Lo que se nos viene…

Lo que se nos viene…

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Roberto Brenes P.
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A partir de hoy apenas faltan 21 días para las elecciones generales donde escogeremos el Ejecutivo, Legislativo y gobiernos locales para los próximos cinco años. Aunque se puede decir que ningún momento es ni tan bueno ni tan malo para empezar el gobierno, la coyuntura mundial y las últimas acciones del gobierno de turno imponen un reto de proporciones hercúleas a los que asuman el compromiso (y el deber) de administrar el gobierno. Este reto no es exclusivo del que gane la Presidencia.

Para empezar y lo más reciente, en los últimos meses los ciudadanos hemos podido palpar el oportunismo político de servidores públicos, buseros y hasta jubilados que han presionado y extraído beneficios financieros de un gobierno pusilánime y en retirada, que trata con la complacencia económica apuntalar la popularidad de sus candidatos. Estas dádivas se han extendido o mantenido a un carísimo esquema de subsidios que en algunos casos son tres veces más que el costo de los productos subsidiados. En este pequeño país opera una red de subsidios, casi todos al consumo ni siquiera a la producción, por cerca de $700 millones de dólares al año. Difícil encontrar una mejor prueba de la indolencia populista.

Lo malo de todas estas piñatas de última hora es que no son sostenibles. Los que se van le dejan a los que vienen una bomba de tiempo, que o se desmonta o se recurre a más impuestos para financiar los excesos populistas, con lo que caemos en un círculo vicioso. Y lo más bueno de lo malo aquí es que esa realidad financiera y esos grados de libertad recortados que deja este gobierno son igual para el que gane, sea la oposición o el gobierno. Porque como explicamos abajo, los malos tiempos no discriminan.

Las peores noticias no son esas. Estos excesos financieros en el país ocurren mientras el mundo sufre una de las peores crisis de la historia. Empezada como una distorsión en los mercados financieros americanos, amplificada por la interindependencia de los flujos de capital y comercio, hoy vivimos una crisis de la economía real. Los remedios aplicados solo corroboran que la magnitud del problema es mayor y más compleja que lo anticipado. El mundo ya no se escapa de una recesión y si las medidas tienen sino éxito parcial, nos abocamos a una crisis de confianza que solo agravaría aún más hasta el escenario más optimista. En todo caso, como cualquier paciente grave que logra ser salvado, la recuperación es lenta y los remedios aplicados siempre dejan secuelas, en este caso inflación y casi seguro proteccionismo generalizado.

Panamá no está por encima de la crisis. Hemos logrado hasta ahora flotar sobre un sistema financiero bastante sano, un flujo de inversión extranjera y de visitantes movidos por el auto éxodo impuesto por sus regímenes políticos y porque la crisis mundial le ha reducido la factura petrolera a este país casi mil millones de dólares. Pero se avecinan tiempos malos en la construcción, en los sectores de exportación y ya se palpan serias restricciones al crédito y a la inversión.

Estas son las realidades con las que viviremos. Estas mismas realidades son las que deben obligarnos a pensar quiénes están mejor preparados para tomarse en serio los problemas y actuar en una forma responsable, efectiva y creativa. Lo mejor de esto es que los problemas son tan complicados que no se trata solo de escoger el que mejor pueda gerenciar el Ejecutivo. Aquellos que escojamos a la Asamblea Nacional, que además de sus responsabilidades legislativas deben escoger al Contralor General de la República y ratificar cargos de crítica importancia, deben ser personas que alcancen a ver por encima de los sacos de arroz que reparte en su circuito. Deben entender que es igualmente importante derogar leyes que producir nuevas.

Aunque parezca jalado de los pelos, la elección de representantes y alcaldes es igualmente crítica. En buena medida, la capacidad de gestión del país con todo lo centralizado que está depende de la gestión de los gobiernos locales. Escoger al rey no es suficiente, particularmente cuando ya se impone la necesidad de descentralizar el Gobierno, no solo por razones administrativas, sino por efectividad política.

Así las cosas, resulta que lo que se nos viene no depende de los políticos. Depende de nosotros los ciudadanos que votamos por esos políticos. Es imposible escoger un gobierno perfecto, pero es posible elegir a los cargos gente idónea. Este es un país pequeño donde todo se sabe de todos. Información no nos falta sobre los antecedentes de los candidatos. Debemos analizar a conciencia y votar lo mejor que podamos. Buenos líderes sí cambian las cosas. Si no lo creen, miren solo al vecino del sur.

El miércoles 15 de abril la Fundación Libertad tiene el honor de invitar a la ciudadanía a la conferencia “Cómo analizar las propuestas electorales”, dictada por el escritor Carlos Alberto Montaner. Hace cinco años y también en las vísperas de las elecciones anteriores, Carlos Alberto vino a Panamá y dictó una charla similar con un éxito enorme. De su charla salieron y se publicaron criterios para analizar propuestas y candidatos, lo cual fue una útil guía al ciudadano.

Este 15 de abril a las 6:00 p.m. en la Biblioteca Nacional repetiremos ese ejercicio colectivo, interesante y ameno. Para mayor información llamar al 399-1466.

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Publicado el 13 de abril de 2009 en el diario La Prensa

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