Calle Arriba y Calle Abajo

Calle Arriba y Calle Abajo

Saúl Maloul – Abogado
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Cualquier calle, de cualquier pueblo, en cualquier carnaval. Éramos muchos, y éramos pocos. O de la USMA o de la Nacional. Había abogados, algunos cuantos ingenieros, doctores y demás; algunos éramos primos, y mientras los doctores le entraban por su gente de la Nacional, los abogados, lo hacíamos, por la gente de la USMA.

Una sola cosa en común: nadie cambiaba la reunión a guitarra, con unos “snacks” improvisados, un buen vino y unos buenos quesos. Siempre que el Consorcio estuviera presente o que el inocornio azul se dejara ver entre los arbustos del jardín de un buen samaritano o buena samaritana.

No vayan a creer que era en El Chorrillo o en Santa Ana. No, nosotros éramos y algunos seguimos siendo, clase media. Algunos, en Paitilla, otros en Marbella o en Obarrio, y otros más, en Bella Vista. ¿Pero, tú eres el médico o el abogado? La pregunta de siempre…

No nos gustaban las etiquetas, así es que no confundíamos soñar y el derecho de soñar, con el comunismo. Teníamos grandes valores, y creo que todos, sin excepción, hemos sabido transmitirlos a nuestro entorno, a nuestra manera. Cualquiera diría… Sinatra. Casados, solterones, divorciados o unidos, casi nunca nos importó lo que dijera la gente de nosotros. El único credo que nos dividía era nuestro apellido.

¿Cómo es que ahora la apariencia es más importante que la realidad? Mira que dije apariencia, que no percepción, pues éste sí es un concepto legítimo en la política en general. ¿De cuándo para acá nos volvimos “snobs”, conformistas y dispuestos a ponerle un cliché a quien se nos ponga enfrente?

¿De cuándo acá lo importante no es tener valores, sino que todo el mundo crea que los tienes? ¿Cuándo nos enseñaron que teníamos que explicarnos y publicarlo todo, si nos dijeron que tu mano derecha no tenía que saber de las bondades que hacía la izquierda y viceversa? ¿Desde cuándo valemos lo que la gente cree que valemos?

Mi generación, mi gente, los abogados, sicólogos, arquitectos, médicos y hasta ingenieros, es la autora silenciosa de estos maravillosos cambios que solamente nos permite construir la sociedad democrática.

Los huesos viejos, -de todas partes e ideologías-, solamente han querido que regresáramos a modelos antidemocráticos, con fachada de democracia. Nosotros conquistamos las cosas que hacen a éste sistema único, diferente y parte de nuestro futuro, no de nuestro pasado.

No permitamos que la diatriba, el interés particular y los malos propósitos de gente que quiere enseñarnos cosas que nosotros no queremos aprender, nos hagan retroceder frente a estas realizaciones. Nosotros, como apoderados de las mismas, tenemos la obligación de pasarlas, mejoradas a nuestros hijos. Ahora que la tierra está abonada, los árboles, las matas y las plantas están sembradas; démosle tiempo a las flores para que abran sus espléndidos pétalos y nos enseñen su bellísimo e inigualable color.

Publicado el 8 de junio de 2009 en el diario El Panamá América

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