ¿el Estado y el bien común?

El mercado, ¿el Estado y el bien común?

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George Youkhadar Allis – Abogado – Especialista en negociaciones económicas Internacionales.

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En las interminables discusiones que suelen producirse dentro del espectro político y económico de las sociedades modernas, en especial en las de los países en vías de desarrollo, referentes al rol que el Estado, como forma de organización jurídica-política, debe tener en el desarrollo económico de las naciones, se encuentra la vieja idea que muestra al Estado como el infalible defensor del bien común de las sociedades.

Ese viejo estereotipo ha sido inculcado de manera muy eficiente en la cultura sociopolítica latinoamericana, gracias a su larga tradición populista y estatista, lo que ha conllevado a sembrar en la mentalidad del colectivo latinoamericano, una gran falacia política, según la cual el Estado, como ente jurídico-político, es el garante universal e indiscutible de la justicia, del bienestar y bien común de las sociedades, así como de su libertad e igualdad socioeconómica.

No obstante, la realidad histórica latinoamericana ha demostrado con creces la falsedad de tales creencias. Pues todos los experimentos estatistas aplicados por los diversos regímenes variopintos que han ido, desde la derecha autoritaria, como el de la izquierda totalitaria-comunistas, hasta los gobiernos con economías estatistas-populistas. Han sido un fracaso histórico, pues ninguno de ellos logró convertir a estos países de la América latina en una potencia económica emergente, ni mucho menos en una sociedad con los estándares de vida de las naciones más desarrolladas del mundo.

A diferencia de esto, el Estado, en el conjunto de las naciones latinoamericanas, se terminó convirtiendo en un aparato de fuerza, de exclusión y represión, de diversos grados y modalidades, que nunca ha dado cuenta alguna por sus actos. Y donde siempre ha justificado tales hechos como instrumento para el bien común. En este sentido, el bien común no ha sido el fin, sino que se ha convertido en el medio para conseguir otros propósitos muy diferentes. Y es que ese Estado no ha servido al ciudadano o a la mayoría social de sus respectivos países, sino que ha terminado sirviendo a sus propios intereses creados, o el de los grupos de presión, que han germinado a su alrededor, como los (partidos políticos, gremios laborales, empresariales mercantilistas y las propias burocracias estatales).

Toda ese escenario de intereses creados que ha girado alrededor de un Estado corrupto e ineficiente, junto a la mentalidad populista-estatista muy bien arraigada en las sociedades latinoamericanas, terminó estructurando un marco institucional y cultural poco propicio para el desarrollo de una economía de mercado eficiente en estas naciones, donde los agentes privados, junto a un Estado facilitador y garante de la actividad económica privada, desarrollasen políticas públicas dirigidas a afianzar las ventajas comparativas y competitivas de sus respectivos países, a través de la creación de un marco institucional y jurídico que garantice seguridad y reglas estables requeridas por los inversionistas, en especial los pequeños y medianos.

Solamente así se podría desarrollar una economía de mercado altamente competitiva, en América latina, generadora de oportunidades, riquezas, bienestar e inclusión social para los más desfavorecidos socialmente; que no sólo ofreciese mejores bienes de consumo en términos de precio y calidad, sino que generase altos estándares educativos, e instituciones públicas eficientes y funcionales al servicio de sus respectivos pueblos.

Publicado el 18 de junio de 2009 en el diario El Panamá América

Y sus hijos, ¿qué?

Y sus hijos, ¿qué?

Guillermo Márquez Briceño – Abogado y comentarista

Se habla mucho de corrupción y de corruptos; de personas que, de condición económica modesta y aún de pobreza conocida, tras haber alcanzado un cargo público de importancia, se enriquecieron. No obstante, creemos que la gran mayoría de los ciudadanos es honesta e incapaz de aprovecharse de estar en determinada posición para beneficio propio. La mejor prueba de ello, es el clamor de los miles de ciudadanos que a diario imploran justicia, solicitan sanción y critican la impunidad.

Los que ilícitamente se enriquecieron, aun cuando el delito sea comprobable o no, pero cuyo tren de vida comparado con su pasado los delate, no se dan cuenta de que están expuestos a pasar por uno de los más amargos sufrimientos. Cualquier día, inesperadamente, les llegará algún hijo o hija, con lágrimas en los ojos, a preguntarles a sus padres o a sus madres si es verdad lo que le han dicho sus compañeros o compañeras de aula en la escuela: Que no eran ricos al llegar al cargo y no podrían explicar cómo lo hicieron. Siempre será preferible no vivir en la opulencia, pero poder caminar con la frente en alto.

Desgraciadamente, ha sido tanta la corrupción inocultable, rampante y cínica de algunos de nuestros actuales funcionarios, que será muy difícil que escapen a una rendición de cuentas y permanezcan impunes y sin investigar.

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Publicado el 18 de junio de 2009 en el diario El Panamá América

Déficit fiscal panameño “made in USA”

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Déficit fiscal panameño “made in USA”

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Fernando Gómez Arbeláez – Arbitro Internacional

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Pocas legislaciones de nuestra República han sido tan vapuleadas, zarandeadas, vilipendiadas y remendadas a conveniencia en tiempo récord como la pertinente a la responsabilidad fiscal del Estado. En un país de gobiernos irresponsables y derrochadores, la tarea de encuadrar el manejo de las finanzas públicas en un marco legal bajo objetivos y controles precisos, en interés de su transparencia efectiva y con garantía de una rendición de cuentas de cara al mundo, ha sido tanto difícil como inmemorial. No obstante, hace apenas siete años que los numerosos intentos se concretaron en una ley innovadora que, irónicamente, a duras penas tuvo vigencia plena en un solo año fiscal.

