Extorsión: otra modalidad de violencia

Extorsión: otra modalidad de violencia

*
VÍCTOR N. ORTIZ D.- Financista y docente

*
Su amabilidad y particular acento delataban su foránea procedencia. Cada tarde de regreso a casa —el paso obligado frente a su novel y pujante negocio— daba cabida a una amena plática que iba revelando las interioridades de aquella emprendedora familia que en busca de paz y prosperidad dejó atrás su terruño para enfrentar la hostilidad de una burocracia decidida a espantar cualquier intento de inversión seria y honesta en este país; donde casi todo engranaje se mueve en función del chantaje y la coima.
El proceso de adaptación fue raudo. Abandonar el despertar y la complejidad de una moderna urbe con millones de habitantes —no exenta de los malestares sociales que usualmente las caracterizan (delincuencia común, narcotráfico, desplazados y hasta guerrilla)— para optar por la aparente tranquilidad que ofrece una diminuta ciudad; era —simple y aparentemente— permutar una puerta al infierno, por una sucursal del cielo.

Sin embargo, “de eso tan bueno, no dan tanto”. La tranquilidad y prosperidad en que se escurrían aquellos días terminaron a la sombra de un emisario acompañado de exigencias y amenazas que condicionaban la subsistencia del negocio y su familia al pago de una permanente y onerosa cuota. De manera inadvertida estaban siendo víctimas de una práctica extorsiva que revivía aquellos momentos y circunstancias difíciles que alguna vez le hicieron migrar de sus fronteras.

Indudablemente, la evolución y organización del hampa en Panamá ha sido salpicada de la inventiva, participación e innovadoras prácticas que elementos extranjeros le han imprimido, llevándonos al extremo de una vorágine criminal que amenaza con tomarse nuestras calles, la voluntad y el derecho a la sana convivencia de los que en calidad de buenos, somos más.

Esta historia es la voz de muchos que temiendo por su vida y la de su gente rehúyen a las autoridades, no denuncian éstas deplorables acciones y terminan abandonando su labor de contribuir con el progreso de nuestro país. Es la crónica que no se refleja en las estadísticas oficiales que dan cuenta de que en apenas 5 meses transcurridos del presente año, se han denunciado 29 casos de extorsión; en contraste con los 28 que se presentaron en el 2008 y otros 51 reportados en 2007.

Estamos frente a un flagelo en auge que —valiéndose de múltiples modalidades como la intimidación, robo, chantaje, amenazas de muerte, lesiones personales— está apuntando de primera mano a la clase empresarial — comercial y en segunda instancia al ciudadano común que con esfuerzo y sacrificio lucha día a día para obtener el sustento.
Cerremos fila, entonces, a esta vileza que nos convierte en cómplices, cada vez que optamos por ocultarlo y no denunciarlo.

Perder un buen vecino no es simplemente anular la compañía y respaldo de quien te ofrece una mano amiga; es despedir un negociante, es ver naufragar los sueños y obras de aquellos que nos escogieron como destino para compartir su riqueza e infructuosamente no hallaron ese clima de paz, seguridad y estabilidad que les brindase un regazo propicio donde ver florecer sus inversiones.

Publicado el 12 de junio de 2009 en el diario La Estrella de Panamá

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: