Falta una política de Estado contra el narcotráfico

Falta una política de Estado contra el narcotráfico
Joaquín Alberto Arias E.

Si analizamos con inteligencia el desarrollo de la inseguridad ciudadana en nuestro muy querido país, vemos un hecho perfectamente claro que brilla como el sol, pero que no queremos ver, y es que tras la invasión a Panamá por los norteamericanos se fue un “narcodictador”, pero fuimos invadidos por los “narcoguerrilleros”.

Ya han pasado cuatro gobiernos en nuestra incipiente democracia, en donde cada vez hay más inseguridad ciudadana y, sinceramente, no me explico cómo a estos dizque presidentes que nos han gobernado no se les ha ocurrido implementar una política de Estado para enfrentar la guerra contra las drogas en nuestro país. Quiero saber si lo que esperan es romper un récord en crímenes, asaltos, ajusticiados, tumbes de drogas, secuestros, etc. Sabemos muy bien que los traficantes implementan el crimen organizado, los consumidores, las pandillas, y la inseguridad más atroz y destructiva que hemos vivido en nuestra historia.

Por un lado nosotros no producimos coca ni traficantes, o sea, que este desastre lo hemos importado. Al costo de derramar la sangre de nuestros jóvenes, esto no puede seguir. Pregunto: ¿qué esperamos para implementar una política migratoria de acuerdo con esta situación? ¿O es que también esperamos romper un récord con la importación de traficantes?

Estos efectos nefastos se pueden ver en todas nuestras barriadas populares, pues nuestra plataforma de consumo de estupefacientes ha crecido enormemente en los últimos años. Además, hay otro hecho concreto y es que los gobiernos pasan y los desastres quedan. La implementación de estas políticas de Estado es necesaria para sobrevivir; no se la podemos dejar en manos de la ciudadanía, pues solo somos las víctimas de la ineptitud gubernamental que no quiere ver esta realidad por sus mezquinos intereses de conseguir dinero sangriento.

Desde que empezaron a entrar a nuestro territorio las drogas sin control alguno –pues el controlador se fue a la cárcel y la tecnología americana voló al norte– empezaron a producirse los horrendos crímenes que hemos visto en el pasado reciente. Estamos en un combate desigual, pues los traficantes colombianos y mexicanos se unen y se preparan tecnológicamente para “coronar” y lo están haciendo fácilmente; a la vez que nuestro país es violado a diario pues se ha convertido en la tierra complaciente para servir de caleta, bodegaje, trasbordo, lavado del dinero, creador de rutas alternas y su protección.

Los panameños somos un pueblo inteligente, pero tenemos un gran defecto y es la complacencia.

Publicado el 28 de mayo de 2009 en el diario La Prensa

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Una caminata por la paz

Una caminata por la paz…
Marcelino González T.

Hace unos días presencie a más de 600 jóvenes, de la 24 de Diciembre, en una gran caminata por la paz. Me emocioné al ver que no todo está perdido, que vale la pena servir y dedicar tiempo a quienes son rechazados, maltratados y avasallados por la sociedad misma.

Mientras caminábamos meditaba: ¿Por qué no hay ningún medio de comunicación cubriendo el grito esperanzador de estos jóvenes? ¿Por qué nada mueve a que esto sea comunicado? ¿Qué es lo que realmente interesa a los medios? Me duele que los medios, en su gran mayoría, se muevan por lo que vende, lo bochornoso, la mediocridad, la delincuencia. En fin, son más las inspiraciones motivadas por lo negativo. Aun así me fascinaba escuchar cómo los jóvenes unían sus voces para gritar “queremos paz”.

El periodismo se define como una forma de comunicación de masas, cuyo objetivo es difundir hechos, comentarios u opiniones, acerca de acontecimientos socialmente relevantes. Por eso, recuerdo estas palabras del señor arzobispo, con ocasión de la Cita Eucarística de 2007: “A los medios de comunicación social les reitero que ustedes tienen un papel insustituible y efectivo, para lograr muchas soluciones a los problemas que nos aquejan; recuerden que su influencia es determinante; ya sea para agravar o para superar esta situación. Necesitamos programas para niños y jóvenes que sean formativos, educadores en valores.

