Delincuencia y decisiones económicas

Delincuencia y decisiones económicas

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Francisco Bustamante

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Aquiles, el héroe de Troya, tuvo dos alternativas en su futuro: una vida larga, placentera pero anodina. O una vida corta, heroica y recordada por la posteridad. Aquiles escogió la segunda opción. Milton Friedman coloca en uno de sus artículos seminales el análisis del comportamiento del consumidor, que evalúa las razones para decidir el consumo presente y futuro. Y la expectativa de mejor retribución futura hace que las escogencias privilegien el consumo futuro frente al consumo presente. ¿A qué viene todo esto, relacionado con la delincuencia en Panamá?

Los jóvenes en los barrios populares se enfrentan a diario a estas disyuntivas, cada vez que ven los resultados del trabajo honesto frente a la vida delictiva. Cuando ven a sus vecinos trabajadores sufriendo problemas de ingresos insuficientes, baja educación, transporte, etcétera. Por otro lado, ven a los mafiosos, narcotraficantes, asaltantes, etc., luciendo ropas, joyas, autos o compañía femenina; la elección no es difícil de entender.

Los jóvenes sin educación, con carencias familiares, enfrentan una vida sin expectativas, bajos salarios por su insuficiente educación, bajo consumo presente sin garantía de mayor ingreso futuro frente a obtener gratificación inmediata de sus necesidades o deseos insatisfechos, estimulados por la propaganda feroz que estimula el consumismo. Fácilmente, los jóvenes se inclinan por la elección de consumo de corto plazo, financiado por actividades delictivas frente a estudio o trabajo remunerado. En ausencia de frenos morales, valores éticos, restricciones familiares, estos jóvenes actúan racionalmente, en su selección de consumo presente por medios criminales, vis a vis, un futuro incierto de trabajador asalariado. Y es que la cotización de la vida individual se desvaloriza, empezando por la auto percepción de su propia vida del delincuente juvenil.

Las implicaciones económicas de estas decisiones para la sociedad son impresionantes. Empecemos por evaluar las hora-personas de trabajo perdidas por los miles de presos ociosos en las cárceles. El valor de la producción que se deja de generar por mantenerlos encerrados. El costo de las edificaciones, del mantenimiento, custodios, alimentación, pie de fuerza policial, lo que le cuesta a las empresas en materia de seguridad privada, etc. Estos costos son recuperables con políticas que disminuyan la delincuencia.

¿Cómo atacar el problema? No hay una solución única. Ni de corto plazo. No voy a detallarlas, porque creo que todo mundo las conoce. Se requiere un mejor sistema judicial, programas de rehabilitación carcelaria, separación de los delincuentes de alta peligrosidad de los primarios, enseñanza escolar de lo que implica delinquir, penas severas, apoyo a las familias disfuncionales o monoparentales, programas de retención de niños en las escuelas, etc. Pero lo más importante, es que tenemos que tomar medidas urgentes para vivir con la confianza de que nuestros seres queridos puedan circular por la ciudad, sin peligro de caer abatidos a tiros a manos de los delincuentes y, para que nosotros mismos podamos dormir tranquilos. ¡Esto no tiene precio!

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Publicado el 14 de junio de 2009 en el diario La Prensa

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