Entre pobres y millones

Entre pobres y millones

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Víctor N. Ortiz D. Financista, Educador, Escritor…
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La panorámica y exclusiva vista de una imponente mole de concreto erguida bajo el consuetudinario cielo azul que envuelve nuestra capital de ensueños, no solo deja al descubierto el afán y la prisa de quienes tenemos en las manos el privilegio de haber hallado un sitio donde permutar trabajo por sustento; sino también la dantesca realidad en que se escurren a través de los andenes de esta prominente ciudad; la inocencia y la fragilidad de una infancia contrariada por los excluyentes vientos progresistas que no acarician la miseria y la desdicha que los sume y mantiene al margen de una vida digna y decorosa.

Una melena con dorados rizos infartados por el implacable calor del trópico, repentinamente se postraron a un costado del lujoso automóvil que solo se muestra reverente ante el tricolor intercambio de luces que conduce el cíclico avance del tráfico. Su diminuta estatura apenas le permite alcanzar una insegura pero estratégica posición sobre el vehículo, mientras sus frágiles brazos se turnan para dar aguante a un rosario de mercaderías que forman parte del memorable bazar de menudencias para el común de los transeúntes; sin embargo, para quien las exhibe, simbolizan una diadema de exquisiteces capaz de cautivar el más exigente de los gustos.

Su piel áspera y curtida atestigua la rudeza y la apatía con que los ha tratado la vida, a ellos aún no los alcanza el regazo de las redes de oportunidades, ni tampoco los salpica la dicha de contar con un subsidio que al menos en tiempo electoral les alivie la flacidez de sus estómagos; más bien, su seguridad alimentaria pende de un hilo sostenido por la esperanza de cerrar una venta o en el mejor de los casos, de la nobleza y la buena fe de un cliente ocasional.

En los ojos de estos emprendedores mercaderes se refleja el colorido repartido en los retazos de una onerosa inversión política publicitaria que crece en sus narices, sin revelarles la senda que marque el despertar a su eterna e insufrible pesadilla. Su candidez todavía les esconde la diferencia entre una campaña sucia o millonaria en la cual ellos siquiera figuran dentro de la agitada agenda o el trasnochado discurso de quienes ahora adornan con sus promesas las mohosas estructuras del resquebrajado puente, que al ocaso de otro largo día servirá de abrigo a las esperanzas de estos parias ávidos de estímulos, que luchan afanosamente por mantenerse a flote en este océano demezquindad e indiferencia electoral.

Ahora el turno nos asiste a quienes por gracia y voluntad divina se nos ha concedido el don de discernir e influir con nuestras decisiones sobre el panorama político social que se avecina, recordándoles a los candidatos que ponerse en los zapatos del pueblo es escuchar, actuar de corazón con una mano dura y decida a desviar recursos millonarios de sus costosas y estériles campañas en pro de las necesidades que día a día nos asedian y mantienen en vilo.

Hoy el país les exige a cambio de un voto de conciencia, una actitud altruista que desde este inicio de su peregrinación hacia la meca del poder, dé muestras de confianza y honestidad a quienes estamos cansados de bregar entre pobres y millones.

Publicado  el 15 de agosto de 2008 en el diario La Prensa

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