Los niños y los jóvenes casi siempre encuentran programas de sangre y de violencia. Esto es grave. Cómo no queremos, entonces, que esto surja, si es lo que están viendo en la casa. Amados periodistas, amados medios, al cumplir con su derecho de informar al público, háganlo bien; pero, por favor, no se limiten únicamente a presentar hechos violentos, tristes y negativos, como si no hubiera más nada en Panamá que lo malo. Presenten lo bueno, que hay mucho más cosas bellas y buenas que tenemos, y eso no es noticia. La sangre, la morbosidad, la violencia, es lo único que presentan; ¡no es posible!; así no se educa a un pueblo. Recuerden ustedes, queridos medios y periodistas; ustedes tienen todo el talento, tienen la capacidad y la técnica para contribuir en la búsqueda de la vivencia de los valores éticos y morales; tienen mucho que hacer en nuestro pueblo; sin esos valores el desarrollo económico es un espejismo, es una fantasía. No es lo mismo mucho dinero y dolor, sufrimiento y subdesarrollo”.

Ahora bien, un medio es capaz de llagar a la inteligencia de las personas, de transformar sus criterios y su información, de lo verdadero o de lo falso, no como causa única, pero sí influyen.

Publicado el 28 de mayo de 2009 en el diario La Prensa

El nuevo escenario político

El nuevo escenario político
Carlos David Abadía Abad

Después del triunfo de Ricardo Martinelli, el escenario de nuestro país sufre y sufrirá algunas transformaciones políticas y sociales. Hoy hay seis partidos, dos sucumbieron Vanguardia Moral de la Patria y el Partido Liberal.

No creo que se formen nuevos partidos, primero por la cantidad de personas que deben inscribir y el alto costo que esto significa. En tanto, el pronunciamiento de la Corte Suprema de permitir la postulación libre entre los requisitos exigirá, como es lógico y justo, contar con cierta cantidad de firmas.

El futuro de los partidos sobrevivientes dependerá de sus actuaciones, ya sea en la oposición o gobierno. En el PRD se vislumbra una reingeniería que generará el resentimiento de los que queden por fuera. Las heridas son profundas y persistirán las secuelas. A esto se le debe agregar la perdida de tres de las principales alcaldías: Panamá capital, Colón y La Chorrera.

El PRD ha entrado en una fase de transición biológica normal en toda organización. Han muerto varios de sus líderes Tití Alvarado, Gerardo González y Rigoberto Paredes, además, se observa poca participación –por su edad o salud– de otros. También ha sufrido la pérdida de figuras que tenían futuro político, el caso del diputado Altamirano Mantovani.

Otro aspecto a considerar es la derrota de algunos “símbolos” del partido, como Susana de Torrijos, Pedro Miguel González y Jerry Wilson. Indudablemente, que el PRD tiene herramientas para recuperarse, pero dependerá de su actuación como oposición el saneamiento de las heridas internas, y de un tercer factor, que no depende de ellos: la actuación del nuevo gobierno.

El Partido Panameñista, la otra fuerza política tradicional, tomó la mejor decisión al declinar a su aspiración presidencial. Primero, mandó un mensaje de humildad y, segundo, de no hacerlo habrían sufrido un descalabro electoral. La actitud que adoptaron sus líderes ayudó a mejorar la imagen negativa, y fueron premiados por una buena cantidad de votos en el tiquete presidencial y en el número de diputados. Su futuro dependerá de ellos, exclusivamente. Si saben manejar el éxito electoral con humildad y hacen un buen gobierno, saldrán fortalecidos.

