¿Quién cortará la cinta?

¿Quién cortará la cinta?

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Javier Morón Zanet
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Con el título de este artículo no nos referimos a la cinta de ninguna obra de infraestructura, sino a la cinta que elimine la condición de pobreza y pobreza extrema que afectan en conjunto a casi el 40% de la población del país. ¿Es demagógico o pretencioso decir que esto se puede lograr en corto tiempo? Tomemos en cuenta las cifras del Banco Mundial en el este de Asia, en donde en 25 años la cifra de pobres disminuyó del 80% de la población al 20%. (WB PRW Working Paper 4703, 2008).

En Panamá la pobreza extrema se concentra en las áreas rurales, principalmente en las comarcas indígenas o en las áreas campesinas aisladas como la región de Coclé del norte y Darién. En estas áreas la reducción de la pobreza vía empleo y mayores salarios que provienen del crecimiento económico y que son mecanismos para reducir la pobreza en otras áreas, son poco factibles en el corto plazo, siendo necesarios mecanismos de intervención como ayuda focalizada (con transparencia y rendición de cuentas), aumento en la infraestructura y cambio tecnológico que aumente la productividad.

De acuerdo a datos del Ministerio de Economía y Finanzas (Pobreza y Desigualdad en Panamá, MEF 2006) para el año 2003 con 245 millones anuales en transferencias se podía eliminar la pobreza y con 104 millones se erradicaría la pobreza extrema. Estas cifras si se llevan a balboas de hoy serían mayores, pero en todo caso con cerca de un 3% del PIB anual se podría eliminar la pobreza en Panamá y con menos del 1% la pobreza extrema.

En términos de presupuesto, esto sería de un 2% a 6% de presupuesto del gobierno central. Esto nos convierte en probablemente en la primera generación que puede costear la eliminación de la pobreza (argumento que Jeffrey Sachs ha utilizado en el contexto global en su libro The End of Poverty). Para ello no hace falta violentar las leyes del mercado, ni embarcarse en desacreditadas utopías estatistas, basta reorientar parte del gasto público ya existente.

El gobierno electo ha fijado como una de sus prioridades reducir la pobreza. Dicha tarea no será fácil en una situación de menor crecimiento económico y menores ingresos estatales, aunque priorizando el uso de recursos sería posible lograrlo.

Se imaginan el impacto que 200 millones (70 balboas por cada habitante del país), cifra que cuesta la cinta costera tendría en un área deprimida como la comarca Ngäbe Buglé, en términos de infraestructuras, escuelas, saneamiento.

Mientras en la ciudad, dicha inversión se orienta a reducir problemas causados por el aumento del tráfico, en aquella región se destinaría a resolver problemas de escasez y privación. De allí que el método para seleccionar las inversiones estatales se puede mejorar, para ello existen técnicas como el análisis de costo beneficio social, además del sentido de jerarquización que cada gobierno le imprime a sus políticas.

Volviendo a nuestra primera pregunta, ¿quién cortará la cinta? hoy muchos confiamos que el nuevo gobierno se encamine en esa dirección, aunque para un millón de panameños, lo importante es que se corte.

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Publicado el 15 de junio de 2009 en el Diario La Prensa

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