La Ley 20 de 2002, sobre “medidas de Responsabilidad Fiscal”, fue pionera al desarrollar esas materias de forma ordenada y coherente. En particular, su Título II definía conceptos económicos y financieros básicos e imponía parámetros a los niveles de endeudamiento y gasto públicos, hasta entonces regidos por los criterios meramente discrecionales del gobernante de turno a través del hoy Ministerio de Economía y Finanzas (MEF).

Pero la aplicación de la Ley 20 no sobrevivió más allá del año fiscal 2003. Una de las primeras acciones del actual gobierno en 2004 fue la suspensión inmediata de los efectos del Título II. Tres diferentes ministros de Economía y Finanzas -Ricaurte Vásquez, Carlos Vallarino y Héctor Alexander- malgastaron los tres siguientes años ignorando su morosidad con el tema. Al fin, el 28 de diciembre de 2007 -Día de los Santos Inocentes- se presentó a la Asamblea Nacional el anteproyecto de una nueva ley. Este documento, redactado por el consultor y ex presidente del Banco Central de Bolivia, Jacques Trigo, se convirtió seis meses después en la Ley 34 de 2008, “de Responsabilidad Social Fiscal”.

El 1 de enero de 2009, la Ley 34 entró a regir con bombos y platillos. Estableció, entre otras normas, un tope al monto absoluto del déficit del Sector Público No Financiero -léase el nivel de endeudamiento del Estado- del 1% anual. Pero a cinco cortos meses de su vigencia, el ministro Alexander regresó fugazmente a la Asamblea el 11 de junio con otro anteproyecto en manos, uno muy distinto al anterior.

Pasando de lo sublime a lo ridículo, el ministro ahora pretende la reforma del Artículo 11 de la Ley 34 para aumentar los topes del déficit fiscal “cuando la economía de Estados Unidos esté creciendo durante dos trimestres consecutivos a una tasa de 1% real o menos …o el promedio de crecimiento de los dos trimestres de su economía sea de 1% real o menos…”.

La lectura de esa propuesta provoca náuseas. ¿Desde cuándo en las últimas décadas ha sido nuestra economía tan extremadamente dependiente de una sola, de la norteamericana? ¿Qué país soberano ha buscado una excusa tan absurda para justificar el incremento en su déficit fiscal? ¿Es acaso este gobierno tan servil e incapaz que no pudo encontrar un pretexto mejor?

Semejante condicionamiento es lesivo e inaceptable y, por tanto, debe ser rechazado por la Asamblea Nacional.

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Publicado el 18 de junio de 2009 en el diario El Panamá América

Salvar al planeta comienza en casa

Salvar al planeta comienza en casa
Jorge G. Conte Burrell – Fundador Alianza Contaminación Cero

Cada día son muchas las oportunidades que tenemos para ayudar a reducir los impactos del cambio climático como consecuencia del calentamiento global. Cada uno de nosotros, de manera individual o en grupo, podemos hacer pequeñas acciones que, sumadas, tienen la fuerza para resolver problemas comunes como la generación de basura sin clasificar, la contaminación acústica, visual, atmosférica, la deforestación y la desertificación, así como las enfermedades que generan. No obstante, nos hacemos los desentendidos, los poco interesados, los desinformados, los poco importa. Nunca consideramos nuestras acciones individuales y las empresas, la mayoría por ahora, no exhiben un comportamiento responsable con su entorno y los efectos que sobre el medio ambiente tienen sus procesos, productos y/o servicios.

Es hora de tomar acciones concretas y seguir el consejo de nuestros hijos e hijas que nos piden que los ayudemos a separar en casa los desperdicios, a recoger un día al mes la basura dejada por otros en nuestros barrios, calles, escuelas, parques y otras áreas públicas. Igualmente es hora de que las empresas hagan programas de responsabiliad social empresarial ambiental que vaya más allá de las regulaciones de producción más limpia que les exige éste y cualquier gobierno. Es la única manera de fomentar las iniciativas “Verdes” que, implementadas de manera eficiente, producen reducciones en los gastos de operación por miles de dolares, mejora la imagen de su empresa frente a los consumidores, crea clientes más fieles a sus marcas y nuevos mercados para productos innovadores.

Por su parte, el Estado debe dictar las políticas pero también implementar programas y proyectos a lo interno de sus instituciones para cumplir con las mismas exigencias que condicionan a los particulares. Es muy común ver cómo en casi todas las entidades gubernamentales y municipales, la basura, la chatarra, los muebles y otros equipos electrónicos y de laboratorio, muchos de estos con contenidos tóxicos, que son abandonados fuera de las instalaciones o dentro de las mismas sin ningún tipo de manejo y con escaza conciencia ambiental. Esto debe acabar.

Si queremos salvar al planeta en su hora más oscura, debemos todos ejercer nuestras obligaciones de cuidar el medioambiente para que en pocos años podamos vivir en una mejor casa, mejor barrio, mejor ciudad, en un mejor país, en un mejor planeta. Pero, el ejemplo comienza en la casa, las empresas y el Estado.

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Publicado el 18 de junio de 2009 en el diario El Panamá América