Cambio Democrático, Unión Patriótica y Molirena están en el momento preciso de fortalecerse. Se comenta una posible fusión entre ellos, lo que sería una decisión sabia, si saben manejar esa fusión e invierten en la preparación política de sus cuadros y organización. Hoy, que son gobierno, tienen las condiciones de designar a figuras del partido que no tengan responsabilidad gubernamental para realizar las tareas antes señaladas.

El Partido Popular es el que está en la peor situación. Al tomar la decisión, hace nueve años, de hacer alianza con el PRD basada en el odio visceral que le tienen algunos dirigentes a los panameñistas, cometieron un error que han pagado con creces. Perdieron credibilidad, liderazgo e identidad. La muestra más clara es el 2% que obtuvieron en la votación presidencial, y el haber subsistido con el voto de representante de corregimiento.

La mejor que pueden hacer es mantener una oposición independiente. El PRD ni los quiere ni los necesita y en los partidos del nuevo gobierno no serían bien vistos. El PP tiene figuras históricas que apoyaron a Endara en 2004, y a Martinelli en estas elecciones, que serán las que más pueden hacer por un partido que defraudó a los civilistas.

Estos cinco años serán vitales para fortalecer nuestra democracia y ese fortalecimiento se inicia en la Asamblea Nacional, órgano del Estado que sustenta el sistema. Los diputados de gobierno tienen la obligación de hacer los cambios que la sociedad exige, además deben ejecutar su función de vigilancia del Ejecutivo, que no es un ataque, sino velar por el cumplimiento de sus funciones.

El Ejecutivo debe darle al Órgano Judicial las herramientas necesarias para que éste haga una buena labor. Por otra parte, la principal función del Ejecutivo será disminuir la inequidad en nuestra sociedad. Panamá es un país rico lleno de pobres, por no tener políticas justas para la distribución de esa gran riqueza que tenemos. El combate a la corrupción, una promesa del presidente Martinelli, debe empezar desde el primer día, investigando a todos los funcionarios de alto mando que no puedan justificar sus riquezas.

Estamos cumpliendo 20 años de democracia, llegó el momento de fortalecerla. La democracia no solo es elecciones limpias, la democracia es equidad, es justicia, es transparencia. Martinelli recibió un mandato claro y ya conoce los problemas y las soluciones, solo queda que actúe por Panamá.

Publicado el 28 de mayo de 2009 en el diario La Prensa

A perpetuidad en la planilla estatal

A perpetuidad en la planilla estatal
Leandro Ferreira Béliz

El actual proceso de transición entre el gobierno saliente y el entrante ha permitido que salgan a la luz algunas “peculiaridades” de la administración pública que han causado asombro y rechazo. Entre éstas sobresalen las relacionadas con la forma en que se ha manejado lo concerniente a la Carrera Administrativa.

Si bien hay consenso en cuanto a la importancia de disponer de una ley que regule la relación laboral entre el Estado y quienes ejercen funciones dentro de este engranaje, protegiendo a los buenos servidores de aquellas prácticas nocivas como el clientelismo político, pienso que han habido desviaciones, y ese norte ha pasado a segundo plano, porque hasta ahora los gobiernos de turno han demostrado que es más importante recompensar a copartidarios y amigos dejándolos bien acomodados.

La idea era otorgar estabilidad a quienes en realidad la merecían, con base en méritos, cumplimiento de requisitos de educación de cada puesto y, sobre todo, buen desempeño. Pero, es precisamente en este último punto donde se han producido las mayores distorsiones. La evaluación del desempeño laboral en las instituciones públicas, lejos de ser aquel instrumento científico de medición objetiva, se ha convertido en un paso más dentro de un conjunto de trámites implementados para otorgar o mantener el estatus de carrera administrativa.

Los ciudadanos conocen y sufren las consecuencias de la mala calidad del servicio en la mayoría de las entidades del sector público, sin embargo, si se efectúa una revisión de las evaluaciones de desempeño del personal de esas instituciones (si es que la tienen), sorprenderá el elevado número de altas calificaciones. En algunas casos, la cantidad de excelentes podría llegar a despertar la envidia de la fuerza laboral de la Agencia Espacial de Estados Unidos (NASA), famosa por sus altos estándares de reclutamiento y selección.

