Que viva , viva Panamá

Que viva , viva Panamá

La opinión de…

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Gladys de Bernett
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Algún día diremos que somos más panameñas y más panameños sanos, alegres y exitosos los que habitamos este suelo patrio. Pronto, si todos como ciudadanos creamos la conciencia metalingüística para que la energía que rodea al istmo se vaya reciclando y vaya envolviendo todo el ecosistema, ya que la capacidad de reflexionar sobre la naturaleza del lenguaje, su pensamiento y su uso se irá desarrollando a lo largo de nuestras vidas de forma positiva cantaremos: que viva, viva Panamá.

Reflexionemos sobre la naturaleza del lenguaje y del pensamiento de los comunicadores y las comunicadoras sociales en la televisión. Muchos son los locutores y las locutoras que les estrangulan los nervios a la teleaudiencia con un ritmo y un timbre de voz acelerado. A esa rapidez de hablar se le llama taquilalia.  Agregando el “mas sin embargo” que es patrón repetitivo de un vocablo que ha sido extraído de las mangas. Sin embargo, no tiene ni más , ni menos, ni multiplicación, ni división. Los científicos demostraron que la escucha de palabras sueltas provoca la activación del córtex auditivo en ambos hemisferios y que el hecho de hablar en voz alta y acelerada añade la participación de tres áreas: las áreas sensoriales del rostro en ambos lados, las áreas motoras suplementarias y el área de broca en los dos hemisferios.

El lenguaje hablado excita las áreas motoras del cerebro con las “malas noticias”.  En Panamá gritamos al hablar y hablamos rápido. Por eso constantemente el lenguaje taquilálico irrumpe a través del micrófono con exageraciones que al hablar causan gran malestar a nuestro sistema auditivo y al planeta Tierra en sí ya que el flujo sanguíneo cerebral se halla controlado directamente por la actividad metabólica del tejido nervioso. De una forma u otra la comunicación oral puede verse como una cadena de eventos que vinculan el cerebro del hablante con el cerebro del oyente ya que las instrucciones adecuadas se envían, en forma de impulsos, a lo largo de los nervios motores, a los músculos de los órganos vocales.

Mejor cantemos, qué viva, viva Panamá y Panamá resucitará. Por todo lo expuesto, hablemos sin alarmar, con ritmo lento y pausado. No gritemos al anunciar una noticia, buena o mala, aunque sea espectacular. Noticia fuera de serie sería bombardear con nuestro tamborito, que arrasara con todo lo maligno que se encuentra en la atmósfera istmeña.

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Publicado el 13 de agosto de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que le corresponde.

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