El arte de presentarse bien

La opinión del Pedagogo, Escritor y Diplomático…..

.

Paulino Romero C.

.

El arte de presentarse bien

.

Una nación con sentido de progreso y con anhelos de superación, aspira a que los seres que la integren se esmeren por afirmar su cultura y no se aparten de las leyes de la corrección. A más sólida cultura corresponde una mejor sensibilidad, una más lucida actuación y una más segura simpatía por parte de quien nos trate y nos califique. Es imprescindible, pues, empeñarse por mejorar la capacidad, refinar los modales y ajustar las actitudes y las resoluciones a los principios de la buena conducta, los correctos modales y el afán de servir a los demás.

Pero si es importante mejorarnos por dentro, no es menos importante cuidarnos en lo exterior, evitando la dejadez y el desaliño. Debemos presentarnos correctamente vestidos en el trato con nuestros semejantes, cuidando las normas del aseo y la prolijidad. Triste impresión es la que causa un individuo desgreñado y mal entrazado.

El descuido en el vestir, la adopción de posturas incorrectas y el tono disonante en la expresión, son signos desfavorables cuando nos toca formar concepto de un semejante. El pretexto de la comodidad y la excusa de la falta de tiempo, son argumentos de poca o ninguna validez para justificar esas violaciones del comportamiento que nacen del respeto consigo y que ponen en juego la propia consideración personal. Triste posición la que eligen quienes creen que la dejadez de la vestimenta es testimonio de originalidad. Las extravagancias y las violaciones a las normas del orden establecido no pueden sino provocar desencanto y desagrado en quienes saben que la vida de relación está ajustada a reglas de seriedad de corrección y de respeto mutuo.

No estamos preconizando ni mucho menos que el mundo se llene de atildados petimetres, ni creemos necesario que al aspecto personal, al cuidado de un peinado o una vestimenta se destine más tiempo que el normalmente necesario. Pero sí insistimos en que es indispensable, por consideración a la propia persona y a los semejantes, vestir correctamente y no ofender con evidentes indicios de haber faltado a lo esencial de la higiene. El descuido en el vestir muchas veces no es un detalle aislado de la personalidad, sino la resultante de un descuido general y, lo que es peor, un índice claro que quien así se comporta no asume totalmente su papel en la sociedad y no está por lo tanto en condiciones de representarla dignamente.

Ningún ser humano puede aspirar al respeto de sus semejantes si no comienza por respetar a esa sociedad a través de las normas y reglas que ella impone. Y evidentemente, demostrar falta de respeto por la sociedad es actuar en ella con desaliño y falta de pulcritud. ¡Cultura y corrección es tributo de homenaje permanente a la Patria!

<>
Publicado el 9 de noviembre de 2009 en el diario El Panamá América, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Escribe un comentario

Tienes que iniciar sesión para escribir un comentario.