Urge revisar los actuales métodos implantados para medir la forma en la que se realiza el trabajo. Debe darse mayor importancia a aspectos tales como: productividad, calidad del trabajo realizado y logro de objetivos previamente fijados. Atrás han quedado los días en que se consideraba casi una desgracia trabajar en una institución pública, porque aquello era sinónimo de bajo salario, inestabilidad, jubilación paupérrima, etc. Ahora, estamos palpando los efectos de ubicarse al otro extremo, el de los salarios altamente competitivos y en constante ascenso, permanencia garantizada en el puesto ofreciendo casi nada a cambio, y “la tapa del coco”, al llegar a las edades exigidas para recibir la pensión de retiro por vejez, quedarse en el puesto indefinidamente (hasta que la muerte lo separe) recibiendo ambos ingresos, la pensión y el sueldo. ¿cómo la ve, amigo lector? Como dicen por allí, pura vida.

Con relación a esto de “jubilarse” y quedarse laborando, me preocupa el futuro de decenas de miles de jóvenes que no tendrán la oportunidad de ingresar a las filas de profesionales al servicio del Estado, de continuar este absurdo. Es contraproducente otorgar a perpetuidad los puestos, esgrimiendo la excusa de que con ello respetamos aquél precepto constitucional que señala que todos los ciudadanos tenemos derecho al trabajo. El irse para la casa con su respectiva pensión y cuando toca, en nada contradice o violenta el derecho. Lo que ha habido es una hábil y mala interpretación de disposiciones relativas al tema.

A nuestro Presidente electo le espera un conjunto de difíciles situaciones que deben ser atendidas y corregidas, pero él ha dado muestras de tener lo más necesario para hacerlo, firmeza de carácter. Entonces, ánimo y agarremos al toro por los cuernos sin más dilación.

Publicado el 28 de mayo de 2009 en el diario La Prensa

Para ahorrar energía con eficiencia

Para ahorrar energía con eficiencia
Edilberto Hall

Nuestra dependencia de hidrocarburos, las épocas de sequías, el crecimiento acelerado de edificaciones y la marginalidad existente entre la potencia eléctrica firme instalada en nuestro plantel de generación (unos mil 300 megavatio (MW) y la máxima demandada (unos mil 200 MW), nos plantean no solo un reto sino también, una urgencia en el tema del uso racional y ahorro de la energía eléctrica.

Poco o casi nada se ha hecho en serio en esta dirección hasta el momento, y nos refugiamos en respuestas ambiguas, tales como “la crisis mundial del petróleo”, “la sequía”, y “todos somos culpables”, responsables de la actual crisis energética.

El primer Plan Energético Nacional, recientemente presentado por la Secretaría Nacional de Energía, contiene entre sus políticas específicas el programa de uso racional y eficiente de la energía, obligatorio para el sector público y la elaboración de leyes y normas. El Ministerio de Comercio e Industrias ha iniciado la normalización de los productos de iluminación y electromecánicos importados. Pero aún no hay un centro de eficiencia energética en donde se realicen los ensayos y experimentos de laboratorio para estos fines.

¿Qué se puede hacer? reemplazar las luminarias fluorescentes del tipo T12 y migrar a las más eficientes; relegar la buena fe del funcionario por los sistemas automatizados y utilizar más luz natural; utilizar sistemas de refrigeración y aires acondicionados más eficientes (tipo inverter, volumen variable); resolver las penalizaciones por bajo factor de potencia; contratación de tarifas más convenientes; y el control de la demanda eléctrica evitando penalizaciones, entre otros.

En el caso gubernamental, el apoyar estas medidas redundaría en disminución mensual en el orden de 10 mil 800 kilovatios y unos mil 700 kVAR (potencia reactiva que se necesita para compensación por bajo factor de potencia), según cálculos muy conservadores, los cuales estiman que en penalización por bajo factor de potencia unos 350 medidores del Estado pagan 71 mil dólares mensuales; y tan solo cambiando a iluminación más eficiente ahorraríamos unos 240 mil dólares mensuales adicionales; sin hablar de usar controles automáticos, lo que daría un ahorro mínimo de 50% en iluminación y la disminución térmica asociada. Todo local comercial, industrial y público debe pasar un diagnóstico energético de nivel básico, digamos cada cinco años.

Para que el ahorro energético funcione, “el ahorro energético debe hacer sentido con los beneficios”; esto es, cuánto representa para mí en términos económicos y/o beneficios; para la organización para nuevas inversiones; para el país para incrementar la disponibilidad de la capacidad eléctrica o barriles de petróleo no importados; y para el planeta tierra en términos de toneladas de CO2 que no van a la atmósfera.

El Estado panameño debe ser el campeón en el uso racional y eficiente de la energía; debe valorar y decidir cuáles de nuestros recursos naturales estratégicos serán utilizados para la generación masiva de energía eléctrica y no delegar a los promotores esta decisión, permitiendo la confrontación entre el inversionista y nuestras comunidades; debe invertir en la creación de un centro de eficiencia energética regional, tal como el que promueve la Universidad Tecnológica de Panamá, que coadyuve con el sector energético, la empresa privada, la industria, el sector público y el residencial.

Este centro, por ejemplo, desarrollaría la normativa de eficiencia energética de edificios; en temas de energías renovables (eólica, solar, biomasa, biocombustibles, hídricos, etc.); el uso y aplicación de la energía eléctrica, y las telecomunicaciones; e incorporaría los laboratorios de eficiencia energética para certificar la eficiencia energética de la iluminación, sistemas de refrigeración y de aires acondicionados, y motores eléctricos, responsables del mayor consumo de energía eléctrica en el país.

Esta es la forma correcta de resolver el problema del ahorro energético.

Publicado el 28 de mayo de 2009 en el diario La Prensa.

En EEUU se debate la tortura

En EEUU se debate la tortura

05-28-2009 | MARCO A. GANDÁSEGUI – Profesor univerisitario  e investigador asociado del CELA, escritor

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En Panamá y en América Latina hay una historia larga de abusos por parte de quienes detentan el poder y explotan el entorno natural y social. Los debates han sido álgidos entre quienes luchan por descubrir los atropellos y aquellos que hacen todo lo posible por encubrirlos. En estos momentos, en Panamá, se denuncian los casos de las muertes de obreros de la construcción y de pescadores. Igualmente, las actividades mineras, energéticas, turísticas y de comunicación están acabando con comunidades enteras en toda la geografía del país.
En muchos casos de gobiernos militares —Panamá, Chile, Guatemala, Brasil y los demás— los responsables de los abusos han sido llamados a capítulo. En la actualidad, el debate sobre los abusos, y concretamente las torturas, se está desarrollando en los pasillos del poder en EEUU, así como en sus medios.
El presidente Barack Obama, desde la Casa Blanca, ha lanzado una ofensiva contra las prácticas de las distintas instancias norteamericanas que utilizan la tortura como forma de humillar y deshumanizar a los individuos que son identificados como amenazas a la seguridad nacional de EEUU. Obama plantea que la “técnica” asociada con la tortura produce muy pocos resultados y, más bien, ha desprestigiado a EEUU en la comunidad internacional.
Según el escritor mexicano Carlos Fuentes, el ex vicepresidente de EEUU, Dick Cheney, se ha levantado como moderno Torquemada para defender la nueva fe reciclada del “American Century” en el Congreso norteamericano. En defensa de las torturas aplicadas a quienes EEUU llama “combatientes ilegales”, Cheney admitió ante los senadores que los torturados eran vestidos con “chalecos explosivos, sus heridas escarbadas con un pie, sus dolores aumentados por pentotal sódico (y recibían) la amenaza de cortarles los ojos”. Cuando el senador John McCain le hizo una pregunta, Cheney le dijo: “Cierra la boca. Todos estamos aburridos de tus apologías contra la tortura. ¿Por qué no te unes al marica Specter (también senador) y te vas del otro lado?”. Cheney calificó a Obama como “la delicada orquídea de Harvard” y lo acusó de “arrimarse a dictadores grasosos, dándoles besos a esos comadrejas europeos a los que nuestros militares liberaron”. Cheney declaró en la audiencia que entre los métodos de tortura autorizados por la Casa Blanca de George Bush estaban retirarle medicinas a los detenidos, simular que se les ahogaba, el uso de serruchos para intimidar e informes falsos sobre la muerte de un hijo del detenido. Según The New York Times , la Casa Blanca aprobó el uso secreto de la tortura, e incluso la “desaparición” de los torturados. Condoleezza Rice recomendó el reconocimiento público de que EEUU tenía prisioneros “indefinidos”. Alberto Gonzales, el entonces procurador general, propuso la teoría de la “inmaculada concepción” que consistía en llevar los prisioneros a Guantánamo.
John Yoo, co-autor de los “memorandos sobre la tortura”, sentó doctrina diciendo que “la víctima debe experimentar dolor o sufrimiento intenso, del tipo equivalente al dolor asociado a una herida física de gravedad, tan grave que provocaría la muerte, la falla de un órgano, o un daño permanente…”. El juez español, Baltasar Garzón, está procediendo con una investigación contra los llamados “Seis de Bush”, que incluye a Yoo y al ex procurador, Alberto Gonzales.

Publicado el 28 de mayo de 2009 en el diario la Estrella de Panamá

La literatura está de luto

La literatura está de luto

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Por:   EDUARDO L. LAMPHREY R.- Economista,  Escritor..

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Mario Benedetti, una de las figuras más relevantes de las letras de Uruguay y de la literatura iberoamericana, falleció a los 88 años en Montevideo.
Poeta, novelista, dramaturgo, ensayista y periodista es un referente de la cultura y de la literatura en América Latina. Mucho aprendió de sus experiencias en el extranjero, pero más con la marcha forzada. “Una cosa es el exilio y otra cosa es el éxodo. En el exilio ponen a uno de patitas en la frontera y el expulsado se va con su nostalgia a cuestas en busca de otra tierra”, escribió Benedetti.
Argentina, Perú, Cuba y España fueron sus primeros destinos tras abandonar Uruguay después del golpe de Estado, en 1973. Huir se convirtió en una tragedia que nunca abandonó su obra.
“La tregua”, es un libro para leer al ritmo que se quiera, el protagonista es el propio Benedetti que, a través de una mirada crítica, observa la realidad uruguaya de principios de los años sesenta. Procura descifrar la situación de la colectividad, concretamente de la languideciente clase media.
Mario Benedetti deja tras de sí más de ochenta obras, marcadas por el amor, la solidaridad y, a medida que pasaba el tiempo, por la muerte. Su último libro “Testigo de uno mismo” se lanzó en agosto pasado con el poeta ya ausente por su vulnerable estado.
Siempre afirmó: “No escribo para el lector que vendrá, sino para el que está aquí, poco menos que leyendo el texto sobre mi hombro”. Y aunque él mismo reconoció en diversas ocasiones su inquietud por el fin de su vida, le preocupó aún más la muerte de la Humanidad. Quizá fue esa manía suya de mantenerse fiel a sus ideas políticas y tratar temas sociales lo que le generó el aplauso del pueblo y le privó de los mayores reconocimientos literarios.
Si Mario Benedetti no dejó instrucciones en contrario, el martes 19 de mayo, sus restos fueron depositados en el Panteón Nacional de Montevideo, Uruguay, en su amada patria.

Publicado el 28 de mayo de 2009 en el diario La Estrella de Panamá